lunes, 12 de diciembre de 2016

La mejor técnica para limpiar la nariz al bebé


Dicen por ahí que en las consultas de pediatría hay dos estaciones: fiebretosymocos y verano. Como no estamos en verano, eso quiere decir que la mayoría de los papis del hemisferio norte estará lidiando con alguno de los factores de esa tríada, o con todos a la vez. Los mocos, especialmente, es algo que les acompaña en cuanto empiezan a bajar las temperaturas un poco y hasta que vuelvan a empezar a subir, coincidiendo "casualmente" con el inicio y final del curso escolar. No es casual que a los niños se les llame "mocosos". El caso es que los mocos, por ser algo normal, no nos debe y no nos suele preocupar mucho, pero claro, son extremadamente molestos, especialmente para los bebés y niños pequeños que no saben sonarse la nariz y que se ven en dificultades para comer o para dormir. ¿Cómo podemos ayudarles entonces?

Primero habría que entender qué son los mocos:
La mucosidad es una sustancia pegajosa que se genera dentro de la nariz. Tu nariz y tus senos paranasales generan aproximadamente un cuarto de galón (aproximadamente un litro) de mocos por día.
Los mocos tienen un trabajo muy importante: proteger los pulmones. Cuando inhalas aire a través de la nariz, este aire contiene muchas partículas pequeñas, como polvo, gérmenes y polen. Si estas partículas llegan a los pulmones, es posible que los pulmones se irriten o infecten, haciendo difícil la respiración. Pero, por suerte, los mocos ayudan a atrapar estas partículas, deteniéndolas en la nariz e impidiendo su entrada en los pulmones.
Una vez que estas partículas se meten en la nariz, el moco las rodea y rodea parte de los pelos que recubren el interior de la nariz denominados "cilios". Éstos pelos ayudan a mover el moco y las partículas atrapadas hacia el frente de la nariz o la parte posterior de la garganta. Cuando el moco, la suciedad y otras partículas se pegan y se secan, se crea el moco.
          Fuente: Kidshealth.org 

El caso es que los mocos son un mecanismo de defensa del cuerpo humano, así que están realizando una función muy importante. Por eso, lo primero que hay que decir es que no hay que obsesionarse por quitarle los mocos continuamente. Si lo hacemos, el cuerpo identifica que hay un riesgo de seguridad y responde fabricando más y más mocos, con lo cual estamos en realidad empeorando la situación. Como dije, sólo habría que quitarles los mocos cuando estos les molestan para comer o para dormir. El resto del día, mejor limitarnos a limpiárselos cuando asomen.

¿Qué métodos podemos usar?

Los más típicos son aspirar o lavar con suero

Para aspirar se puede utilizar perilla, que normalmente tiene poca efectividad porque no tiene mucha potencia y se limita a limpiar lo que hay sólo en la nariz, o aspirador nasal, que como somos nosotros quienes aspiramos, somos nosotros quienes controlamos la potencia y arrasa con todo. El problema que dan los aspiradores nasales es que si no controlamos bien la fuerza que usamos podemos hacerles daño en los oídos. Oídos y nariz están unidos por conductos, con lo que al aspirar los mocos estamos ejerciendo también una fuerza sobre el oído y el tímpano que puede ser perjudicial. También suele haber mocos en los oídos con lo que al aspirar estos se mueven y se pueden ver atascados en las trompas de Eustaquio produciendo riesgo de otitis. En fin, que los aspiradores nasales no están recomendados.

Lo que se suele recomendar como alternativa mejor es el lavado con suero fisiológico, ya sea en monodosis o con jeringuilla, o con uno de esos spray nasales comerciales con la potencia ajustada a la edad del bebé. De esta forma, se les introduce un chorro de suero por cada orificio nasal que arrastra la mucosidad hacia dentro, dejando los orificios despejados y permitiendo que respire mejor. El suero (y los mocos) pueden tomar dos caminos posibles: pueden o bien salir por el otro orificio, o bien pasar por la garganta con lo que terminará eliminándose por las heces. Aunque lo más probable es que pasen las dos cosas, una parte salga por la nariz y otra parte se arrastre hacia la garganta. Ninguna de las opciones tiene más o menos ventajas con respecto a la otra en cuanto a la salud (otra cosa es que al bebé no le guste nada la sensación del suero pasando por su garganta). Como decía antes, no conviene abusar de los lavados, basta con hacerle uno antes de dormir por la noche si tiene un nivel de mocos "estándar" y una vez antes de cada toma o siesta si tiene un nivel alto de mocos, especialmente si son bebés lactantes y les dificulta las tomas.

En este video podéis encontrar la técnica que recomiendan para hacer los lavados con sueros en bebés:




¿Cómo lo hacemos nosotros?

Cuando era muy pequeño, utilizaba la técnica que recomienda el video de arriba. Pero cuando fue siendo un poco más mayor, empezó a llorar y pelear muchísimo. Yo creo que le daba miedo cuando me echaba encima de él para inmovilizarlo y no hacerle daño, así que con el tiempo fuimos desarrollando y depurando nuestra propia técnica y la diferencia fue abismal: De llorar aterrado a colaborar contento.

1. Calentar un poco el suero: casi lo más desagradable del suero es la sensación de agua fría en la nariz y la garganta. Así que para evitar eso, antes de ponérselo lo sostenía un rato en mi puño para calentarlo ligeramente y ponerlo a temperatura corporal. 

2. Sentado en lugar de tumbado: Yo creo que esto fue lo que más diferencia hizo. El hecho de estar sentado ya no le hacía sentirse tan vulnerable y desprotegido, con lo que se asustaba menos.

3. Usar una toalla por encima para controlar el manoteo: En lugar de tener que sujetarle las manos para evitar que me quitara el suero, le ponía una toalla por encima, bien ajustadita, que le limitara los movimientos lo suficiente como para yo poder limpiarle con más tranquilidad.

4. Sujetarlo con un abrazo: Con una mano lo abrazaba a él por detrás y sujetaba la toalla, lo acercaba a mi cuerpo para sujetarlo mejor apoyado en mi tronco. Le apoyaba su cabeza en mi hombro y la sujetaba con mi barbilla o directamente con los labios dándole un beso en la frente. Es una forma de sujetarlo muchísimo menos agresiva que la que tenía cuando lo hacíamos tumbados, con lo que el factor susto desaparecía casi por completo.

5. Usar un protector/aplicador: Casualidades de la vida, el primer paquete de monodosis de suero que compré fue de la marca Fluirespira que trae un aplicador. No lo hice a propósito, pero terminó siendo una de esas compras imprescindibles. Cuando se ha dado la circunstancia de que he tenido que ponerle suero estando fuera de casa y se me ha olvidado llevarme el aplicador, he notado muchísimo la diferencia. Tanto las monodosis como las jeringuillas son de plástico duro, con lo que al ir a hacerle el lavado me daba miedo arañarle en la nariz y hacerle daño si se movía bruscamente intentando rehuirme. El plástico suave del aplicador evita precisamente eso, con lo que me permite actuar con muchísima más seguridad y confianza. Además, al peque le encantaba jugar a ponerlo y quitarlo de la jeringuilla, con lo que le podía hacer partícipe del lavado: le daba el aplicador, le pedía que me ayudara a colocárselo a la jeringuilla o a la monodosis, le hacía el lavado y cuando terminaba le dejaba un ratito que jugara a ponerlo y quitarlo él solo. Podéis encontrar sueros de la marca Fluirespira en cualquier farmacia, pero si por lo que sea en la vuestra no lo tienen, o simplemente no os apetece salir a buscarlo, podéis encontrarlo también AQUÍ.



Y como una imagen vale más que mil palabras, aquí os dejo un video antiguo que tenía por ahí de cómo hacemos nosotros los lavados. En este video, el peque tenía algo menos de un año. Y no os vayáis a pensar que siempre se deja así de bien. Creo recordar que en esa época encadenó una racha de lavados bastante frecuentes, con lo que se acostumbró a hacerlos y no los peleaba nada. Pero no siempre era así. Lo que sí puedo decir es que lo más que hacía y hace es protestar un poco, nada parecido a los llantos aterrados y desconsolados que teníamos cuando le hacía los lavados tumbado.





Sólo me queda añadir, que al igual que os aconsejaba en el post sobre los cambios de pañal, es importante que tengamos en cuenta varias cosas: avisarles de lo que va a pasar, narrar cada paso que vamos a dar y lo que puede que sientan, validar las emociones que puedan expresar, elegir un momento en el que no estemos interrumpiendo su juego, e intentar hacerlos partícipe de la actividad en la medida de lo posible. 

También aprovecho para dejaros aquí algo de información sobre los otros dos elementos de la tríada fiebretosymocos: Los decálogos de fiebre y de tos elaborados por la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, ambos de imprescindible conocimiento para todos los padres y madres.


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¡Mil gracias por leerme!

¡Feliz Crianza!

1 comentarios:

  1. Me encantó el post!!! Pero tengo una consulta,que puedo hacer si a pesar de ocupar las diversas estrategias para hacerlo más ameno,mi hijo no quiere cooperar? Lo tengo que obligar???
    Cariños!!!

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