martes, 2 de mayo de 2017

"Después podrás tomar helado" de Teacher Tom

Ponerse en el lugar de los niños siempre resulta un ejercicio de lo más clarificador. Nos ayuda a entender las cosas desde su perspectiva, nos ayuda a entender sus reacciones, su comportamiento, sus emociones. Por eso, cuando leí este post del magnífico blog de Teacher Tom, un maestro que trabaja en una pequeña cooperativa de enseñanza libre en Seattle, no dudé en traducirlo para vosotros. Es un post muy breve, pero cargado de sabiduría. De ese tipo de sabiduría especial que te da cuando tienes la oportunidad de experimentar por un momento la vida de una persona de dos años.


El post se llama Then you can have some ice-cream (Después podrás tomar helado), como siempre que el original está en inglés, lo que os traigo al blog es una traducción realizada por mi, con lo que tendréis que disculpar cualquier fallo de traducción que haya.

La niña de dos años me dijo: "Si te comes esto, puedes tomar un poco de helado". Ella colocó un plato frente a mí en el que había colocado una bola de plastilina.

Yo dije, "¿Qué es?"
"Es comida sana".
"¿Qué tipo de comida sana?"
"Tú sólo cómetelo."
"Necesitaré un tenedor."
"Te traeré uno, maestro Tom." Ella rebuscó por la estantería hasta que encontró uno de plástico. "Aquí está tu tenedor, ahora come tu comida."

Fingí tomar un bocado. A veces, cuando los niños quieren que pruebe su comida imaginaria, hago una cara cómica y digo, "Está asqueroso" o "¡Está demasiado caliente!" Pero esta vez le dije: "¡Qué bueno, voy a comerlo todo!" Apuñalé la masa de juego con mi tenedor fingiendo metérmelo todo en la boca, luego la escondí en mi regazo mientras fingía masticar y tragar. "Ahora estoy listo para mi helado."

El "helado" era más masa de juego que tenía en un recipiente. Por un momento pensé que iba a servirme, pero luego me dijo: "Primero tienes que darte un baño, entonces podrás tomar un poco de helado".
"No quiero bañarme."
"Tienes que darte un baño si quieres tomar un poco de helado."
"Necesitaré una toalla."
"Te traeré una, maestro Tom." Encontró una pequeña manta en nuestra cuna de muñecas. "Aquí está tu toalla."

Fingí bañarme, luego dije: "Ya estoy limpio y fresco, ahora estoy listo para ese helado."
"No, primero tienes que ponerte el pijama."
"No quiero ponerme el pijama."
"Tienes que ponerte el pijama, entonces podrás tomar un poco de helado."

Seguimos un par de rondas más como estas. Estaba claro que no iba a conseguir ningún helado.

Todo era fingido. La comida no era real, el baño no era real, los pijamas no eran reales. Incluso el helado no era real. Nada de esto era real, todo era un juego de niños, aún así mientras ella seguía poniendo esa recompensa siempre fuera de mi alcance, noté un hilillo de creciente molestia y desamparo subyacente a mi juego. Me sentí manipulado y controlado. Yo había saltado a través de sus aros, pero siempre había otro colocado delante de mí. El juego era fingido, pero las emociones que evocaba eran reales.
Immagina cómo de fuertes serían esas emociones si yo fuera el niño, ella el adulto, y no fuera un juego, sino más bien una parte de mi realidad cotidiana.

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En este post podríamos reflexionar sobre lo poco apropiado de utilizar comida insana como recompensa por comer comida sana. Podríamos reflexionar también sobre lo poco apropiado de ofrecer una recompensa que en realidad no tenemos intención de dar. Podríamos reflexionar sobre lo poco apropiado en general de las recompensas como forma de ejercer control. Podríamos reflexionar sobre los métodos que utilizamos para controlar y manipular a nuestros pequeños, y lo que les estamos enseñando con ello. Podríamos reflexionar sobre quien manipula a quien con mayor frecuencia durante esos "terribles" dos años. Podríamos reflexionar sobre cómo la crianza remueve en nosotros sentimientos olvidados hace mucho tiempo. Podríamos reflexionar sobre la necesidad de ejercer control sobre nuestros hijos. Podríamos reflexionar sobre muchas cosas, pero eso os lo dejo a cada uno de vosotros. Decidid vosotros qué píldora de sabiduría extraéis de esta pequeña joya de Teacher Tom. Y si os apetece, me lo contáis.

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¡Mil gracias por leerme!

¡Feliz Crianza!

1 comentarios:

  1. Definitivamente la empatia es una cualidad que deseamos practiquen con nosotros pero que no estamos dispuestos a ejercer con los demás, en especial con los más pequeños.
    Me quedo pensando en lo importante que será ponerme en los zapatos de mi pequeñita cuando al fin llegue. Yo detesto las promesas no cumplidas... Hay mucho en que pensar. Gracias Rosita!

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