jueves, 1 de diciembre de 2016

La maternidad y los miedos: Cómo evitar que influyan en tu hijo.

Yo siempre he sido bastante optimista y bastante despreocupada. Nunca me han agobiado las cosas del futuro porque mi experiencia es que al final todo se arregla y si no se arregla siempre hay alguna manera de seguir adelante. Así que para mí fue una experiencia nueva cuando decidimos empezar a buscar un bebé y mi cabeza se llenó de temores y de 'y si's.

"¿Y si no podemos tener hijos?"
"¿Y si lo pierdo?"
"¿Y si no viene bien?"
"¿Y si no puedo darle el pecho?"
"¿Y si se pone malito?"

Era una sensación extraña. Cuando por fin tuvimos nuestro positivo, fue una gran felicidad, pero era una felicidad que tenía siempre algún miedo latiendo detrás. Un miedo subyacente que estaba siempre presente en mayor o menor medida.

Para superar ese miedo decidí que necesitaba sentir que tenía el control de la situación, así que me puse a estudiar y a leer y a pensar. Para las situaciones que no podía controlar imaginaba escenarios en las que las cosas no salían bien, y me visualizaba superándolas. Y para las que sí podía controlar, me sumergía a estudiar todo lo que cayera en mis manos. Fue mi manera de ir superando los muchos miedos, temores e inseguridades que tenía entonces.

La información y el conocimiento me ayudaron muchísimo: Leer la experiencia de otras madres; Leer lo que la ciencia dice en ciertos temas de crianza; Ver una y otra vez las mismas consultas y aprender de las respuestas. Todo ello fue llenando mi mochila de herramientas de forma que cuando me llegaba el turno de experimentar aquello sobre lo que ya había leído, todo me resultaba más familiar.

En el post de hoy, voy a hablaros de algunos de algunos de los temores más comunes y cómo los hemos ido enfrentando nosotros en casa. Evidentemente son temores de familia privilegiada, que tiene salud y que no tiene problemas para cubrir sus necesidades básicas. Otras familias tendrán otra clase de temores, probablemente mucho más serios y de más difícil solución. Aún así espero que podáis encontrar algo de utilidad en esta entrada:
LA SALUD

Para temas de salud estaré eternamente agradecida al antiguo grupo de Facebook "El Médico de mi hijo", ahora convertido en la web Mamicenter. Ahora mismo, Mamicenter es una web de consultas pediátricas donde participan muchísimos profesionales de la salud infantil de casi todos los ámbitos. Entré en ese grupo cuando nació mi sobrina, dos años antes de convertirme en mami, y fue como hacer un máster en salud pediátrica. Veía una y otra vez repetirse las mismas consultas: fiebre, tos, mocos, golpes en la cabeza, erupciones en la piel; empecé a ser capaz de distinguir algunas de las más comunes: varicela, boca-mano-piés, exantema súbito, impétigo, moluscos... y eso que hasta entonces salvo la varicela no conocía a ninguno más. Me sabía al dedillo el decálogo de la fiebre, cómo distinguir si el niño tiene tiraje (dificultad respiratoria), y cuáles son las señales de alarma ante una posible contusión cerebral... También me ayudaron a romper con algunos mitos, como el de no bañarlos después de cenar para evitar el corte de digestión, o el de que andar descalzos produce resfriados. Podría pasarme horas contando todo lo que aprendí gracias a ese grupo, pero fue mucho, muchísimo. En general, aprendí a manejar el 90% de las enfermedades comunes con las que se puede encontrar un niño sano. En casi tres años, sólo hemos ido dos veces a urgencias: por una sinovitis de cadera (que casualmente no había leído jamás nada sobre ella y que me dio un susto de muerte) y para darle un par de puntos en una herida. Las visitas a su pediatra también han sido contadas, y habrían sido menos si no hubiera sido porque necesitaba justificante médico para el trabajo porque me había quedado con él en casa. Siempre he dicho que gracias a ellos nunca me he sentido primeriza. El formato que tiene ahora como web es muy diferente al que tenía como grupo de Facebook. Como web es más difícil utilizarlo para aprender como lo utilicé yo, porque tienes que meterte expresamente a la web para leer, y es algo que sólo hago si tengo algo que consultar. Aún así, merece muchísimo la pena. También tienen un blog con información utilísima.

LA ALIMENTACIÓN

Para mí, partiendo de un contexto de crianza consciente, siempre ha sido muy importante que mis miedos no limitaran a mi hijo. El otro día vi una entrevista a Marion Cotillard donde le preguntaban sobre su embarazo y si tenía algún antojo o manía con la comida. Ella contestó que en sus embarazos se obsesionaba con comer comida que no le gustara, porque no quería que sus gustos limitaran en nada a los de sus hijos. Esto parte de la base científica de que los niños se van familiarizando con ciertos sabores desde el útero, con lo que tiene mucho sentido. Yo no llegué a esos extremos, pero me encantó ese afán de no limitar a nuestros hijos, de proporcionarle todas las opciones para que ellos mismos decidan.

Pasta con brócoli. (6 meses)
Cuando decidimos hacer Baby-led weaning (introducir directamente los sólidos a los 6 meses como alimentación complementaria sin pasar por las papillas) evidentemente tenía el temor de que se pudiera atragantar. Ese temor una vez más lo combatí a base de conocimiento. Toda la base científica que leía decía que era una opción, no sólo válida sino con mayores beneficio que la introducción tradicional. Hablaban de una mejor autorregulación, hablaban de ventajas en la masticación y en el habla, hablaban de una mejor educación nutricional, y hablaban también de que bien hecho el riesgo de atragantamiento en niños que practicaban BLW era incluso menor al que tenían niños con más edad a los que se les introducían los sólidos después de haberse acostumbrado a las papillas. Tener toda esa información me empoderó y mi confianza empoderó (con el tiempo) a mi marido y al resto de adultos de la vida del peque (y que no las tenían todas consigo). Para estar más tranquila todavía, me veía periódicamente videos sobre qué hacer en caso de atragantamiento de un bebé (que realmente deberíamos ver todos, porque nunca se sabe qué pueden meterse en la boca). Y para los primeros días seguí al pie de la letra un consejo: "siéntate sobre tus manos", para no reaccionar tan rápido, para dar la oportunidad al peque de manejar la situación por sí mismo. ¿Y sabéis qué? Mientras fue bebé no tuvimos ni un solo susto gordo, no tuvimos que intervenir nunca, siempre se apaño el peque bien. La única vez que tuvimos que intervenir fue ya con 15 meses, por culpa de un berrinche y un pico de pan.

Sobre las elecciones a la hora de la comida, yo soy muy malcomedora, con los años voy mejorando pero aun hay muchos alimentos que no me gustan. Aún así, siempre que hay un alimento nuevo en la mesa se lo ofrezco al peque, sea como sea, y opine yo lo que opine. Intento evitar los "eso no le va a gustar", porque creo que es imposible saberlo hasta que no lo pruebe y decida él por sí mismo. Y si ahora no le gusta pero dentro de dos meses vuelve a tener la oportunidad de probarlo de nuevo, le volveré a ofrecer, porque es posible que haya cambiado de opinión. Hoy por hoy, puedo decir que mi hijo tiene unos gustos muchísimos más variados que los míos (¡afortunadamente!)

LAS CAÍDAS

Otro de los temores típicos que tenemos durante la crianza es que se puedan hacer daño. Este temor es un problema si quieres seguir las teorías del desarrollo motor natural. Cuando has leído las innumerables ventajas de que los niños consigan sus hitos de desarrollo por sí mismos, se hace incompatible con ir sujetándolos constantemente para que no se caigan. Lo mismo sucede cuando están convencida de la gran lección de vida que hay detrás del hecho de levantarse después de una caída. Mi estrategia en este caso era pensar en qué es lo peor que podía pasar y compararlo con el aprendizaje que podría extraer de la situación: cuando estaba empezando a dar sus primeros pasos en casa lo hacía solo o empujando un camioncito o una silla, ¿qué era lo peor que podía pasar? probablemente que se cayera de culo, o que se diera un golpe en la cabeza desde su propia altura, nada que no se arreglara con un abrazo. Evidéntemente despejábamos el camino de cosas que fueran realmente peligrosas. Mi mantra era "si sólo le va a doler, no pasa nada, mientras no se HAGA DAÑO". Mi papel entonces era simplemente calibrar el riesgo y procurar evitar los grandes mientras le daba opción de intentar las cosas por sí mismo. 

En el parque, por ejemplo, no lo subía a los toboganes, ni siquiera cuando era bebé, le daba la opción de intentarlo por sí mismo y me colocaba de forma que si perdía pie pudiera frenar la caída fácilmente. Algo parecido sucedía con las escaleras. Cuando empezó a obsesionarse con subir y bajar mi enfoque fue el de darle todas las oportunidades posibles para practicar, hasta el punto de que algunos días en lugar de ir al parque salíamos a la escalera del bloque a subir y bajar. Siempre lo hacía solo, yo no lo sujetaba, mi postura era colocarme inmediatamente delante de él si estaba bajando e inmediatamente detrás si estaba subiendo. Si perdía un poco el equilibrio es posible que se diera un golpe con la pared, o con la barandilla, o incluso con algún escalón, pero cualquiera de esas cosas habrían tenido consecuencias leves. El riesgo grave estaba en caerse por las escaleras, así que mi papel era evitar eso mientras le daba la oportunidad para aprender por sí mismo. Por regla general, cuando quiere hacer algo que es un poco arriesgado, le digo que lo puede intentar, pero que tiene que hacerlo él solo, sin ayuda. El hacerlo así le ha ayudado a tener un concepto bastante acertado de sus capacidades y del riesgo. Si no está seguro de poder hacer algo, lo intenta, y si no lo ve claro, desiste sin problema. De nuevo, el temor fue superado gracias al conocimiento de las ventajas de una actitud menos intervencionista por mi parte en cuanto a su desarrollo motor.


LA HIGIENE

Otro campo muy típico para los temores y los miedos es el tema de la higiene. Esto varía muchísimo de madre a madre, o de padre a padre, y depende de nuestra propia forma de ser. Pero el ser maniático de la higiene o el tener fobia a los gérmenes puede ser algo que lastre muchísimo el desarrollo de nuestros hijos. Por ejemplo, algunos padres evitan que sus hijos chupen objetos o incluso sus propias manos cuando son unos bebés. Supongo que el temor está en que a través de la boca entren gérmenes. Pero si aprendes de la importancia esencial de la fase oral para los bebés, de cómo empiezan a descubrir el mundo a través de la boca, de la cantidad de conexiones neuronales que establece eso, de la cantidad de información que obtienen así... Si eres consciente de eso, seguramente encontrarás la manera de proporcionarle esa oportunidad de una forma que a ti te parezca aceptable. Tal vez eso implique lavar los juguetes o sus manos con frecuencia, o tal vez implique leer un poco sobre cómo se desarrolla el sistema inmunitario o sobrela relación entre un entorno aséptico y las alergias para relajarte un poco. Tal vez te de repelús ver a tu hijo arrastrándose por el suelo y estés tentado a ponerlo en un andador, un parque, una hamaca o una trona con tal de que no lo haga, pero si aprendes lo importantísimo que es el no saltarse ninguna de las etapas del desarrollo motor, y de que la mejor manera de conseguirlo es dejándolo el mayor tiempo posible en el suelo, seguro que encuentras la manera.

Las etapas del desarrollo motor según Pikler


Lo mismo pasa con el juego. Cuando lees sobre la importancia del juego independiente, o del juego sensorial empiezas a relativizar otras cosas como el ensuciarse las manos o la ropa. Los niños aprenden jugando, y mientras más se ensucien más están aprendiendo, porque están aprendiendo con todo el cuerpo y con todos los sentidos. La ropa se lava, la piel también se lava, pero el aprendizaje permanece. Si el tema suciedad te pone nerviosa, seguro que vas siempre cargada de toallitas para limpiarle las manos. Lleva si quieres ropa de recambio para cuando haya terminado el juego. Límpiale bien las manos y la cara. O lleva ropa apropiada para jugar, que pueda ensuciarse. Cuando te haces consciente de la inmensa importancia del juego en el aprendizaje del niño, buscas la manera de encontrar una solución que satisfaga a todo el mundo.

Estos son algunos ejemplos de cómo nuestros temores, nuestros miedos o nuestras manías pueden afectar y limitar el desarrollo de nuestros hijos, pero esto mismo se puede aplicar a muchos otros campos: a las relaciones personales, cuando dejamos que nuestra forma de ver a una persona afecte a SU forma de verla; a los animales, cuando les transmitimos nuestros propios miedos o ascos; a las aficiones, cuando intentamos imponer las nuestras en lugar de escuchar sus gustos... Evidentemente es imposible que nuestros hijos estén totalmente fuera de nuestra influencia. Siempre les vamos a influir, para bien o para mal. Pero la maternidad consciente consiste precisamente en eso: en ser consciente de lo que transmitimos, en ser consciente de lo que nos gustaría transmitir, y en ser consciente de qué cambios necesitaríamos hacer y en hacerlos conscientemente. Y para esto, la mejor arma es EL CONOCIMIENTO.

¿Y tú? ¿te sientes identificado con algunos de estos "temores"? ¿sientes que tus temores influyen o limitan a tus hijos? Si tienes alguna pregunta o comentario que hacerme, o si tienes algún truco o sugerencia más que quieres aportar puedes hacerlo a través del blog, de la página de Facebook o de la cuenta de Instagram. Y si te ha gustado la entrada o crees que podría ayudarle a alguien que conoces COMPARTE.

¡Mil gracias por leerme!

¡Feliz Crianza!

1 comentarios:

  1. Hola!! Tan identificada me siento! Tantos temores o ascos que no me permiten dejarlos explorar desde el ensuciarse o caerse! Me queda una duda sobre como manejar un tema: Mi hija de 2 años y medio me pide mucha ayuda para subir a toboganes o subirse a algun lugar, como hacer para que ella tenga confianza y quiera probar hacerlo sola? Ella no quiere..

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