miércoles, 4 de enero de 2017

Manejo de rabietas: ejemplo real

Ejemplo real de ayer mismo de como gestiono los desbordes emocionales (rabietas) de mi peque de 3 años:

Contexto: Está jugando en su habitación. Su padre está dormido en el sofá. Yo estoy en el baño. Son las 4 de la tarde en España (hora de la siesta que él ya no duerme). Vivimos en un piso con vecinos abajo (y arriba, y a los lados). Decide ponerse a jugar con su carrito de bebé corriendo por toda la casa a toda velocidad haciendo más ruido del que me parece prudente a esa hora teniendo vecinos abajo.
Desde el baño, con la puerta cerrada:
- Cariño, estás haciendo mucho ruido. Vas a molestar a los vecinos.
- ¡Vale!
Había parado para escucharme, pero vuelve a correr igual que antes. Pruebo de nuevo.
- Cariño, necesito que pares de jugar con el carrito. Estás haciendo mucho ruido y es hora de siesta.
- ¡Vale, mami!
Sigue corriendo.
PRIMERA LECCIÓN: Dar indicaciones desde otra habitación con la puerta cerrada no funciona con un niño de tres años. Necesita contacto visual y físico.


Decido salir, francamente molesta por no poder estar un momento tranquila en el baño (¿alguien se siente identificada?) Paro al peque, y le digo que no puedo dejarle jugar con el carrito, que puede jugar con el bebé, y que podrá jugar con el carrito más tarde. Se enfada. Le doy el muñeco y lo tira, así que para evitar luchas de poder, agarro el carrito, lo pliego y directamente lo pongo fuera de su alcance.

Entramos en desborde monumental. Empieza a llorar y a gritar que le de el carrito. Me siento en el suelo de su habitación, con las piernas cruzadas y le abro los brazos, pero no está preparado para que le abrace. Me empieza a gritar para que me ponga de pie y le de el carrito, empezamos con la rutina de validación, verbalización, ofrecimiento de consuelo:
- "Lo sé, cariño. Estás muy enfadado. Estabas jugando, te lo estabas pasando muy bien, y ha venido mami a quitarte el carrito. Eso no te ha gustado nada." (Baja ligeramente intensidad, pero continúa)
- "Luego podrás jugar con el carrito, cuando ya no sea la hora de la siesta, que no quiero que molestemos a los vecinos." (La intensidad sube considerablemente)

SEGUNDA LECCIÓN: No le intentes convencer de lo razonable de tu límite en un momento de desborde emocional. Lo interpretan como que les estás intentando convencer de que no tienen motivos para ponerse así, y responden mostrándote exactamente lo muy, muy, muy equivocada que estás y los muy importantes motivos que tienen para ponerse como se han puesto.

Volvemos a la validación a nivel máximo:
- "Estás muy enfadado. Enfadadísimo. Quieres que vea lo enfadado que estás. Te he quitado el carrito y no te ha gustado ¡NADA!" (Baja intensidad un poco)
- "Ven aquí que te de un abrazo" Lo tomo en mi regazo y lo abrazo, pero se zafa y aumenta la intensidad.

TERCERA LECCIÓN: El consuelo mejor siempre ofrecerlo y que sean ellos quienes lo busquen, mientras tanto mejor simplemente mostrarse disponible.

Volvemos a la validación a saco. Va bajando la intensidad pero sigue llorando. Me dice que vuelva al baño, y le digo que vale, pero al levantarme me mira desde abajo y me alza las manos. Bien, parece que ahora sí busca consuelo. Lo tomo en brazos y le ofrezco ir a nuestra cama a saltar para que me enseñe lo muy, muy enfadado que está, y me dice que sí, pero cuando llegamos me dice que no quiere estar enfadado:
- "No puedo estar enfadado todo el rato", me dice (me suena a cosa del cole, es la primera vez que le oigo algo así y nosotros no limitamos sus enfados). "Quiero estar triste".
Así que le ofrezco acurrucarnos en la cama abrazados hasta que se sienta mejor. Me dice que sí. Nos acurrucamos, y entre arrumacos, abrazos, besos y risas, pasa la tormenta.

Tiempo total: 30-40 minutos

Para leer más sobre desbordes emocionales: Manual para rabietas

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¡Feliz Crianza!

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