sábado, 30 de septiembre de 2017

Manual para rabietas

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Antes de nada, disculpad el título. Es corto y llama la atención, pero es irrespetuoso de narices. Quería un título que invitara a leer el post a quien no está familiarizado con la crianza respetuosa, y este es el que se me ha ocurrido.

En este post anterior compartí con vosotros un artículo de la psicóloga Natalia Linguori que explicaba estupendamente QUÉ SON las rabietas y cómo manejarlas. En él también explicaba por qué es mucho más respetuoso evitar llamarlas así y utilizar en su lugar el término "Desbordes emocionales" porque nos invitaba a imaginar una ola de sentimientos que inunda el cerebro de nuestros peques. En ese post también compartía con vosotros un ejemplo de como manejamos en casa los desbordes de nuestro peque. Aún así, he observado que mucha gente busca explicaciones más claras. Paso a paso. Que sean fáciles de entender y seguir. Así que se me ha ocurrido escribir este post con lo más parecido a una guía paso a paso para gestionar los desbordes emocionales de nuestros hijos. (Este sería el título bueno, pero tiene menos gancho, ¿verdad?)

Antes de empezar, quiero mencionar un paso extra y fundamental:

PREVENCIÓN

Los desbordes son totalmente normales y esperables, pero en algunos casos también se pueden prevenir. ¿Cómo? Explicando previamente a donde vamos, qué vamos a hacer, qué esperamos de su comportamiento, qué pueden esperar de nosotros. Por ejemplo:

"Vamos a ir a comer a casa de la abuela. La casa de la abuela tiene muchas cosas bonitas que se pueden romper. No puedo dejar que juegues con esas cosas. Podrás observarlas mientras yo las sujeto si quieres, pero no las podrás tocar. Si intentas tocar algo, te ayudaré a parar sentándote en mi regazo. Ahora, vamos a elegir algunos juguetes que puedas llevarte para jugar allí."

Si tiene edad suficiente, y la situación ya se ha hablado antes, podemos utilizar preguntas justo antes de entrar. "¿Recuerdas lo que hemos hablado de la casa de la abuela? ¿Puedes tocar las cosas bonitas que tiene? ¿Qué hemos traído para que puedas jugar? ¿Y qué pasará si intentas tocar alguna de las cosas de la abuela?"

Esto es solo un ejemplo. Sería ideal que la abuela entendiera que sus "cosas bonitas" son una tentación demasiado grande para el peque y que las guardara a buen recaudo. Pero esto no siempre sucede, así que en nuestra mano estaría el tener una conversación similar. Este tipo de conversaciones pueden ayudar a nuestros hijos a sentirse más en control de la situación, y esto a su vez puede ahorrarles algún que otro desborde emocional.

También forma parte de la prevención el ser consciente de factores que están íntimamente relacionados con los desbordes, como son el hambre, el sueño, el cansancio o la sobreestimulación. Elegir el momento de hacer las cosas siempre que sea posible teniendo estos factores en cuenta nos ahorrará algún que otro disgusto.

Y ahora sí. Imaginamos que a pesar de nuestros mejores intentos de prevención, el desborde emocional se produce. ¿Qué hacemos?

1. Recuerda: Es su desborde emocional, no el tuyo. 

Lo primero es tener esto claro, clarísimo. Lo más importante es recordar que son sus emociones las
que están desbordadas, y evitar que las nuestras se unan al caos. Recordad la frase de L.R.Knost: "Comparte tu calma, no te unas a su caos." Tus neuronas espejo van a invitar a tu cerebro, muy poderosamente, a que se una a la rabieta. Pero tú eres adulto y tienes herramientas y lo vas a evitar.

Si estamos en una situación pública y sentimos que estar rodeados de personas nos empujan a nosotros a perder el control, tomamos al niño en brazos, aunque sea a la fuerza y pataleando, y buscamos un sitio tranquilo. Sería ideal ser capaz de aislarnos y ponernos en una especie de burbuja en la que sólo estuviéramos nosotros y el peque, nadie más. Así no haría falta tomar al niño a la fuerza para llevarlo a ningún lado, que siempre resulta desagradable, y además, dependiendo de la edad, el tamaño y la fuerza del niño (y la nuestra) también puede resultar muy difícil. Así que si podemos mantener la calma, nos "metemos" en nuestra burbuja; y si no somos capaces de aislarnos, o si es una situación en la que el llanto causa perjuicio a los demás (por ejemplo, en el cine, o el teatro) nos lo llevamos a otro lugar.


2. Evita frustrarte innecesariamente: No intentes parar el desborde. Ese no es tu trabajo.

Llorar no es un mal comportamiento. Es una expresión de una emoción. Y es una forma perfectamente apropiada de expresarla. Llorar no es pegar, ni romper, ni empujar. Llorar es sano y es necesario. El hecho de que muchos adultos no lo vean así es consecuencia de cómo se trata el llanto tradicionalmente. Esta tendencia a reprimirlo, y a obligar a los niños a aprender a reprimirlo, está demostrado que en el futuro puede acarrear un gran número de problemas de gestión emocional y salud mental. Así que si nos convencemos de que el llanto no es algo a corregir, ni a parar a toda costa, ya tendremos mucho terreno ganado.

A menudo la frustración de los padres y la pérdida de nervios que conlleva, nace de intentos inútiles de parar el desborde emocional. Pensamos que nuestra obligación es calmar al niño, y lo intentamos de todas las maneras que conocemos: razonamos con él, negociamos, explicamos, distraemos, cedemos a regañadientes, ignoramos, amenazamos, gritamos, pegamos... Utilizamos un montón de herramientas , a veces vamos probando desde las más "amables" hasta las más "estrictas", yendo en una escalada que nos deja un pésimo sabor de boca. ¿Qué tienen de malo estas herramientas?

- Razonar: En un momento en el que la rabieta ya está en pleno apogeo, razonar es totalmente inútil. Nuestras palabras no calan, no nos escucha, y nuestros intentos por hacerle entender van a ser infructíferos. Nos vamos a frustrar y lo más probable es que terminemos perdiendo los nervios o sintiéndonos fuera de control.

- Negociar: A veces funciona, pero al igual que con la herramienta de razonar, depende de cómo esté el cerebro de desbordado. Dependiendo de cómo sea la negociación, es posible que estemos cayendo en cosas que no nos hagan sentirnos cómodos: por ejemplo, para que deje de llorar porque los abuelos se han ido y él quería ir con ellos, le ofrecemos algo que normalmente no le dejaríamos hacer, como ver dibus en el teléfono o comerse una bolsa de chuches después de cenar. Es una herramienta útil pero hay que usarla con precaución y tiene ciertas limitaciones.

- Explicarnos: Al igual que razonar, todo lo que sea apelar al cerebro superior del niño intentando que nos entienda en un momento en el que su cerebro está arrestado por las emociones va a ser inútil. Si estamos esperando que en medio de su llanto sea capaz de escuchar nuestras buenísimas explicaciones de por qué hemos decidido lo que hemos decidido, y entonces deje de llorar y nos diga "Tienes razón, papi" lo más probable es que nos llevemos una tremenda decepción. Nos vamos a frustrar, nos vamos a poner nerviosos, vamos a sentir que estamos fuera de control.

- Distraerle: Esta herramienta funciona a corto plazo con niños muy pequeños. Con bebés funciona divinamente: llora por un juguete, le enseñamos un llavero y se olvidan del juguete. Qué bien y qué fácil. Hasta que crecen lo suficiente y resulta que ya no se olvidan del juguete. El problema de usarla incluso cuando funciona, es que nos roba de oportunidades para practicar cuando las emociones no son aun tan intentas. Un desborde de un niño de 12 meses no es tan intenso como el del mismo niño a los 18 meses, o a los 2.5 años. Si usamos la distracción como principal herramienta cuando sus emociones son más "suaves" y deja de funcionar justo cuando empiezan a ser más fuertes, nos va a resultar mucho más difícil de manejar nuestras propias emociones al respecto.

- Ceder a regañadientes: Esta es la manera más rápida de parar una rabieta. El niño llora porque quiere algo que no queremos darle. El llanto nos estresa y pararlo se convierte en nuestra prioridad número uno. Le damos lo que pedía. En muchas ocasiones esto se convierte en un círculo vicioso: decimos que no, el niño llora, aguantamos todo lo que podemos, el niño sigue llorando (dependiendo de la edad puede ser porque siga genuinamente triste o puede ser porque haya aprendido a usar el llanto como herramienta para conseguir lo que quiere), se convierte en una lucha de poder a ver quien aguanta más, no aguantamos, decimos que sí, el niño deja de llorar, nosotros nos sentimos fatal, el niño aprende que nuestra palabra no vale. El llanto como herramienta de manipulación existe, pero sólo es posible cuando el niño llega a cierta edad. Un bebé no manipula, eso tenedlo muy claro. Un niño que se haya acostumbrado a este círculo vicioso, sí que es perfectamente capaz de utilizar el llanto como herramienta. Precisamente por eso, ceder (a regañadientes) es la manera más rápida de parar una rabieta, y a la vez la más propensa a causar más rabietas en el futuro. Esto no significa que no podamos ceder jamás. En absoluto. A menudo negamos a nuestros hijos cosas que en realidad nos dan un poco igual, y lo hacemos porque pensamos que es lo que se supone que debemos hacer, o directamente por demostrar quién es el que manda. Ninguno de estos motivos son buenos motivos para decidir nada. Si el llanto de nuestros hijos nos hace reflexionar de verdad sobre las razones detrás de un límite que hemos establecido, y hace que nos demos cuenta que esas razones no tienen fundamento sólido, podemos decirles que hemos cambiado de opinión. En ese caso estaremos siendo un ejemplo de flexibilidad. El problema de ceder está en cuando hacerlo hace que nos sintamos mal, forzados, manipulados, fuera de control, o incluso culpables.

- Ignorar al niño: es probablemente la herramienta más popular, y lo es porque nos permite mantener la calma. Pero es a costa de hacer sentir al niño que sus emociones no importan, lo cual podéis tener muy claro que el niño interpreta como que él no importa. Ignorar al niño durante la rabieta funciona, pero es a menudo a costa de dañar la autoestima del niño y nuestra relación con él. Hay herramientas peores, pero también las hay mejores. Es común también el temor de que al prestarles atención en los momentos de desborde estamos recompensando y fomentando ese comportamiento, enseñándoles que cuando lloran consiguen que los atendamos más. Pero cuidado con eso: si un niño entiende que necesita llorar para conseguir nuestra atención, es que no estamos prestando la suficiente atención en general. En estos casos, lo que necesita es más atención, no menos.

- Amenazar, gritar, pegar, humillar: A estas las pongo juntas. Evidentemente estas es posible que funcionen a corto plazo pero a costa de dañar al niño y a nuestra relación con él. A la larga, si el uso de estas herramientas es muy frecuente, pueden producir en el niño graves problemas de autoestima, de regulación de emociones, y o bien niños que aceptan el abuso de otros sin defenderse, o bien todo lo contrario, niños que utilizan esas herramientas como forma de relacionarse con los demás, esto dependiendo de si su cerebro en situaciones de estrés tiende a la reacción de "huir" o a la de "luchar".

Todas estas tienen en común lo mismo: su objetivo es parar la rabieta, calmar al niño, hacer que deje de llorar. En resumen: intentan controlar la emoción del niño y cómo la expresa. La cosa es que lo único que podemos controlar en esta vida es a nosotros mismos, nuestro comportamiento, y nuestras emociones. Ya esto nos resulta a menudo una meta dificilísima, pero es lo único que verdaderamente podemos aspirar a conseguir: controlarnos a nosotros mismos, y modelar desde el ejemplo lo que eso significa ante nuestros hijos. No podemos esperar que nuestros hijos aprendan a controlar sus emociones a la vez que nosotros perdemos control de las nuestras. La mejor manera de enseñar algo es siempre desde el ejemplo.



3. Tu trabajo es: controlar tus emociones y ACOMPAÑAR a tu hijo en las suyas.

En el punto dos hemos visto lo que no deberíamos hacer. En este punto veremos lo que sí. Y es tan sencillo como ACOMPAÑAR. Sin más.

El niño quiere un juguete. Decimos que no y explicamos brevemente por qué. Se pone a llorar.

En lugar de intentar pararlo a toda costa como hemos visto antes, nos ponemos a su altura y empatizamos con él. Es un fastidio querer algo y no poder conseguirlo. Seguro que todos podemos empatizar con esa sensación, y hacerlo desde la comprensión real, no desde la condescendencia. Entender que para él en ese momento era super importante y que sus emociones, por infantiles que nos puedan parecer, son totalmente legítimas.

¿Qué significa exactamente ACOMPAÑAR?

Pues depende del niño:

- Si el niño acepta el contacto físico, ACOMPAÑAR puede significar abrazar, tomar en brazos, sentar en el regazo, acariciar mientras llora. Como queremos educar también desde el respeto a la autonomía corporal, es importante tener en cuenta si el niño acepta o rechaza nuestros intentos de conectar, por encima de nuestra necesidad.

- Si el niño rechaza el contacto físico, ACOMPAÑAR puede significar sentarnos a su lado, o lo más cerca que el niño nos permita, a ser posible, a su altura, con lenguaje corporal abierto, mientras esperamos. Lenguaje corporal abierto significa brazos relajados, mirada tranquila, atentos para ofrecer un abrazo en cuanto lo necesite. Cuando pegan durante la rabieta es una manera de reclamar espacio de forma no verbal, así que en esos casos lo interpretamos como tal, nos alejamos lo suficiente como para que no nos alcance y listo. En algunos casos nos van a perseguir y no nos van a permitir establecer esa distancia necesaria para mantenernos a salvo, en ese caso interpretamos que en realidad no quieren que nos alejemos y por lo tanto bloqueamos físicamente los golpes y si es necesario les abrazamos fuerte para impedir que nos (se) hagan daño.

- Si no podemos quedarnos físicamente con él por lo que sea (a veces hay muy buenos motivos). Le decimos desde la calma que estaremos donde sea si nos necesita, o que volveremos en un momento a acompañarle de nuevo. Si viene mientras estamos haciendo lo que sea, hacemos lo posible para dejar lo que sea que estamos haciendo y ofrecer un abrazo. Es importante que se sienta una prioridad en ese momento. Si tiene que esperar unos segundos (porque cuando viene te pilla con una bandeja a punto de meterla en el horno, por ejemplo) pues tampoco pasa nada. Pero no lo alargamos innecesariamente, ni nos hacemos los interesantes. Si nos necesita, ahí estamos. Y en los casos en los que no tenemos más remedio que marcharnos porque los vamos a dejar al cuidado de otra persona, confiamos en que esa otra persona hará lo posible por acompañar a nuestro hijo en su desborde como mejor sepa hacerlo.

4. No intentes que entienda tus motivos. VALIDA sus emociones para que se sienta comprendido.

Ya hemos visto como razonar o explicarles para que nos entiendan en un momento en el que ya están desbordados no sirve de nada, más que para sentir que no nos escuchan y que eso nos lleve a la frustración. Me llegan muchos mensajes que dicen "le explico y le explico, y no hay manera de que se calme, al revés, se enfada más y termina pegándome o gritándome". Eso pasa porque estamos pidiendo lo imposible: que un cerebro infantil en descontrol sea capaz de acceder a la capacidad de razonar. En lugar de eso, la mejor manera de conectar con ese cerebro superior es conseguir que se sienta comprendido. A menudo su frustración nace del mismo sentimiento que la nuestra: "no consigo que me entienda". Y ese sentimiento escala la situación. Así que si conseguimos que sepa que le entendemos, al menos conseguiremos que la situación no escale por su parte. Y también por la nuestra.

¿Y qué significa VALIDAR?

- Si el niño acepta que le hablemos en ese momento: VALIDAR es poner palabras a lo que siente y expresarlo de forma que entienda que es totalmente normal sentirse así.

"Estás muy enfadado. Querías ese juguete y no te lo he querido comprar. Es normal enfadarse a veces cuando no conseguimos algo que queremos." 

Validar es 100% sobre el niño y 0% sobre nosotros. No puede ir acompañado de un "PERO ES QUE + explicación". Validamos incondicionalmente y acompañamos. Sin más. Nos hemos explicado antes una vez, y podremos volver a explicarnos si quieremos cuando vuelva a estar tranquilo. Pero en ese momento de desborde, nos limitamos a VALIDAR sin más.

- Si el niño no acepta que le hablemos en ese momento: Hay ocasiones en las que simplemente abrir nuestra boca para hablar hace que el niño aumente la intensidad del llanto/gritos. Esto puede ser por varios motivos: su cerebro está tan desbordado en ese momento que cualquier otro estímulo al que atender resulta insoportable, o también, que lo que estemos diciendo esté tan lejos de lo que siente él en realidad que nuestras palabras hacen que se sienta peor de lo que ya se siente. En estos casos, VALIDAR puede esperar. Nos limitamos a ACOMPAÑAR en silencio, y sólo hablamos cuando veamos que vuelve a estar receptivo.

5. Cuando el desborde se calme, RECONECTA.

En Disciplina Positiva hay una frase muy repetida: Conectar antes de corregir. Así que cuando el llanto empieza a calmarse, no es el momento de empezar a explicarnos, o a decirle lo que han hecho mal, o de empezar a sermonear sobre cómo deberían hacer las cosas de otra manera... No. Una vez que el desborde se empieza a calmar es el momento de reconectar: ofrecer un abrazo fuerte, fuerte; decirles con palabras que los queremos mucho, y los queremos siempre, también cuando están enfadados; validar sus emociones si no hemos podido hacerlo antes; ofrecer alguna actividad para soltar la energía que pueda quedar (ofrecer correr fuerte de la mano, o saltar juntos, o sacudirse fuerte como un perro mojado)... Vamos a ayudar a su cerebro a recuperar la normalidad, y lo vamos a hacer ayudándole a sentirse bien y sintiéndonos bien también nosotros.

6. Una vez que esté calmado y reconectado, DA ALTERNATIVAS.

Una vez que el cerebro está en calma, es cuando está en mejor disposición para aprender. Desde la calma es cuando podemos hablar de alternativas: de enseñar a respirar hondo antes de enfadarse, de entender qué cosas se pueden hacer y cuales no, de buscar posibles soluciones válidas para todos... Este paso no es necesario hacerlo inmediatamente después, podemos pasar página y dejarlo para otro momento, si queremos. Pero es imprescindible que cuando se haga, se haga desde la calma, en un momento en la que el niño esté bien, sin hambre, ni sed, ni sueño, y que se sienta en equilibrio consigo mismo y conectado con nosotros. Esos son los momentos óptimos para aprender.



En RESUMEN:

PREVENIR: explicando expectativas de forma clara antes de cualquier situación susceptible de producir conflictos. Eligiendo el momento siempre que sea posible, teniendo en cuenta factores como el hambre, sueño, cansancio, sobreestimulación...

MANTENER LA CALMA: El objetivo número uno es controlar tus propias emociones y actuar desde la tranquilidad.

ACEPTAR: El llanto es una forma sana de expresar las emociones. No hay que tenerle miedo, ni intentar pararlo a toda costa, por las buenas o las malas. Deja de intentar controlar sus emociones y céntrate en controlar las tuyas. Permítele que llore.

ACOMPAÑAR: Si el niño lo acepta, podemos ofrecer contacto físico. Si no, debemos ofrecer espacio y disponibilidad a la vez. Si pega, no lo permitimos y o bien nos alejamos para ponernos fuera de su alcance o bien le bloqueamos sujetándole las manos.

VALIDAR: Ponemos nombre a sus emociones, las validamos incondicionalmente. Nos centramos en que se sienta comprendido en lugar de intentar conseguir que nos entienda a nosotros y a nuestros motivos. Si notamos que al hablar escalamos el desborde, nos limitamos a acompañar en silencio y validamos después.

RECONECTAR: Una vez que el desborde comienza a calmarse, podemos ofrecer contacto físico, expresar nuestro amor incondicional, validar si no lo hemos hecho antes, ofrecer alguna actividad para soltar energía y terminar de retomar la normalidad.

DAR HERRAMIENTAS: Una vez recuperada la calma y la normalidad, es el momento de aprender de la experiencia. Puede ser justo después o en otro momento, siempre que se cumplan los requisitos de que el niño esté bien física y emocionalmente, así como que se sienta conectado con nosotros. Ahí es cuando podemos hablar de nuestros motivos para decidir lo que decidimos, y de alternativas para manejar las emociones propias, o de alternativas para actuar antes de perder el control de las mismas.


El éxito de esta forma de tratar los desbordes emocionales no está en reducir la duración, intensidad, o frecuencia de los mismos. Eso lo marcará su ritmo de desarrollo normal, y dependerá de muchos factores, como los periodos de equilibrio y desequilibrio que se suceden en los primeros año de la infancia. El éxito de este método está en enfrentarse a las emociones con normalidad, como algo común a la experiencia humana, a lo que no hay que temer, algo que viene y que va, y que estamos totalmente capacitados para superar. Está en dar ejemplo de regulación emocional. Está en cómo nos sentimos al finalizar el desborde: sin vencedores, ni vencidos, sin encontrarnos enfadados y en bandos opuestos, sin sentirnos culpables por nuestra reacción, sin necesidad de dañarle para demostrar quien manda. El éxito de este método está en que nos permite sentirnos al lado de nuestro hijo, como guía y apoyo, nos permite sentirnos en control de lo que verdaderamente importa: nuestros actos y nuestras reacciones. El éxito está en que cuando termina todo nos sentimos bien, nuestro hijo se siente bien. Y nuestra conexión se nota palpitar, tan fuerte como siempre. Ese es el verdadero éxito.   

Si quieres leer más sobre desbordes emociones, puedes hacerlo aquí:

"No se está portando mal, lo está pasando mal"

Entender y tratar las rabietas desde el respeto

Ejemplo real de como gestiono los desbordes emocionales de mi peque de 3 años.

Mi experiencia: Sobrellevar una rabieta en público.

Cómo enseñar a los niños como funciona el cerebro (y aprender nosotros de paso).

Cuando no hay manera de contentarles

Sobre las rabietas en el supermercado, y el vídeo del padre usando la herramienta de ignorar que se hizo viral.



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¡Feliz Crianza!

jueves, 13 de julio de 2017

"Me estresa ir al parque con ella porque pega muchísimo."

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Buenos días, necesitamos ayuda porque empiezo a estar desesperada con mi peque. Tiene tres años y bajar a la calle con ella empieza a ser una prueba de fuego para mis nervios, ya que desde hace unos meses empuja a los niños, la mayoría de las veces  sin venir a cuento. Cuando era a ella a la que pegaban (que también pasamos por esa fase), yo la apartaba e intentaba quitarle importancia, diciéndole que no jugase durante un rato con quien le hubiera pegado y que luego hicieran las paces. Pero ahora estoy desbordada porque no consigo que deje de pegar, incluso me pega a mí cuando la riño por algo. He llegado a enfrentarme a un papá porque, cuando pegan a su hija, él le dice a voces que le pegue más fuerte, incluso el otro día le decía que le pegase a la mía puñetazos porque la había empujado. Creo que enseñar a defenderse no tiene nada que ver con esta incitación a la violencia y que recriminar a ese padre estuvo bien por mi parte, pero estoy realmente preocupada por la actitud de mi hija. ¿Puedes darme orientaciones para que deje de pegar, por favor? Mil gracias.

martes, 2 de mayo de 2017

"Después podrás tomar helado" de Teacher Tom

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Ponerse en el lugar de los niños siempre resulta un ejercicio de lo más clarificador. Nos ayuda a entender las cosas desde su perspectiva, nos ayuda a entender sus reacciones, su comportamiento, sus emociones. Por eso, cuando leí este post del magnífico blog de Teacher Tom, un maestro que trabaja en una pequeña cooperativa de enseñanza libre en Seattle, no dudé en traducirlo para vosotros. Es un post muy breve, pero cargado de sabiduría. De ese tipo de sabiduría especial que te da cuando tienes la oportunidad de experimentar por un momento la vida de una persona de dos años.

lunes, 24 de abril de 2017

"¡Eso no se dice!"

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A veces, cuando corregimos a nuestros hijos, se nos olvida lo limitadas que son aún sus herramientas. Muchas veces nos quedamos en decirles todo lo que NO pueden hacer, y nos olvidamos de que eso no va a hacer que sepan instantáneamente que SÍ pueden hacer. Pensad en lo que nos pasa a nosotros, muchas veces he dicho que cuando empiezas en la crianza respetuosa se hace mucho hincapié a todo lo que no debemos hacer: no pegar, no castigar, no gritar, no amenazar... Pero eso en sí mismo no es suficiente, también necesitamos que alguien nos diga qué es lo que debemos hacer en su lugar. Esto se puede aplicar a todos los ámbitos, pero hoy me quiero centrar en las veces que corregimos algo que dicen.

viernes, 21 de abril de 2017

Frases de madre

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Dicen que empezamos a aprender a ser padres desde el mismo momento en el que nacemos. Observar cómo actúan nuestros padres, como responden a ciertos comportamientos nos va a definir cómo responderemos nosotros más adelante, ya sea por imitación o por rechazo.

Un ejemplo de esto, aunque hay muchos, son las llamadas "frases de madre". Seguros que todos podemos pensar en algunas. Son esas frases que nos dijeron nuestras madres, que probablemente ellas escucharon de las suyas, y que muchas veces nos encontramos repitiendo nosotros con nuestros hijos. También hay frases de padres, claro está, aunque las que se han llevado la fama son las otras, por el estereotipo de madre encargada de la crianza, supongo. Suele ser una reacción instintiva, una frase que sale sin pensar, a menudo en momentos de saturación, que es cuando el cerebro se pone en "modo automático".

martes, 18 de abril de 2017

¡Menos mal! Es normal. Guía de desarrollo infantil por edades (Parte 3 - 7 a 11 años)

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Muchas veces nos preocupamos por comportamientos de nuestros hijos que son perfectamente apropiados a su edad. Nos los imaginamos comportándose igual con 18 años y nos tiemblas las piernas. A eso se le llama criar desde el temor y es lo menos productivo del mundo.Criar desde el temor nos hace estar en guardia permanente, nos hace preocuparnos por cosas relativamente pequeñas, nos hace reaccionar de forma exagerada, nos impide responder de forma adecuada, nos dificulta ver más allá y sobre todo nos impide CONFIAR.

sábado, 8 de abril de 2017

¡Menos mal! Es normal. Guía de desarrollo infantil por edades (Parte 2 - 4 a 6 años)

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Muchas veces nos preocupamos por comportamientos de nuestros hijos que son perfectamente apropiados a su edad. Nos los imaginamos comportándose igual con 18 años y nos tiemblas las piernas. A eso se le llama criar desde el temor y es lo menos productivo del mundo.Criar desde el temor nos hace estar en guardia permanente, nos hace preocuparnos por cosas relativamente pequeñas, nos hace reaccionar de forma exagerada, nos impide responder de forma adecuada, nos dificulta ver más allá y sobre todo nos impide CONFIAR.

miércoles, 5 de abril de 2017

¡Menos mal! Es normal. Guía de desarrollo infantil por edades (Parte 1 - 0 a 3 años)

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Muchas veces nos preocupamos por comportamientos de nuestros hijos que son perfectamente apropiados a su edad. Nos los imaginamos comportándose igual con 18 años y nos tiemblas las piernas. A eso se le llama criar desde el temor y es lo menos productivo del mundo. Criar desde el temor nos hace estar en guardia permanente, nos hace preocuparnos por cosas relativamente pequeñas, nos hace reaccionar de forma exagerada, nos impide responder de forma adecuada, nos dificulta ver más allá y sobre todo nos impide CONFIAR.

Para mí siempre ha sido importante tener ciertos conocimientos sobre el desarrollo infantil, para saber qué es normal y qué no, qué debe preocuparme de verdad, y qué es simplemente parte del aprendizaje que supone crecer. Unos de los posts que suelo revisar cuando quiero refrescarme la memoria sobre si algo es normal o no, es este de la web Hey Sigmund, una web de psicología con una base científica muy sólida, que describe lo que es normal por edades desde el nacimiento hasta la adolescencia. Puede que os suene porque ya traduje anteriormente de esta web el artículo "Enseñar a nuestros hijos cómo funciona el cerebro". En este caso, voy a utilizar varias fuentes, el post que mencionaba antes de la web de Hey Sigmund, que se llama "Phew! It’s Normal. An Age by Age Guide for What to Expect From Kids & Teens – And What They Need From Us", y este otro documento de la web likesidelink.com que detalla lo esperable de las etapas de desarrollo desde los 18 meses hasta los 5 años resumiendo la información recogida en los libros de la Dra. Louise Bates Ames, del Instituto Gesell para el estudio del Desarrollo Humano. Como va a ser mucha información, voy a dividirlos en 3 posts: 0-3 años, 4-6, 7-Adolescencia. Como siempre, la traducción está realizada por mí, que no soy traductora profesional, así que tendréis que disculpar cualquier fallo que tenga.

lunes, 3 de abril de 2017

La importancia de criar a los niños como a las niñas

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En la lucha por la igualdad de géneros, empezamos a criar a nuestras hijas como a nuestros hijos. Les decíamos que podían hacer lo mismo que los chicos, podían jugar al fútbol, podían ser doctoras o ingenieras, podían ser astronautas, no había nada que no pudieran hacer si se lo proponía. En esa lucha por la igualdad, empezamos a ver con malos ojos el rosa, y las princesas. No queríamos eso para nuestras niñas, y lo evitábamos siempre que podíamos. Pero en ese proceso, no nos estábamos dando cuenta de que lo que estábamos haciendo era perpetuar la idea de que lo que tradicionalmente se ha considerado femenino tenía menos valor y era menos deseable. Y cuando criamos a nuestra hijas como tradicionalmente criábamos a nuestros hijos, nos arriesgamos a terminar criándolos a todos en la dureza, en la competitividad... Porque el problema no estaba sólo en cómo criábamos a nuestras hijas, también está en cómo criamos a nuestros hijos.

Ya es hora de empezar a criar a nuestros hijos como a nuestras hijas.

lunes, 27 de marzo de 2017

Ayudar o no ayudar, esa es la cuestión.

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Hay una frase de María Montessori que suele traducirse como "Nunca ayudes a un niño a realizar una tarea que pueda hacer por sí mismo", y se ve como la clave en el camino de los niños hacia su autonomía. Pero muchas veces nos encontramos en situaciones en la que nuestro peque nos pide ayuda para algo que sabemos que puede hacer, o para algo que al menos nos gustaría que intentara primero. Nos piden ayuda, y por una parte nos acordamos de María Montessori diciendo "no le ayudes" y por otra tenemos a nuestro instinto diciéndonos, "te está pidiendo ayuda, ¿cómo no lo vas a ayudar?". A veces nos resulta difícil encontrar el equilibrio entre estos dos puntos, y de eso precisamente es de lo que vamos a tratar hoy.

jueves, 23 de marzo de 2017

"¿Cómo decido qué límites poner?"

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"En este blog se habla mucho de establecer límites, pero me cuesta mucho saber en qué situaciones ser firme y en cuáles no es tan importante y se puede ceder. No tengo problema cuando son cosas que afectan a la seguridad del niño o de los demás, pero cuando son otras cosas... Me siento perdida."

martes, 21 de marzo de 2017

"¿Es necesario llevar a mi bebé a la guarde?"

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¡Hola! Necesito orientación sobre un tema. Soy padre de una maravillosa niña de 1 año y 4 meses que cuidamos en casa junto a mi esposa. Mi familia me sugiere insistentemente que la lleve a una guardería, argumentando que contribuiría en su desarrollo del lenguaje, socialización, autonomía, etc. Tengo muchas dudas al respecto, quiero evitarle que sufra por la ausencia de sus padres, las enfermedades, en fin. Pero no quiero que mis miedos la priven de lo que podría ser una experiencia enriquecedora. Gracias por leerme y por sus sugerencias. Un abrazo.


jueves, 16 de marzo de 2017

"He vuelto a trabajar y ahora mi bebé me rechaza. Me siento fatal."

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Hola, Rosa. Tengo un bebé de 9 meses al que amo y un trabajo que me apasiona. Tengo la suerte de poder estar con mi hijo casi todo mi tiempo porque sólo trabajo un día a la semana, eso  sí, el día que tengo que ir a trabajar estoy fuera de casa 12 horas. El resto del tiempo estoy siempre con mi bebé. 

El día que voy a trabajar, el bebé se queda con su papá en casa de las abuelas y se queda sin problemas, lo pasa bien y no llora más de lo normal. Lo único es que no duerme nada. Esto al papá le resulta muy agotador, pues al tener tanto sueño sólo quiere brazos y es un niño muy grande (pesa 10 kilos).

Desde que empezó esta dinámica, el resto de la semana el bebé ha empezado a mostrar claras preferencias por su papá. Sólo quiere estar con él. Que él lo cargue, que él juegue, etc. Mi esposo lo intenta, pero la realidad es que se desespera mucho muy pronto. Yo siempre estoy disponible para el bebé, para cargarlo o jugar pero es un drama cada vez que su papá deja de cargarlo. Aunque yo lo cargue, llora. Esto ha ido en aumento semana tras semana.

Los días que voy a trabajar me despierto y le doy teta. Pero cuando me voy y lo dejo con su papá ya no quiere ni que me despida o lo bese. Me aparta. Cuando regreso me ve, pone una sonrisa discreta, pide teta y se duerme (debo decir que cada vez que ve a su papá después de unas horas de ausencia es toda una fiesta, risas, abrazos, felicidad total. Nada que ver con su discreta sonrisa al verme). 

Yo por mi lado la paso muy muy mal. Hoy incluso me fui llorando de camino al trabajo. Casi todas las semanas me resulta incontenible el llanto en algún punto. Me duele de un modo que no puedo expresar. Ya no disfruto nada mi jornada, todo el tiempo miro la hora para ver cuánto falta para irme. Y siempre termino saliendo temprano porque no puedo más.

Siento que mi relación con mi hijo se deteriora cada semana. Y siento que el costo emocional (para mí) está siendo insoportable. La consulta es ¿qué puedo hacer para reconectar con él? No sé si sólo fue una mala coincidencia su repentina preferencia por su papá o si está enojado conmigo (cuando leí tu post sobre las preferencias, pensé que podía ser normal). 

Yo no le reclamo, le digo que acepto que quiera estar con papá. Que yo también quiero estar con él, cuando él quiera. En fin. Me duele y tal vez sólo necesito un desahogo.

lunes, 13 de marzo de 2017

Cuando no hay manera de contentarles.

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Los niños tienen momentos que parecen determinados a enfadarse, enrabietarse y llorar independientemente de lo que hagamos por ellos. Es agotador.

Viene a ser algo así: Empiezan a llorar porque quieren zumo, cuando te levantas y les das el zumo empiezan a llorar porque no querían ese vaso, querían "el otro". Si les cambias el vaso siguen llorando porque ese zumo, el que siempre compras y del que no ha habido quejas nunca, no le gusta, o porque has puesto demasiado poco, o porque has puesto mucho... Llorar y llorar y llorar. Y claro, tú te terminas desesperando porque estás haciendo lo posible por contentarlo y es que ¡parece imposible, oye! O peor aún, te tomas el llanto y esa aparente eterna insatisfacción como algo personal y empiezas a pensar cosas como "lo estoy haciendo fatal" y "soy una madre horrible".

jueves, 9 de marzo de 2017

"Mi bebé tiene 10 meses. Me demanda día y noche. Creo que quiero destetar."

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¡Hola! Escribo porque necesito vuestra ayuda. 

Tengo un bebe de casi 10 meses. Siempre le he dado pecho a demanda, mañana y noche y casi siempre hemos practicado colecho. Lo dormía en nuestra cama y cuando nos íbamos a dormir lo pasábamos a su cunita. Cuando se despertaba a mitad de la noche le daba teta y a su cuna de nuevo, y ya las siguientes veces que se despertaba (4 o 5 de la mañana) lo echaba con nosotros en la cama. 

El caso es que siento que voy dando pasos para atrás. Durante los primeros meses su padre lo dormía, nos alternábamos, luego pasó a dormirse solo con la teta, (o en brazos, pero solo los míos) y desde hace unos días a ahora ya lo único que quiere es en la cama con nosotros y prácticamente no sacarse la teta de la boca. Tengo que decir que ha estado con los dientes, entonces ha estado bastantes noches durmiendo todo el rato con nosotros.... 

A mi el colecho no es lo que me molesta, es más, me gusta, lo que llevo fatal es la teta. Tengo que estar toda la noche de la misma postura y acabo con el cuello y espalda destrozados. Añado que estamos viviendo en una ciudad que no es la nuestra, y aquí yo no tengo a nadie. Su padre se va a trabajar y me tiro yo sola con el nene todo el día hasta por la noche. Y encima a la hora de dormir yo también. Y si el niño se despierta yo también. 

Hace un mes mas o menos intenté destetarle durante la noche, y mi alternativa fue cogerlo en brazos y dormirlo. Pero claro, casi que fue peor, porque el niño ya pesa bastante y acababa con la espalda bastante peor que de la otra manera. Y claro, como con su padre solo llora y llora mas fuerte cuando intenta dormirlo, al final siempre es todo para mí sola...

Me encantaría saber experiencias, consejos, lo que sea, porque me siento saturada y agobiada... 
Se me olvidaba comentar que el niño por el día casi ni quiere teta , solo cuando se va a echar sus dos siestas en el día y ya está. Eso de dejarlo llorar no me ha gustado nunca porque me parece innecesario, pero es que ya no es que llore, es que grita y se pone rojo y todo cuando ve que no tiene teta para dormir...

En fin, cualquier ayuda es buena porque me siento bastante mal y sobre todo sola en este tema de por la noche.

Gracias de antemano!  :)

lunes, 6 de marzo de 2017

"Mi bebé de 7 meses me demanda todo el tiempo, no duerme bien, estoy agotada."

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"Hola a todxs!!

Escribo a ver si pudieran orientarme o darme tips o consejos. Tengo una bebita de 7 meses. En una palabra, podría describirla como "intensa". Yo aún no he vuelto a trabajar así que estoy con ella 24x7. No puedo despegarla de mi vista porque llora y llora. Hasta al baño vamos juntas (literal). Son pocas las veces que la puedo dejar 5 o 10 mins sola y que no se queje o llore a cántaros. Desde que nació fue LME, colecho, porteo, no dejarla llorar, etc.


El problema que venimos arrastrando es que NO duerme de corrido. Con esto me refiero que dormir es un caos. Ejemplo: La duermo alrededor de 20:30/21 y a las 22 llora. Vuelvo a tener que dormirla, A las 23 llora. Así sucesivamente. Luego cuando me acuesto con ella (alrededor de 24hs.) se sigue despertando llorando varias veces a la noche. No le alcanza estar al lado. Quiere brazos y teta. Le trato de dar la teta de costado pero ella quisiera quedarse prendida todo el rato y realmente me resulta super incómodo.
Mi marido duerme en el living hace como 2 meses. Yo estoy agotada. No doy más del cansancio. Entiendo que los patrones del sueño se regulan con el tiempo y que los despertares nocturnos son comunes pero lo que NO entiendo es cómo la duermo a las 20;30hs y cada media hora (o menos) tengo que ir con ella porque llora como loca.
No me permite cenar, no puedo estar con mi marido nunca, porque está dale que llora.

La verdad se me acabaron las ideas. Por favor, ¿alguien podría orientarme qué hacer? ¿O qué puede ser que pase?
Mil gracias de antemano."

jueves, 2 de marzo de 2017

La vital importancia del Autocuidado en la Crianza Respetuosa

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Dice Samanta Villar que la maternidad no era como le habían contado. Que le ha quitado calidad de vida y que ella no sabía hasta qué punto esto era así cuando se embarcó en esta aventura de ser madre. No le falta razón a Samanta cuando dice que la maternidad te quita calidad de vida: te quita calidad de sueño, te quita calidad de alimentación, te quita calidad de higiene (esas primeras semanas en los que a duras penas puedes sacar tiempo para ducharte), te quita calidad de intimidad, calidad de empleo (aunque de esto no tiene la culpa el niño precisamente), calidad de ocio... La maternidad te quita muchas cosas y te da muchas otras. En este post no voy a hablar de ella. Ella simplemente ha elegido utilizar para su libro un hilo narrativo contrario al predominante. Sin más. En lugar de hacer hincapié en las cosas buenas, ha decidido hacer hincapié en las malas. Cuestión de perspectiva, y probablemente también de visión de negocio.

El caso es que la maternidad es difícil. Y visto la lluvia de críticas que sufrió Samanta, parece que ni siquiera tenemos derecho a quejarnos. La maternidad no solo es difícil, sino que también debe ser abnegada, sacrificada, generosa... Tanto es así que no nos lo pensamos dos veces antes de seguir echándonos cosas a la espalda. Trabajo, casa, niños. La supermujer. Podemos con todo. Solo es cuestión de organizarse. Y encima vienen las "locas del apego", las de la "crianza respetuosa" y lanzan el mensaje de que las necesidades del niño son lo primero. Y seguimos sumando más y más carga. ¿Hasta cuando? ¿En qué momento decimos basta?

lunes, 27 de febrero de 2017

Historia de una rabieta de carnaval. La mía.

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Los que me seguís por redes sociales ya sabéis que el miércoles pasado tuvimos una mala tarde a cuenta del disfraz del cole. Están trabajando las emociones en clase así que el disfraz era de emoticono, y el peque básicamente pretendía que cambiara el disfraz cada vez que él cambiaba de estado de ánimo. Habría sido hasta gracioso si no fuera porque mi mente no funcionó como me habría gustado que funcionara. El post de hoy no va de lo bien que gestioné la tarde. El post de hoy va de todos los errores que cometí, de qué me pasaba por la cabeza en cada momento, de cómo me sentí y de cómo esos sentimientos me hicieron reaccionar. En resumen, en el post de hoy os voy a contar cómo fue mi rabieta y cómo las "madres perfectas" no existen. Aviso que no va a haber un momento poético de redención al final. La tarde del miércoles antes de carnaval fue una cagada de principio a fin.

Vamos a llamar a esto un ejercicio de reflexión consciente. A ver cómo sale.



jueves, 23 de febrero de 2017

Enseñar a los niños a decir "por favor", "perdón", "gracias", "lo siento".

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El otro día vi un meme que decía algo así como "- Mi hijo sabe usar el ipad. - Genial, a ver cuándo le enseñas también a decir por favor y gracias". Dejando aparte lo injusto, e irrespetuoso que es el meme en cuestión, me sirve como ejemplo para reflexionar sobre la importancia que se le da al tema y la perspectiva tan negativa que se tiene de los niños y esto.

Como en tantas cosas, parece que la tendencia es que si no se le enseña activamente, si no se les obliga a hacerlo, los niños no van a aprender nunca. "¿Qué se dice?", "¿Cuál es la palabra mágica?"... Tengo lectores de todo el mundo, pero estoy segura de que a todos os suenan estas frases. También se obliga a los niños a pedir perdón a diario, en parques, en casa, en el cole. Como una manera de resolver conflictos "pídele perdón ahora mismo, ¡vamos!". Seguro que os resulta familiar. Mucha gente da por hecho que esta es la única forma de enseñar estas cosas y como no podía ser de otra manera, en el post de hoy vamos a analizar exactamente qué se consigue haciendo las cosas "como siempre" y si hay otra forma de hacerlo que funcione.

lunes, 20 de febrero de 2017

Cuando las mañanas son una lucha

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Las mañanas con niños y sitios donde ir son estresantes: hay ropa que preparar, aseo que hacer, desayuno que tomar, niños por vestir... Si hay una palabra que describe la mañana de muchas familias es "prisa" y seguramente también "estrés". Estos dos son los enemigos número uno de los niños así que suelen venir acompañados de "resistencia" y "llantos". En este post intentaré daros algunas ideas para mejorar vuestro inicio del día y os contaré un poco qué hacemos nosotros.

jueves, 16 de febrero de 2017

Poner límites a nuestros hijos en torno a nuestro cuerpo.

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Hay muchas situaciones en las que nuestros hijos se acostumbran a disponer de nuestro cuerpo como parte de su día a día: maman de nuestros pechos, nos toman las manos para dormir, tal vez necesiten tocarnos el cabello, pueden pasar horas en nuestro regazo. Los niños por lo general necesitan muchísimo contacto y por supuesto nuestro cuerpo es su fuente principal de la que beben como pajarillos sedientos. Por regla general, todos esos momentos nos traen satisfacción a todos, son momentos tiernos, dulces, de intimidad, de estos que atesoras en tus recuerdos durante años. Pero también hay veces que no es así. Hay veces que la necesidad de contacto del niño se manifiesta en formas que no son agradables para los padres. No incluyo aquí a los casos en los que la lactancia es dolorosa, esto suele ser debido a un mal agarre y se suele solucionar con la ayuda de una matrona correctamente formada en lactancia o una asesora de lactancia. Me refiero a los casos en los que la forma de tocarnos o de buscar contacto con nuestro cuerpo por parte de nuestros hijos es una cuestión de preferencia. ¿Qué hacemos entonces? ¿Aguantamos estoicamente porque es lo que el niño necesita? ¿Limitamos el tiempo buscando un término medio? ¿Lo cortamos de raíz? ¿Qué es lo más respetuoso?

miércoles, 15 de febrero de 2017

Cuando somos capaces de ver más allá de su rechazo

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Llevo toda la tarde notando raro al peque. No es que estuviera especialmente irascible, pero se movía como a cámara rápida, como si fuera incapaz de estar parado un segundo. Como si hubiera cierta desesperación en sus movimientos. Como si toda la tarde tuviera muchas ganas de hacer pis. Lo he achacado a que estaba cansado. Y efectivamente, al llegar al final del día hemos tenido explosión emocional.

lunes, 13 de febrero de 2017

Consultas del blog: Desbordes emocionales y conductas difíciles con 8 años

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Hola, soy mamá de 3 niñas, he leído tus enlaces y he de felicitarte, me encanta y entusiasma leerte. Ojalá te hubiera conocido antes. 

Tengo una duda y necesitaba expresártela, mi hija segunda tiene 8 años acabados de cumplir. Siempre ha estado enferma y ha sufrido muchos ingresos hospitalarios. Así que siempre he estado a su lado y estamos siempre muy unidas. Aun así es muy rebelde, y se enfada continuamente, me habla enfadada y me desafía, pincha a la hermana mayor y la hace llorar.  He de comentarte que la pequeña tiene 8 meses, no sé si ella influirá en su comportamiento, puesto que antes de que naciera ya era rebelde, siempre lo ha sido. En definitiva, me gustaría que me aconsejases, porque pienso,  ¿es demasiado mayor para tener aún "desbordes emocionales"? ¿Qué me aconsejas?

Muchísimas gracias de antemano, y felicidades por la página. Un abrazo.

jueves, 9 de febrero de 2017

Cuando se resisten a tomar un medicamento

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Al hilo del post anterior "Cómo conseguir que colaboren y qué hacer cuando no hay manera", quería contaros qué hacemos en casa en uno de los casos típicos de resistencia de los niños: los medicamentos. El tema de los medicamentos es un tema delicado, porque puedes probar varias maneras de hacerlo de forma respetuosa, pero al final, si se niega a tomarlo, es una cuestión de salud y por lo tanto entra dentro de los límites firmes que justificaría totalmente dárselos por la fuerza. Que vaya eso por delante, por si no encontramos nada que funcione, que sepáis que aquí el respeto primordial es a su salud y a su bienestar físico. Por supuesto hay formas de hacerlo por la fuerza y a la vez ser respetuoso: informarle de cada paso antes de hacerlo, validar cada sentimiento, hacerlo con firmeza y seguridad y al terminar consolar reconociendo que por supuesto no le ha gustado nada la experiencia, totalmente normal. 

Ahora bien, obligar a un niño a tomar un medicamento puede ser muy desagradable, así que, al igual que hice en el post que os mencionaba antes, voy a contaros primero qué hacemos en casa para conseguir que colabore y después qué hacemos cuando no hay manera y toca hacerlo a la fuerza.

lunes, 6 de febrero de 2017

Cómo conseguir que los niños colaboren y qué hacer cuando no hay manera.

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Hay pocas palabras que causen más urticaria en los ámbitos de la crianza respetuosa que las de la familia de la "obediencia". La obediencia, entendida como el hacer lo que se les ordena sin cuestionarlo, no es una característica que se valore o que se promueva en crianza respetuosa, porque no es una característica que se valore en los adultos. No queremos adultos que hagan lo que alguien más listo o más poderoso le dice sin cuestionarse si eso está bien o no. Queremos adultos que piensen por sí mismos, que tengan criterio propio. Y esto sólo se consigue si se cultiva en la infancia. Así que en la crianza respetuosa no buscamos la obediencia como objetivo, buscamos la colaboración. Evidentemente vamos a necesitar que los niños hagan lo que le pedimos, pero no será una cuestión de obediencia sino de trabajar juntos.

jueves, 2 de febrero de 2017

La crianza imperfecta: ruptura y reparación

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No soy una madre perfecta. Mi marido no es un padre perfecto. Cometemos errores, a diario. Seguro. Este blog no es de crianza perfecta, porque eso es imposible. Este blog es de crianza en constante evolución, en constante aprendizaje. A veces, cuando se comparten o se habla de temas de crianza con otros padres, es común que alguien termine por sentirse atacado en algún momento. En los grupos de madres pasa muy a menudo, y siempre sale la misma frase: "claro, como vosotras sois perfectas." No. Nada más lejos de la realidad.

Dice David Howe, científico que estudia temas relacionados con la Teoría del Apego, que un apego seguro se basa en nuestra capacidad de entender y atender a las necesidades de nuestros hijos. Añade que, incluso en el caso de los padres que más en sintonía están con sus hijos, lo normal es que acertemos un 50% del tiempo debido a malos entendidos, a falta de sincronía, a cansancio o a distracciones. Es decir, la conexión con nuestros hijos sufre rupturas frecuentes, pero la clave, lo esencial, en nuestra crianza es cómo se gestionan y reparan esas rupturas. En otras palabras, no se trata tanto de no cagarla nunca, sino de darnos cuenta de cuándo la cagamos, reparar el daño que hemos hecho y aprender de ello para la próxima vez.

lunes, 30 de enero de 2017

La División de Responsabilidades de Ellyn Satter (o cómo acabar con las luchas a la hora de comer)

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La hora de comer es un martirio para muchos niños y padres en muchas familias. Cuándo hay problemas con la alimentación, lo primero que debemos hacer es descartar que pueda haber algún problema de salud detrás. A menudo hay intolerancias o problemas de sensibilidad sensorial detrás de aparentes preferencias. Así que siempre primero descartar problemas de salud. Una vez tenemos claro que nuestro hijo está sano y que simplemente es una cuestión de preferencias, de malos hábitos, o de luchas de poder enquistadas podremos empezar a actuar para buscar soluciones. 



Suele haber dos tipos de problema: o bien es un martirio porque se obliga al niño a comer cosas que no quiere, o bien es un martirio porque nos vemos haciendo comidas diferentes para ellos y observamos que la lista de comidas aceptadas cada vez es más reducida. Podríamos decir que los problemas en la comida suelen responder o bien a una perspectiva autoritaria, o bien a una perspectiva permisiva. Si me seguís de hace tiempo ya sabéis que mi forma de crianza busca siempre un término medio: creo firmemente en el papel del adulto como líder y guía en la familia, pero también creo firmemente en el valor intrínseco de fomentar en los niños cosas como la autonomía y la autorregulación, también a la hora de la comida. Pero ¿cómo se traduce esto a la hora de comer? Lo que en mi opinión mejor funciona en ese término medio es el método de la nutricionista y terapeuta de renombre Ellyn Satter llamado División de Responsabilidades.

jueves, 26 de enero de 2017

Lo bueno y lo malo del cachete según la ciencia

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Hace unos meses se publicó un meta-análisis científico que analizaba los resultados de 75 estudios realizados a lo largo de 50 años con más de 160,000 sujetos sobre las consecuencias del castigo físico como parte de la disciplina de los niños. Un meta-análisis es la madre de los estudios científicos. Básicamente se trata de tomar todos los estudios que tienen un tema en común y analizar sus resultados para ver si son consistentes o no. Se han realizado varios meta-análisis sobre el tema del castigo físico, pero el publicado por Elizabeth Gershoff, de la Universidad de Texas, y Andrew Grogan-Kaylor, de la Universidad de Michigan, en Abril de 2016 es el más completo hasta la fecha, y además se ha centrado en resolver algunos problemas en concreto que se habían presentado en los meta-análisis anteriores.

lunes, 23 de enero de 2017

Qué hacer cuando el peque tira la comida

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Cuando empezamos con la Alimentación Complementaria (AC), especialmente cuando empezamos con los sólidos, se suelen dar situaciones en las que los niños juegan con la comida y la tiran al suelo. Esto se suele dar a cualquier edad, independientemente de si empezáis a los 6 meses porque hacéis Baby-led weaning, o si empezáis más tarde porque seguís el proceso tradicional, al principio siempre va a haber una etapa en la que el niño va a jugar con la comida. Cuando se empieza muy pronto, es más fácil entenderlo y aceptarlo porque son muy pequeños, pero cuando se empieza un poco más tarde (o cuando la etapa se alarga un poco más de lo que nos parece apropiado) empezamos a plantearnos si deberíamos establecer algún límite al respecto.  

Partiendo siempre desde el punto de vista de que estemos tratando de bebés y niños sanos, nutridos, y con acceso regular a la comida, podemos plantearnos lo siguiente:

jueves, 19 de enero de 2017

Cuando nuestro entorno no comparte nuestra crianza

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La mayoría de nosotros, antes o después, en mayor o menor grado, se ha sentido como un pececillo navegando contra corriente cuando se embarcaba en esto de la crianza respetuosa, fuera la rama que fuera. Ya sea por dormir con los niños en la cama, por no pegar y no castigar, por ser consciente del lenguaje que usamos en torno a los niños... Sea por lo que sea, en algún momento nos han hecho saber, como mínimo, que éramos unos raros (y alguno, seguro, nos ha hecho saber lo mal que lo estábamos haciendo).

Es fácil decir que no nos debe importar la opinión que tengan los demás de nuestra crianza, y efectivamente no me importa en absoluto la opinión que tengan mis vecinos, o el dependiente de la panadería, o la cajera del super, o incluso la pediatra o la enfermera de pediatría. Todos ellos son gente que tienen poca o ninguna influencia real en nuestro día a día, así que pueden opinar lo que quiera que no me va a afectar. Pero, ¿qué pasa cuando los que opinan, o simplemente los que hacen las cosas distintas, son personas cercanas con verdadera influencia sobre nuestro día a día? ¿Qué pasa cuando es el otro progenitor? ¿Qué pasa cuando es un abuelo o abuela que se encarga además de cuidar al niño mientras nosotros trabajamos? ¿Cómo navegamos el hecho de que no podemos tener a nuestros hijos en una burbuja en la que nosotros seamos su única influencia?


lunes, 16 de enero de 2017

"Mi hijo de dos años es muy agresivo"

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Hola amigas, mi marido y yo estamos llegando a desesperar y preocuparnos realmente mucho con nuestro hijo de dos años. Lleva meses en los que agrede a niños y bebé. Siempre le hemos corregido sin gritos ni castigos, intentando explicarle las cosas de la manera más sencilla posible. Poco a poco fue mejorando pero lleva cosa de dos o tres semanas con un retroceso brutal, es ver un niño y correr como un loco hacia él para darle un manotazo. Da igual que el niño o niña esté con sus padres, que esté jugando, que ni siquiera le haya mirado.... le da completamente igual. Ayer incluso pegó a dos niños de unos 10 años en el vestuario de la piscina. No le castigamos pero sí le hacemos ver que sus actos tienen consecuencias. Con el ejemplo de ayer de la piscina le dijimos que no podíamos disfrutar de la natación si él pega y no respeta a los niños. No logramos alcanzar a entender por qué lo hace, qué estamos haciendo mal, qué parte de nosotros es la que está provocando su comportamiento...
Estamos muy tristes y no vemos nada de luz al final del túnel. No sé si alguien tiene experiencias similares. Gracias por leer. Un abrazo.

jueves, 12 de enero de 2017

Libros de crianza recomendados

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Muchos de vosotros me estáis preguntando qué libros de crianza recomiendo para aprender más sobre el tipo de crianza que practicamos en casa y que defiendo en el blog. Alguna vez ya he dicho que casi todo lo que leo es en inglés. Soy profe de inglés y leer sobre crianza en inglés es una forma de unificar mis dos pasiones. Esto me ha traído muchísimas satisfacciones porque es una manera de ampliar horizontes y tener muchas más fuentes de las que beber, pero es un rollo porque no siempre puedo compartir lo que leo con vosotros, ¡de ahí todas las traducciones que hay en este blog!

La mayoría de los libros que voy a recomendar hoy son libros escritos originariamente en inglés, algunos los he leído, otros todavía no, pero los he visto recomendados hasta la saciedad de forma que sé que merece la pena leerlos si se tiene la oportunidad. Los que he leído los he leído directamente en inglés, con lo que no puedo asegurar que la traducción o la edición de la versión en español sea la ideal, pero confío en que al menos mantendrá el contenido original, con lo que el mensaje estará ahí. Muchos de ellos tienen opiniones en amazon, con lo que podéis echar un vistazo a otras opiniones antes de decidir comprar alguno.

Dicho esto, estos son algunos de los libros que puedo recomendar:

lunes, 9 de enero de 2017

Entender los celos de nuestros hijos

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La llegada de un bebé a nuestras vidas es siempre un gran cambio para toda la familia. Cuando ya hay un niño en ella, el cambio es aún mayor. Con frecuencia, estos cambios traen consigo comportamientos desafiantes y muy difíciles que han ido formando el mito del "príncipe destronado" y que ha pintado una imagen de los niños que sufren esas dificultades como "caprichosos", "mimados", "egoístas". Si seguís mi blog, ya sabéis que creo firmemente que la forma en la que planteamos los comportamientos, las palabras que usamos para describirlos, define muchísimo la manera en la que vamos a enfrentarnos a ellos y la forma en la que vamos a reaccionar. No creo que sea posible reaccionar adecuada y respetuosamente ante un niño al que vemos como caprichoso, mimado o egoísta, así que vamos a hacer un ejercicio de imaginación para intentar enfocar la situación con empatía y mayor comprensión de la situación vista desde el prisma del niño:

domingo, 1 de enero de 2017

El efecto dominó de la crianza consciente

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Muchas de las consultas que me llegan o me encuentro por las redes incluyen la pregunta "¿Cómo hago para que mi hijo...?" Incluso dentro de la crianza respetuosa hay quien plantea las situaciones así.

Me gustaría aclarar algo que no estoy segura de haber explicado bien hasta ahora. 

La crianza respetuosa y CONSCIENTE no trata de cambiar el comportamiento de los niños por las buenas, en contraposición a cambiarla por las malas. No se trata de abandonar castigos, golpes, gritos y amenazas para quedarnos sólo con premios, frases motivadoras y refuerzos positivos. Ambos son las dos caras de la misma moneda y ambas buscan a su manera controlar al niño.


La crianza que yo defiendo no busca cambiar al niño. 


BUSCA CAMBIAR AL ADULTO.

Parte de la base de que los niños por naturaleza quieren agradar a sus figuras de referencia, a sus figuras de apego. Y parte de la base de que un niño que se siente bien, se porta bien.

Si eliminamos los premios y los castigos, eliminamos la posibilidad de control. Muchas frustraciones con este tipo de crianza proviene del hecho de que intentamos controlar con herramientas que no están pensadas para controlar. La crianza que defiendo no trata de controlar, con lo que eliminamos esa frustración.

Mucha gente piensa que la parte más importante es la parte del Respeto. Y por supuesto que es importante. Pero para mí, la parte más importante (y difícil) con diferencia es la parte "CONSCIENTE".

Yo tomo consciencia de mi equipaje, yo tomo consciencia de cómo ese equipaje afecta a mi forma de ver la vida y a la forma de ver a los que me rodean y a su comportamiento. Yo tomo consciencia de mis necesidades y mis limitaciones, y tomo medidas para cubrirlas y aceptarlas buscando equilibrio con los demás. Tomo consciencia de mis reacciones y del verdadero detonante de las mismas, aprendo a manejarlas, busco herramientas que me funcionen.

En la crianza, yo soy la responsable de iniciar o parar un efecto dominó en mi relación con mi hijo. Porque eso es lo que es: un efecto dominó.





Puede parecer que el que inicia el efecto dominó es el niño, con uno u otro comportamiento, y que nosotros simplemente reaccionamos a eso. Pero nosotros no somos una pieza pasiva en este juego, nosotros somos la pieza principal, la más importante. La que va a hacer que el juego vaya de una forma u otra. Y lo primero que tenemos que hacer es cambiar nuestra forma de ver las cosas.

Cuando leemos y nos informamos sobre el desarrollo infantil cambia nuestra perspectiva sobre el comportamiento de nuestros hijos. De repente, tirar la comida al suelo se convierte en experimentos sensoriales y sobre la gravedad; las rabietas se convierten en desbordes emocionales adecuados a su edad; el comportamiento se convierte en comunicación... Todo empieza a ganar sentido gracias a toda la ciencia que se está acumulando sobre el desarrollo neurológico de los seres humanos. Cuando cambia nuestra perspectiva, cambia necesariamente nuestra forma de actuar.

No vamos a actuar igual si vemos un comportamiento como algo alarmante y a corregir con urgencia y de raíz como sea, que si lo vemos como algo propio de la edad que debemos acompañar y prestar nuestro apoyo mientras desarrolla herramientas para controlarlo por sí mismo. Lo he dicho muchas veces, pero no vamos a actuar igual si pensamos "se está portando mal" que cuando pensamos "lo está pasando mal". Ver las cosas con mejor perspectiva nos va a permitir ser más conscientes de lo que nuestro hijo o hija necesita y actuar en consecuencia: ¿Necesita más estructura? ¿Necesita más control sobre su vida? ¿Necesita más límites o límites más claros? ¿Necesita más conexión? ¿Necesita que le recuerde lo mucho que le quiero? ¿Necesita un mejor ejemplo por mi parte? ¿Necesita ayuda profesional? ¿Necesito ayuda profesional? La perspectiva cambia nuestra forma de actuar, y nuestra forma de actuar cambia la forma en que nos percibe nuestros hijos.

No te va a mirar igual si eres el papá que grita a menudo o el que normalmente mantiene la calma. Su forma de verte no va a ser la misma si tu ejemplo es consistente con lo que le pides o si tu vida es un ejemplo de contradicción constante. Si soy consistente, calmado, seguro, decidido, si soy humilde, si soy respetuoso, si reconozco mis errores y pido perdón. Su forma de verme va a reflejar eso. Y su forma de verme va a reflejarse en nuestra forma de relacionarnos.

Una relación basada sobre todo en el amor incondicional que debe de ser la base de la crianza. En la que el niño o la niña sepa que nada de lo que haga puede hacer que le dejemos de querer, que estamos de su lado y que cuidaremos nuestra relación porque sabemos lo valiosa que es. Una relación basada también en el respeto, en el que la figura de autoridad (porque es lo que creo que debe de ser un adulto) utiliza esa autoridad para dar ejemplo. Una relación en la que caben la comprensión ante los errores y la expectativa de esfuerzo, los límites y la empatía, la frustración y los abrazos, el espacio para estar juntos y para ser individuales, el apoyo y la autonomía. Cuando la base es una relación fuerte, el niño está más contento, más seguro, en mejor equilibrio...

Y su comportamiento cambia.

Pero cambia porque quiere. Por motivación intrínseca. Porque es la forma en la que mejor funcionamos los humanos. Cambia porque quiere colaborar contigo, porque desea agradarte, porque los niños que se sienten bien se portan bien.

Pero todo tiene que partir de ti.

Esto es a la vez una bendición y una maldición. Maldición porque no hay varita mágica, y porque pone la responsabilidad sobre tus hombros. Pero bendición porque está en tu mano. Está en tu mano cambiar la situación.

Si estás contenta con como va vuestra crianza, está en tu mano que siga así.

Si te gustaría que tu crianza fuera distinta. Puedes hacer que cambie. Puede que no sea fácil, puede que no sea rápido. Pero es posible. Y está en tu mano hacer el primer movimiento.

Toma las riendas de vuestro efecto dominó.

Quiero seguir formándome para poder ayudaros más y mejor pero los cursos de crianza son muy caros. Si te ayudan mis posts y quieres que siga trayendo contenido de calidad, ahora puedes ayudarme haciendo una pequeña donación. ¡Muchísimas gracias!


Si tienes alguna pregunta o comentario que hacerme, o si tienes algún truco o sugerencia más que quieres aportar puedes hacerlo a través del blog, de la página de Facebook o de la cuenta de Instagram. Y si te ha gustado la entrada o crees que podría ayudarle a alguien que conoces COMPARTE.


¡Mil gracias por leerme!

¡Feliz Crianza!

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