jueves, 23 de marzo de 2017

"¿Cómo decido qué límites poner?"

"En este blog se habla mucho de establecer límites, pero me cuesta mucho saber en qué situaciones ser firme y en cuáles no es tan importante y se puede ceder. No tengo problema cuando son cosas que afectan a la seguridad del niño o de los demás, pero cuando son otras cosas... Me siento perdida."



Los límites son necesarios

Los límites, normas, reglas o como queramos llamarlos son importantes para la convivencia. Forman parte de la vida de todos y en su mayoría están más o menos consensuadas: no podemos apropiarnos de lo que no es nuestro, no podemos golpear a otros, no podemos fumar en hospitales o escuelas, no podemos conducir con exceso de velocidad o en estado de embriaguez, hay vagones de tren donde no podemos hablar en voz alta,... La mayoría de estas normas, o límites, están contempladas por ley y su incumplimiento tiene consecuencias legales (si te pillan). Vamos, que lo de las normas y los límites no es exclusivo de los niños. Desde luego mi vida está llena de límites, lo que pasa es que ya los conozco y los tengo asimilados y en general no necesito que nadie los establezca por mí. Pero mi hijo no los conoce y no los tiene asimilados aun, así que parte de mi trabajo como su madre consiste en ir enseñándoselos y si en un momento por lo que sea no es capaz de regirse por esa norma, mi papel será establecer el límite y asegurarme de que lo cumple.

Hace tiempo leí un símil que me ayudó mucho a entender lo beneficioso que son los límites en el desarrollo de los niños:

Imaginad que vais conduciendo por una carretera, de noche y lloviendo, y tenéis que cruzar un puente. Si la calzada no está pintada y bien delimitada, iremos tentativamente, despacio, temerosos de que en cualquier momento podamos caernos al río. Sin embargo, si la calzada está pintada y perfectamente delimitada, pasaremos con confianza y tranquilidad, sabiendo que si permanecemos dentro de esos límites no nos va a pasar nada.

Con los niños sucede lo mismo. Cuando los límites son claros y consistentes, los asimilan mejor y pueden centrarse en explorar, desarrollarse y aprender otras cosas.

El caso es que sabemos que los límites son importantes, pero también sabemos que el exceso de límites es perjudicial porque inhibe el desarrollo de los niños. Si los padres estamos continuamente con el NO en la boca, no les vamos a dar el espacio para crecer y explorar que necesitan. ¿Cómo decidimos dónde está el término medio? ¿cómo sabemos qué límites son importantes?

¿Qué límites son necesarios?

Yo creo que para esto de los límites no hay una única respuesta correcta. Va a depender de nosotros y de lo que para nosotros sea importante. Por ejemplo, habrá quien piense que "no meterse la arena de la playa en la boca" es un límite firme, y habrá quien piense que forma parte de la exploración y la diversión de ir a la playa. La higiene suele ser un límite firme, pero habrá quien entienda la higiene como un baño diario, quien lo entienda como un baño cada dos días, o quien lo entienda como lavarse las manos y la cara todos los días pero bañarse cada cuatro. No sé, es un poner. Y lo mismo para todo, tirar la comida, jugar con el agua, saltar en la cama. Cada familia tiene normas y límites distintos. Así que la pregunta es ¿para ti qué es importante? ¿qué normas son importantes para tu familia? porque ten en cuenta que tu hijo es un miembro de tu familia y que las normas que aprenda son para pertenecer a ella plenamente. 

Para mí, y seguramente para la inmensa mayoría de nosotros, el punto de partida sería la seguridad, no permitiendo conductas que le pongan en peligro. Pero esto es más subjetivo de lo que en principio podría parecer, porque cada uno de nosotros tenemos conceptos de riesgo diferentes. Si nuestro concepto de seguridad consiste en que no se haga daño en absoluto, vamos a tener que establecer muchísimos límites en torno a su exploración y a su aprendizaje. Si por el contrario nuestro concepto de seguridad consiste en permitir las conductas con las que puedan hacerse un daño limitado, básicamente poniendo el límite en aquello que pueda llevarnos al hospital o causar un daño catastrófico, habrá menos límites que establecer. Así que ya vemos que incluso en algo tan consensuado como la seguridad podemos encontrar matices.

También creo que es importante partir de ciertos conocimientos de desarrollo infantil a la hora de decidir qué permitir y qué no. Por ejemplo, nos puede parecer peligroso que salten en el sofá, pero limitarse a prohibirles que lo hagan no tendría en cuenta la importancia de esa necesidad de saltar dentro de su proceso de desarrollo. Si somos conscientes de eso en lugar de prohibirlo sin más buscaríamos la manera de permitirlo pero de una manera que nos pareciera más apropiada. Y con eso estaríamos encontrando el término medio. En lugar de simplemente "En el sofá no se salta. ¿Quieres bajar tú o prefieres que te baje yo?" sin más, sería "Espera, vamos a apartar la mesa y a poner unos cojines si queréis saltar" o si directamente es que no quieres que salten en el sofá porque no quieres que se estropee sería "No puedo dejar que saltes en el sofá porque se estropea, en lugar de eso vamos a poner un colchón en el suelo" por ejemplo, o cualquier otra opción que te parezca apropiada.

El respeto a uno mismo, y a los demás, es otro básico en el que todos estamos, o deberíamos estar, de acuerdo. Por ejemplo, en la biblioteca no se grita por respeto a quienes están allí. Eso es una norma de convivencia. Le explico la norma a mi hijo que resulta que se ha enfadado porque otro niño ha tomado un libro que acababa de dejar. Mi deber es asegurarme que mi hijo aprende las normas se convivencia e intentar en la mejor de mis habilidades que las cumpla por respeto a sí mismo o, como en este caso, a los demás. Así que para no molestar, lo tomo en brazos y lo saco de la biblioteca hasta que se calme y podamos volver a entrar. Aquí entraría de nuevo el factor conocimiento sobre desarrollo infantil para poder decidir por ejemplo que hay ciertas actividades para las que nuestro peque puede no estar preparado aun, o para saber cómo actuar ante comportamientos que rompen esta norma pero que son totalmente normales para su edad y nivel de desarrollo como pegar o morder. 

Y a veces podemos encontrarnos que ciertos límites entran en conflicto, por ejemplo creo ciegamente que un niño tiene derecho a establecer límites en torno a su cuerpo, y decidir por ejemplo sobre cuánto comer, a quien besar o incluso si quiere llevar abrigo o no. Pero en situaciones de emergencia o de salud ese derecho suyo a establecer límites en torno a su cuerpo entra en conflicto con nuestra obligación a establecer límites en torno a su salud. Mi hijo puede decidir si quiere llevar abrigo o no, pero si hace -2ºC y no se quiere poner abrigo, yo puedo establecer el límite de "sin abrigo no salimos a la calle" y a partir de ahí que decida si salir con abrigo o quedarse en casa (aunque la verdad, lo más práctico es llevar el abrigo en el bolso y esperar a que me lo pida, porque si no lo convierto en una lucha de poder, en cuanto tenga frío me lo va a pedir). Igualmente puede que para nosotros sea muy importante respetar su autonomía corporal y permitir que establezca límites en torno a quien puede tocarle y donde, no obligarle a besar o a abrazar, no hacerle cosquillas o parar inmediatamente cuando lo dice... Pero si por una cuestión de salud necesitamos inmovilizarle para algún procedimiento médico o para administrarle un medicamento, pues habrá que hacerlo sin más. Intentaremos primero buscar la manera de que colabore, pero si no lo conseguimos no nos quedará otra que hacerlo a la fuerza, pero tomar un medicamento que necesita para su salud sería un límite firme.

Fuera de estos tres básicos, una cosa que me suele ayudar a decidir si debería establecer un límite en torno a algo es fijarme si me está molestando. Si veo que me está removiendo y que me estoy empezando a enfadar es el momento de analizar de donde viene ese mosqueo. Necesito asegurarme de que ese mosqueo está relacionado con lo que está haciendo el niño realmente, porque a veces, más de las que nos creemos, tiene más que ver con nosotros y con como nos sentimos o incluso con como reaccionaban nuestros padres ante ese mismo comportamiento. Hay veces que por ejemplo nos vemos impulsados a establecer un límite porque hemos tenido un mal día, y algo que normalmente permitimos hoy reaccionamos mal, o tal vez nos sentimos empujados a establecerlo porque hay otro adulto mirando y nos sentimos juzgados. Este tipo de cosas no tiene en realidad nada que ver ni con el niño ni con el comportamiento, y todo que ver con nosotros, así que ser conscientes de esto nos puede ayudar a decidir de una manera más justa qué límites establecer. Por otro lado es posible que me de cuenta de que establecer ese límite es algo importante para mí aunque no lo hubiera pensado en un principio. En general, cuando siento que algo me empieza a molestar suele ser señal de que necesito establecer el límite, puede ser un límite firme que se convierta en norma de una forma permanente, por ejemplo durante mucho tiempo mi hijo nos tocaba los codos para relajarse y dormirse, al principio lo aguantaba más o menos bien pero después empezó a resultarme cada vez más y más desagradable, hasta el punto de resultarme insoportable, así que establecí el límite firme "el codo de mami no se toca".  Por otro lado puede que sea un límite temporal, si por ejemplo su padre se encuentra mal y está descansando puedo pedirle que no juegue con cosas que haga ruido, y podría incluso retirárselos ese día o pedirle que juegue sólo sobre la alfombra de forma que amortigüe el ruido. Pero en general siempre, siempre es preferible establecer un límite de forma razonable y razonada cuando EMPEZAMOS a notar que nos molesta, que aguantar sin decir nada hasta que no podemos más y EXPLOTAMOS.



En resumen, mi lema para los límites es salud, seguridad, y respeto a sí mismo, a las personas que le rodean y a los objetos que no son de su propiedad como básico. Y a partir de ahí, lo que cada familia decida procurando siempre tener en cuenta las necesidades de desarrollo del niño.


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