jueves, 16 de febrero de 2017

Poner límites a nuestros hijos en torno a nuestro cuerpo.

Hay muchas situaciones en las que nuestros hijos se acostumbran a disponer de nuestro cuerpo como parte de su día a día: maman de nuestros pechos, nos toman las manos para dormir, tal vez necesiten tocarnos el cabello, pueden pasar horas en nuestro regazo. Los niños por lo general necesitan muchísimo contacto y por supuesto nuestro cuerpo es su fuente principal de la que beben como pajarillos sedientos. Por regla general, todos esos momentos nos traen satisfacción a todos, son momentos tiernos, dulces, de intimidad, de estos que atesoras en tus recuerdos durante años. Pero también hay veces que no es así. Hay veces que la necesidad de contacto del niño se manifiesta en formas que no son agradables para los padres. No incluyo aquí a los casos en los que la lactancia es dolorosa, esto suele ser debido a un mal agarre y se suele solucionar con la ayuda de una matrona correctamente formada en lactancia o una asesora de lactancia. Me refiero a los casos en los que la forma de tocarnos o de buscar contacto con nuestro cuerpo por parte de nuestros hijos es una cuestión de preferencia. ¿Qué hacemos entonces? ¿Aguantamos estoicamente porque es lo que el niño necesita? ¿Limitamos el tiempo buscando un término medio? ¿Lo cortamos de raíz? ¿Qué es lo más respetuoso?


Para mí, que sigo las enseñanzas de Magda Gerber, en mi relación con mi hijo es fundamental una comunicación honesta y genuina. Deseo que él se sienta con la confianza de decirme si algo que yo hago no le gusta, que entienda que su cuerpo es suyo y que yo voy a respetar sus deseos excepto cuando sea una cuestión de seguridad. Pero también es importante que entienda que los demás también tienen derecho a poner límites en torno a su cuerpo, y que esos límites deben ser respetados por todo el mundo, sean quien sean y tengan la edad que tengan.

Desde que era muy pequeño a mi peque le gustaba tomarnos las manos mientras se relajaba para dormirse o cuando necesitaba consuelo. Con el tiempo dejó de tomarnos las manos y en su lugar empezó a agarrarnos de los antebrazos, metía la manita por dentro de nuestra manga y se agarraba ahí. Era super tierno y era una forma muy fácil de averiguar cuándo tenía sueño. Al principio era solo un brazo, luego pasaron a ser los dos. Yo desde siempre he tenido algo con el hecho de tener los brazos sujetos, no me gusta nada, me hace sentir claustrofobia, me siento como atrapada. Pero en fin, era un momento tierno y lo aguantaba. Con el tiempo aquello siguió evolucionando y pasó a necesitar agarrarnos de los codos, y no solo se conformaba con tocarlo o poner la mano encima, no, urgaba con los dedos en los huesillos del codo. Ufffffff. Me daba una dentera que no podía soportarlo. Me ponía nerviosísima. Me resultaba muy, muy desagradable. Así que sintiéndolo mucho, decidí establecer el límite: los codos de mami no se tocan

Tened en cuenta que lo usaba para dormirse y para consolarse, así que negarle el codo fue peor que cuando hicimos el destete nocturno. Fui con él a la cama como siempre pero cuando quiso meter la mano por mi manga le dije que no le iba a dejar tocar el codo porque no me gustaba. No os podéis imaginar lo mucho que lloró, y la intensidad con la que lo hizo. Se revolcaba por la cama, se tiraba encima de mí, llamaba a su padre... Fue muy intenso. Mientras tanto yo me limitaba a estar a su lado, a impedir que se hiciera daño, a tocarle ligeramente, a hablarle bajito de vez en cuando, le decía que sabía que era difícil, que él quería tocar el codo como siempre y era difícil dormir sin su codo, que yo estaba con él, que sabía que podía conseguirlo, que estaría con él hasta que lo consiguiera, y que lo quería muchísimo, que seguía queriéndolo igual que siempre. Puede que tardara unos 40 o 45 minutos, y fue de repente, pasó de llorar intensamente a un ligero sollozo mientras se acurrucaba en mi brazo. Buscó con su manita y con mi ayuda un sitio donde tocarme que no me molestara y en pocos minutos estaba dormido.

Después de aquello, hubo muchos momentos en los que intentaba volver a tocarme el codo, pero entonces sólo necesitaba un breve recordatorio "el codo de mami, no, cariño" y movía la mano buscando otra parte donde tocarme. Han pasado los meses y ya casi no lo hace. Con su padre, sí. A papá no le molesta que lo haga, así que sigue siendo parte de su ritual para dormir cuando va con él, pero conmigo simplemente nos damos la mano.

Hace poco contesté a una mami que buscaba ideas para que su peque estuviera más tranquilo mientras mamaba porque le daba patadas y tirones y le resultaba desagradable. También una compi bloguera comentó hace un tiempo que su peque se había acostumbrado a agarrarla por el cuello para dormir y que le daba un poco de angustia. Hay madres y padres que aguantan estoicamente cosas así porque les da pena decirles que no a sus hijos cuando ellos simplemente buscan consuelo. Aguantan todo lo que pueden y si por lo que sea no consiguen aguantar y después de un rato explotan, se sienten super culpables.

Si es vuestro caso, quiero que sepáis que tenéis derecho a establecer límites en torno a vuestro cuerpo. Y no sólo es una cuestión de derecho, es una cuestión de ejemplo. 

¿Os gustaría que vuestra hija aguantara estoicamente que su novio la tocara en momentos de intimidad si no está disfrutando de ello? ¿Aunque fuera buscando consuelo? ¿Aunque fuera una muestra de amor puro? ¿Os gustaría que aguantara o preferiríais que fuera capaz de decir que no, de decir "Eso no me gusta"?

¿Y vuestro hijo? ¿Os gustaría que se acostumbre a sentir que tiene derecho sobre un cuerpo ajeno simplemente porque es algo que le hace sentir bien a él? ¿O preferiríais que fuera capaz de aceptar un NO sin dramas, con naturalidad? "¿No te gusta? No hay problema, dime qué te gustaría hacer."

Cuando hablamos de enseñar consentimiento a nuestros hijos e hijas siempre se suele tratar de enseñarles que tienen derecho a establecer límites en torno a su cuerpo, y que nadie tiene derecho a imponerse sobre su voluntad salvo en cuestiones de seguridad o emergencia. Les enseñamos esto respetando cuando nos dicen que no. Y más tarde, cuando son mayores, tal vez incluso lo hablemos abiertamente. Pero, ¿cómo les enseñamos que los demás tienen también ese mismo derecho? Como siempre, la mejor forma es mediante nuestro ejemplo. 

Disfruta de estos momentos con tu peque, disfruta de verdad. ¡Son tan valiosos y los años pasan tan rápido! Si algunas de las cosas favoritas de tu hijo no te resultan agradables, ten confianza en vuestra relación y díselo. Tú mereces disfrutar del momento tanto como tu peque, y tu peque se merece saber que su mamá o su papá está disfrutando del momento tanto como él. Es probable que tarde un tiempo en aceptarlo, pero juntos buscaréis otras opciones que sean satisfactorias para ambos y así podréis seguir disfrutando de verdad. No os merecéis menos. 

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¡Mil gracias por leerme!

¡Feliz Crianza!

3 comentarios:

  1. Yo tuve ese problema con mi hijo cuando era un bebe, le gustaba ponerme las manos en la cara y yo desde siempre tengo un problema que es que me pone mala que me toquen la cara,hasta el día de mi boda mientras me maquillaban apretaba los dientes, pero nada cuando lo hacía le apartaba las manitas y le decía que la cara de mami no se toca y ya está, la gente me miraba raro porque claro para ellos era algo adorable que el niño me acariciase la cara pero... para mí no.

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  2. Hola muchas gracias por el articulo, una pregunta: y si lo que no te gusta, es levantarte muchas veces a mecer al bebé durante la noche. Y lo pide y lo pide y no se deja por nadie más. Se puede aplicar igualmente? O como no es siempre siempre, no hay qur ser tan firme en eso y aguantar estoicamente las contracturas?

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    Respuestas
    1. Con cualquier aspecto de la vida con nuestros hijos, especialmente cuando se trata de cuestiones de preferencia y no necesidad como tal, lo ideal sería buscar un equilibrio. Si mecerle durante mucho tiempo no es sostenible y te está haciendo daño, o bien te turnas y aceptas con naturalidad su desacuerdo, o bien buscáis otra forma de ayudarle a que se duerma que no te dañe la espalda. Lo más importante es entender que a los niños no les gustan los cambios, y que es normal. Que cualquier cambio va a ir acompañado de protesta y que nuestro papel es acompañar, validar, y apoyar emocionalmente mientras hacemos lo que hemos decidido que es mejor para toda la familia.

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