viernes, 21 de abril de 2017

Frases de madre

Dicen que empezamos a aprender a ser padres desde el mismo momento en el que nacemos. Observar cómo actúan nuestros padres, como responden a ciertos comportamientos nos va a definir cómo responderemos nosotros más adelante, ya sea por imitación o por rechazo.

Un ejemplo de esto, aunque hay muchos, son las llamadas "frases de madre". Seguros que todos podemos pensar en algunas. Son esas frases que nos dijeron nuestras madres, que probablemente ellas escucharon de las suyas, y que muchas veces nos encontramos repitiendo nosotros con nuestros hijos. También hay frases de padres, claro está, aunque las que se han llevado la fama son las otras, por el estereotipo de madre encargada de la crianza, supongo. Suele ser una reacción instintiva, una frase que sale sin pensar, a menudo en momentos de saturación, que es cuando el cerebro se pone en "modo automático".


Yo también las tengo, por supuesto. No recuerdo que mi madre tuviera muchas, pero de momento las que han aflorado en mi crianza, aunque casi nunca he llegado a decirlas realmente, son estas 3:

"No estoy" cuando mi hijo me llama insistentemente.
"Róete un codo" cuando me dice, insistentemente también, que tiene hambre.
"Habrá sido Martina" esta es más un recuerdo que un impulso. Mi madre lo decía cuando preguntaba quien había hecho algo y ninguna lo admitía. Martina era la vecina. De momento no he tenido impulso de usar esta porque, por un lado, mi hijo es hijo único de momento, con lo que no hay lugar para preguntar quién ha hecho algo. Y por otro lado, no tengo ninguna vecina que se llame Martina. Pero tal vez más adelante me encuentre con el impulso de decir algo así como "Habrá sido la vecina" sin más.

Son frases que no encajan en mi ideal de crianza, así que aunque me vienen a la cabeza, evito usarlas. Aún así, tengo que reconocer que pensar en ellas me hace sonreír. Porque me hacen pensar en mi infancia, que fue feliz, y en mi madre, a la que adoro.

Ayer estuve leyendo un post en la página de Malasmadres en el que hablaban, en tono de humor como siempre hacen, precisamente de esto. De cómo había frases que repetíamos instintivamente y que nos daban directamente el carné de madre. Había muchos comentarios, muchísimos, claramente era algo con lo que la inmensa mayoría se sentía identificada. Francamente, me reí mucho leyendo el hilo. Pero también me dio bastante tristeza: la inmensa mayoría de esas "frases de madre" eran faltas de respeto a los niños a quienes iban dirigidas.

Antes de seguir quiero dejar claro que entiendo el movimiento que representa Malasmadres, y en gran parte lo comparto. Me gusta que haya un movimiento que intente quedarse en la parte de experiencia compartida de la maternidad, por encima de las diferencias de crianza. Me gusta que se haga un reflejo de la maternidad imperfecta y con humor. Me gusta y no quiero que este post se entienda como una crítica o un juicio de valor ni a la página, ni al movimiento, ni al post en cuestión, ni a quienes comentaron. Simplemente es una reflexión sobre las "frases de madre" en general y sobre lo poderoso que es el ejemplo que recibimos de nuestros padres.

Había frases para todos los gustos, y para todas las situaciones. Algunas más brutas, otras más universales. Me llamó la atención que muchas de las madres que compartieron sus frases y las anécdotas que las acompañaban, expresaban cierto pesar por haberlas usado. Algunas incluso lamentaban parecerse a sus madres en eso. Para mí fue un ejemplo de hasta qué punto nuestro subconsciente absorbe el modelo de crianza de nuestros padres. Era un ejemplo claro de lo que ya sabía en teoría, que cómo tratamos a nuestros hijos define en gran parte cómo tratarán ellos a los suyos, y así consecutivamente en una cascada de influencia de generación en generación.

Para mí, la crianza consciente incluye ser consciente de esos procesos para decidir si es algo que quiero pasar o no. Hay muchas, muchas cosas del ejemplo de mis padres que me gustaría ser capaz de pasar a mi hijo. Pero también hay algunas otras que preferiría no hacer. Por eso leo, por eso teorizo tanto, por eso reflexiono tanto, por eso analizo los momentos, analizo mi reacción, analizo mis sentimientos ante ciertos comportamientos... Porque sé que si no lo hago y me limito a poner el piloto automático, o a "criar por instinto", voy a caer tanto en lo bueno, como en lo menos bueno.

Porque imaginad, imaginad por un momento qué poderoso sería el cambio si consiguiéramos que las "frases de madre" que recordaran nuestros hijos e hijas más adelante fueran otras.

Imaginad si en lugar de "¿quieres llorar con razón?" le dijéramos "¿necesitas un abrazo?"

Si en lugar de "Como te caigas, cobras" le dijéramos "Eso no es seguro, me voy a poner cerca por si acaso".

Si en lugar de "como sigáis así cojo la maleta y me voy" o "no puedo más, me vais a quitar la vida" dijéramos "necesito un respiro, ahora vuelvo."

Si en lugar de "ni pero, ni pera" dijéramos "te escucho"

Si dejáramos de amenazar con cosas que no vamos a cumplir, como irnos de casa, cambiarnos de familia, o regalarlos al circo. Si aprendiéramos a poner nuestras necesidades en la lista de quehaceres del día, como algo tan importante, o más, que poner la lavadora o llevar a la niña a Karate. Imaginaos si cambiáramos las frases de impaciencia, por frases de paciencia, las de incomprensión por frases de empatía... Lo sé, lo sé. Utópico. Difícil. Imposible diría alguna. Innecesario dirán otros. Al fin y al cabo, a todos nos las dijeron y las recordamos con cariño y humor... El caso es que las recordamos con cariño y humor porque por supuesto que la inmensa mayoría de nosotros recuerda a nuestros padres y madres con cariño y humor. Pero esas frases no son inocuas. Porque nos enseñaron que está bien hablar así a nuestros hijos. Y con eso no puedo estar de acuerdo.

La cosa es que si cada uno de nosotros se planteara el cambio de una forma consciente... Haciendo lo que pudiera, cuando pudiera, pero con ese cambio como objetivo. Sin sentirse culpable cuando cayera en la repetición de patrones, siendo consciente de lo jodidamente poderoso que es el impulso y lo mucho que cuesta romperlo, entendiendo que es un proceso y que simplemente con planteárselo y esforzarse en hacerlo lo mejor que pueda en cada momento ya tiene gran parte del terreno ganado. Si cada uno de nosotros lo hiciera con nuestros hijos, ¿os imagináis el efecto que tendría en la sociedad? ¿Os imagináis si ese impulso tan poderoso fuera hacia la empatía? ¿hacia la aceptación de las emociones propias y ajenas? ¿hacia el saber poner límites a los demás con asertividad y respeto? ¿hacia el autocuidado? ¿hacia el respeto hacia las necesidades propias y ajenas? ¿Os lo imagináis? ¿Os imagináis cómo sería una sociedad en la que esos impulsos fueran la experiencia común a compartir por la mayoría? Si alguna vez habéis deseado tener un superpoder, yo creo que esto se acerca bastante...


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¡Mil gracias por leerme!

¡Feliz Crianza!

3 comentarios:

  1. Muy bien dicho, todos deberíamos reflexionar acerca de este post. Enhorabuena! Y gracias por tus palabras.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, Samantha. Me alegro de que te haya gustado. :)

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  2. Solo gracias. Contigo he aprendido a desarrollar esta necesidad que tengo de ser una mejor madre para mi hija. Tomo conciencia de cada actuar mio hacia ella y de las palabras que le digo. Me gustaría leer más, pero a veces es imposible y tu me lo haces fácil... puedo llegar a esa información en forma resumida y simple, no sabes como te lo agradezco.
    Johanna desde Chile. Un abrazo.

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