miércoles, 15 de febrero de 2017

Cuando somos capaces de ver más allá de su rechazo

Llevo toda la tarde notando raro al peque. No es que estuviera especialmente irascible, pero se movía como a cámara rápida, como si fuera incapaz de estar parado un segundo. Como si hubiera cierta desesperación en sus movimientos. Como si toda la tarde tuviera muchas ganas de hacer pis. Lo he achacado a que estaba cansado. Y efectivamente, al llegar al final del día hemos tenido explosión emocional.


El detonante ha sido que hoy he ido yo a dormirlo en lugar de papi. Normalmente le acompaña a dormir mi marido, pero hoy quería hacer una cena un poco especial y me ha pedido que fuera yo a acostar al peque mientras él iba cocinando. Al peque no le ha gustado nada el cambio, y ha protestado con esa intensidad especial que tienen los niños cuando están exhaustos. Ha llorado mientras lo acompañaba, y ha llorado cuando lo he ayudado a meterse en la cama. Ha llorado aún más cuando me he tumbado en la cama con él. Me gritaba insistentemente que me fuera, mientras llamaba a su padre. Yo me limitaba a acompañarle en silencio, tocándole, intentando transmitir calma, y de vez en cuando le decía "No voy a dejarte solo mientras lo estás pasando mal".

Entonces ha cambiado el "vete, mamá, vete" por un "fuera de mi cama". Su cama es su espacio, así que por supuesto me he sentado junto al colchón. No he llegado ni a poner el trasero en el suelo cuando ha empezado a llorar lastimosamente diciendo "Estoy solito, mami". Evidentemente no quería que me fuera en realidad, estaba enfadado y actuaba en consecuencia. Si mi marido hubiera venido a "rescatarlo" habría dejado de llorar, y yo me habría ido quizás un poco dolida y me habría perdido experimentar lo que pasó después:


Le he preguntado si podía meterme en la cama con él y me ha dicho que sí. Ha llorado en mis brazos un ratito más mientras yo le decía que entendía lo que había pasado, que estaba muy enfadado y no podía parar. "Estoy aquí, cariño. Estoy aquí. Puedes llorar lo que necesites. Mamá te quiere siempre. Lo sabes, ¿verdad? Aunque me estés gritando porque no quieres que me acerque, te sigo queriendo igual." He empezado a decirle lo mucho que lo quiero y que eso no cambia haga lo que haga y en menos de dos minutos he notado que su respiración era ya distinta, profunda. Estaba dormido.

No es mala forma de despedir el día, ¿verdad?

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¡Feliz Crianza!

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