jueves, 9 de febrero de 2017

Cuando se resisten a tomar un medicamento

Al hilo del post anterior "Cómo conseguir que colaboren y qué hacer cuando no hay manera", quería contaros qué hacemos en casa en uno de los casos típicos de resistencia de los niños: los medicamentos. El tema de los medicamentos es un tema delicado, porque puedes probar varias maneras de hacerlo de forma respetuosa, pero al final, si se niega a tomarlo, es una cuestión de salud y por lo tanto entra dentro de los límites firmes que justificaría totalmente dárselos por la fuerza. Que vaya eso por delante, por si no encontramos nada que funcione, que sepáis que aquí el respeto primordial es a su salud y a su bienestar físico. Por supuesto hay formas de hacerlo por la fuerza y a la vez ser respetuoso: informarle de cada paso antes de hacerlo, validar cada sentimiento, hacerlo con firmeza y seguridad y al terminar consolar reconociendo que por supuesto no le ha gustado nada la experiencia, totalmente normal. 

Ahora bien, obligar a un niño a tomar un medicamento puede ser muy desagradable, así que, al igual que hice en el post que os mencionaba antes, voy a contaros primero qué hacemos en casa para conseguir que colabore y después qué hacemos cuando no hay manera y toca hacerlo a la fuerza.

¿Qué hago para que coopere?

Algunas ideas que podéis probar son:

- Hacerlo partícipe en cada paso: dependerá de la edad de tu peque, pero pueden por ejemplo meter la jeringuilla en el orificio del medicamento, tirar del embolo, metérselo en la boca, apretar el embolo... Mientras más cosas pueda hacer él, mejor. Si el medicamento no está preparado para dosificar con jeringuilla, recoge la dósis correspondiente en el vasito, cuchara o lo que sea y de ahí pásalo a una jeringuilla, en mi opinión es más fácil, sobre todo porque no tienes que preocuparte de que se te derrame. Menos preocupación = actitud más tranquila.

- Intentar usar el lenguaje del juego: Podéis practicar antes con agua a que os lo de él a vosotros y cosas así. Podéis tomar el "medicamento" y hacer un gesto muy exagerado de estar malo (o bueno, como veáis). A mi peque le hace mucha gracia tomar el medicamento y decir exageradamente, "Puaggggg, sabe a calcetín sucio" porque lo vio en Peppa Pig una vez. Podéis haceros los tontos e intentar darle el medicamento por el ombligo, por la oreja, hasta que atinéis por la boca. Podéis dárselo a los muñecos antes que a él... Lo que se os ocurra mientras sea divertido. 

- No soy muy fan de engañarles, pero sé que hay quien opta por esconder el medicamento en alimentos como el yogur. No me gusta mucho esta opción, y no la hemos usado nunca, pero entiendo que haya a quien le funcione bien y al final lo importante es que se lo tome. Teniendo esto en cuenta, tienes que tener cuidado con que si lo vas a echar en comida, que sea poquita cantidad para asegurarte que se lo toma todo. (Si deja parte del alimento estará dejando también parte de la dosis).

Son algunas ideas, seguro que vosotros tenéis muchas otras (y estaré encantada de oírlas), pero al final vuelvo a que si no funciona nada y nos vemos obligados a dárselo a la fuerza, quiero que entendáis que estaremos siendo respetuosos. Estaremos cumpliendo con nuestra obligación como madres y padres de mantenerlo sano y salvo. 

¿Qué hago cuando no funciona nada y toca forzarlo?

Mi peque no suele tener problema para tomarse el medicamento, pero las veces que se ha resistido de verdad y no ha funcionado nada lo que hago es lo siguiente

Lo siento en mi regazo de lado, con un brazo suyo por debajo del mío rodeándome la espalda y el otro se lo sujeto con el brazo derecho (porque soy zurda). La jeringuilla la sostengo con la mano izquierda. Le sujeto bien para que no manotee, apoyándolo contra mi cuerpo, le voy diciendo lo que voy a hacer, le meto la jeringuilla en la boca (es más fácil en el lateral, entrándola por la comisura) y se lo echo despacito para que no salga despedido para atrás si lo intenta parar con la lengua. Cuando termino lo abrazo hasta que se calma, a veces incluso sin decir nada, y cuando se calma le digo "no te ha gustado nada, verdad. No es agradable que te den medicina a la fuerza. Mi trabajo es cuidar de ti y esta medicina te va a ayudar." Después viene un rato de abrazos y besos a raudales y cuando se calma pasamos página hasta la siguiente toma. 

Es importante que cuando llegue el momento no vayamos temiendo ya de entrada, ellos lo notan. Notan nuestra tensión, nuestra inseguridad, y nos arriesgamos que sea una profecía autocumplida. Mejor le informamos que es la hora de la medicina con normalidad, ni con alegría exagerada ni con tono solemne, con normalidad, con confianza y seguridad. La medicina se la va a tomar, y no va a pasar nada. Tenéis la situación totalmente controlada. Y si al final no podéis convencerle de que colabore, no pasa nada, sabéis que podéis hacerlo de forma respetuosa, va a ser desagradable pero estaréis manteniendo tanto su cuerpo como sus emociones a salvo. 

Estaréis haciendo vuestro trabajo.



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¡Feliz Crianza!

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