jueves, 8 de septiembre de 2016

"Ayudar a los niños pequeños a resolver conflictos" de Janet Lansbury


No nos gusta ver a nuestros hijos sufrir, ¿verdad que no? En una época en la que el bullying comienza a ser visto como un problema social de magnitudes enormes, nos preocupa que nuestros hijos no sean víctimas. Tanto, que se nos plantea como duda cómo ayudarles, incluso antes de que nazca. Este post nace, en parte, por la petición de una amiga del blog que está embarazada de su primer bebé. Fijaos si es un tema que nos preocupa.

Vaya por delante que en este post no se pretende entrar en un tema tan complejo como el bullying. Aquí nos vamos a referir a conflictos típicos de niños pequeños: pegar, morder, quitar juguetes, normalmente con la supervisión de un adulto, porque con esas edades no se les suele dejar solos, al menos no por mucho tiempo. Será por tanto una circunstancia de conflicto más o menos controlado, porque habrá adultos pendientes de que la cosa no "se vaya de madre".
El artículo es Helping Toddlers Resolve Conflicts (Rules of Engagemente) de doña Janet Lansbury. En el enlace tenéis el artículo en versión original y aquí os dejo mi traducción. ¡Espero que os guste!

Si pudiera elegir, evitaría los conflictos como la peste, pero yo no vivo en una burbuja de plástico. Mi día está lleno de interacciones personales con familia, amigos, compañeros de trabajo y desconocidos (incluyendo el comercial que llama previsiblemente a la hora de comer). Como resultado de ello, me parece que constantemente necesito ejercitar y perfeccionar mis habilidades para "manejar conflictos". 

Afortunadamente, estoy bendecida por los profesores más inspiradores del mundo: los bebés y niños pequeños de mis clases. Si tuviera la mitad de la voluntad y la capacidad para hacer frente a los conflictos y resolverlos como estos pequeños hacen, me iría genial. 

¿Cómo aprendemos a resolver los conflictos? Lo que más nos influye, tanto en nuestra actitud y como en nuestra respuesta son nuestros padres (qué sorpresa). Al ser nuestros modelos principales, hemos aprendido observándoles lidiar con sus propios conflictos, y más profundamente con sus interacciones con nosotros. Estas lecciones básicas, inculcadas desde el principio, se convierten en parte de nuestra psique y pueden prevalecer sobre todo lo que absorbemos intelectualmente más tarde en la vida. 

También desarrollamos nuestras habilidades de conflicto a través de las primeras interacciones con los hermanos y compañeros. A través de ensayo y error, descubrimos cómo lograr los resultados deseados, que podrían ser expresar nuestros sentimientos o que definir límites personales sin cortar nuestra conexión con las personas involucradas (a menos que sean los teleoperadores). 

La resolución de conflictos es más un arte que una ciencia, porque cada situación presenta tantas variables únicas. El temperamento de cada individuo, la percepción, sus antecedentes vitales, etc., todos entran en juego. ¿Deberíamos negociar? ¿Insistir? ¿Ceder? ¿O simplemente alejarnos? No hay una respuesta única para todos. 

Así que necesitamos toda la práctica que podamos conseguir, especialmente los niños pequeños. Más allá de exponer a nuestros hijos a situaciones sociales cotidianas - quedadas para jugar y viajes al parque - ¿cómo podemos ayudar a los niños a aprender a manejar y resolver conflictos? 

En resumen, permitiéndoles experimentar con nuestro apoyo. Proporcionar este apoyo significa aprender cuándo y cómo intervenir. Éstos son algunos de mis "qué hacer" y "no hacer" en caso de intervenir: 

1. No resolver conflictos por ellos 

Es un gran reto dejar de lado nuestra deseo como adultos de poner un lacito alrededor de las discusiones de nuestros hijos y evitar sus arrebatos emocionales. Pero nuestras intervenciones pueden evitar que los niños aprender gran cosa excepto que dependen de nosotros para resolver estas situaciones, incapaces de manejar los conflictos por sí mismos. 

Resolverlos en su lugar incluye exigir que los niños compartan o se turnen, además de ofrecer ideas y sugerencias como, "¿Qué os parece si los dos agarráis el cubito y lo lleváis juntos? ¡Eso es!" 

El reto para los padres es permitir que los niños puedan participar de manera segura en los conflictos y resolverlos a su manera, en lugar de dejar que nuestra incomodidad o impaciencia actúe por nosotros. Cuanto más digamos y hagamos por nuestros niños en estas situaciones, menos van a aprender a manejarse ellos mismos. La confianza y la paciencia van necesariamente precediendo al aprendizaje. 

2. No se olviden de proteger 

Algunos malinterpretan lo de "disciplina respetuosa" como simplemente decir a los niños que no peguen, muerdan, etc., en lugar de intervenir físicamente. Los niños necesitan las dos cosas. Ellos necesitan que estemos preparados para prevenir estas conductas perjudiciales si es posible, bloqueando o sujetando la mano de los niños y siguiendo de cerca con calma a los niños que han demostrado estos comportamientos en el pasado (o que parecen estar un poco fuera de control ese día).


3. No le avergüences ni le sermonees haciéndole ver lo obvio 

Uno de nuestros objetivos debería ser ayudar a los niños a construir la confianza necesaria para hacer frente a los conflictos, pero muchos de los consejos que a menudo dan los expertos despoja a los niños de esa confianza. Una amiga compartió este intercambio que había tenido con futuro maestro de su niño: 

Cuando le pregunté lo que el maestro hace cuando hay un conflicto, ella dijo algo así, "Le enseño al niño - mira la cara de John, está herido, ¿ves cómo se ve? ¿Ves cómo tus acciones han dañado a John?

Como le dije a mi amiga, tengo muchísima manía a este tipo de respuestas. Es torpe, avergonzante y subestima la conciencia de nuestros hijos. Los niños son más sensibles que nosotros, y desde el nacimiento es casi imposible para ellos no registran los sentimientos de los que les rodean. Golpear o empujar tiene mucho menos que ver con "John", y mucho más que ver con lo que está pasando en el interior del "agresor". En general, estos son impulsos momentáneos fuera del control de un niño pequeño, y nuestro trabajo es ayudar a los niños con estos impulsos, no restregarle las narices en las consecuencias de sus acciones. 

4. No hables con tono de exclamación, ni utilices un tono o gesto de enfado 

Una vez más, esto genera vergüenza, erosiona la confianza y alimenta el comportamiento no deseado, al prestarle atención negativa. 

5. No tomes partido 
Tomar partido crea "malos" y "víctimas indefensas". 


Lo que me lleva a la lista de qué HACER ... 

1. Convierte a "permanecer neutral" en tu mantra 

2. Valida ambos lados (con la técnica de la narración deportiva) 

3. Protege a los niños previniendo con calma y confianza los golpes, empujones o que se quiten juguetes de forma repetitiva, y conviértete en la sombra de cualquier niño que parezca estar teniendo un día difícil.

Si los niños parecen estar atascados en un patrón de golpear, morder, empujar (u otro comportamientos en contra de las normas), necesitan nuestra ayuda y protección, no nuestra regañina. Puede ser que estén: 

Cansados 
Hambrientos 
Buscando unos límites firmes que no tienen en su casa 
Enojados, frustrados, abrumados 
Liberando estrés 
Sintiéndose sobre-excitados, sobre-estimulados, fuera de control 

Si no captamos el comportamiento a tiempo de evitarlo, recuérdale al niño de manera firme y serena: "Quieres ese juguete, pero no voy a dejar que pegues" o "No quiero que pegues." Y lo dejamos así. 

4. Permite a los bebés y niños pequeños quitar juguetes, ya que es de las pocas cosas que aparecen en la lista de posibilidades para "Jugar juntos". Sólo intervén para proteger a los proyectos más elaborados de un niño un poco más mayorcito o cuando un niño parece estar atrapado en un patrón de quitar juguetes. (Para más información sobre esto, por favor, lea Qué hacer con un niño que quita juguetes.) 

5. Mantén la mente abierta - esto significa permitir a los niños hacer las cosas a su manera, que será diferente de nuestra forma la mayor parte del tiempo. La confianza es nuestro mayor reto. 

6. Espera en lugar de poner un límite de tiempo a un conflicto, incluso si parece intenso. Si no hay nadie haciéndose daño, es sano para los niños liberar esos sentimientos.

Kate,  de Peaceful Parents, Confident Kids (Padres apacibles, niños seguros), compartió conmigo este brillante ejemplo de cómo la paciencia y la confianza da resultado ... (Lucy, 2.5 y Penny, 1.5, son hermanas) 

Puse tu consejo en acción en un viaje en coche esta tarde. Penny estaba jugando con una tortuga de juguete que Lucy se había traído al viaje primero. Lucy se dio cuenta y gritó, "esa es mi tortuga, dámela!" Penny la miró un momento y luego siguió jugando con ella. 

Le dije a Lucy, "Quieres la tortuga, Lucy." Y luego a Penny: "Todavía estás jugando con la tortuga", y luego silencio. Quería que procesaran. 

Después de unos 20 segundos, Lucy, esta vez con una voz mucho más tranquila, dijo: "Por favor, Penny, ¿me das la tortuga?". Penny siguió jugando con la tortuga. Así que dije: "Todavía estás jugando con la tortuga, Penny". 

Silencio de nuevo durante unos 30 segundos, entonces Penny comenzó a chupar la  tortuga y Lucy a ponerse nerviosa de nuevo y subiendo el tono de voz dijo: "No te comas la tortuga, Penny!" 

Entonces le dije, "No quieres que Penny se coma la tortuga, Lucy.

Dijo (mucho más tranquila), "¡No!" Y luego añadió un poco más tarde, "No se la va a comer de verdad". 

Luego, silencio durante otros 30 segundos o así, y luego una voz de júbilo: "Penny me dio la tortuga!" 

Miré hacia atrás, y efectivamente ¡Lucy tenía la tortuga y todo estaba en calma!
********

Más información como esta en los libros de Janet Lansbury ¡ahora traducidos al castellano!:

                                         
  
Hacia otro nivel de cuidado: Guía para la crianza con respeto   
Los niños malos no existen: Disciplina sin vergüenza para los más pequeños.

Es especialmente interesante la técnica que nombra para validar ambos lados de la "contienda". Ella le llama "Sportcasting", que viene a ser "narración deportiva". Básicamente consiste en ir narrando (con un tono lo más neutro posible) lo que va pasando. Es importante no utilizar un lenguaje con connotaciones negativas. Es decir, en lugar de decir "María le ha quitado la pelota a Juan" diríamos "Juan tenía la pelota y ahora la tiene María." La teoría es que oírnos narrar lo que está pasando les ayuda a procesarlo mejor, y si además nos tienen cerca para asegurarnos de que la tensión no escala, le daremos la oportunidad de que María decida que ha terminado de jugar y dé la pelota a Juan, que Juan decida que en realidad le da igual la pelota y se vaya a jugar a otra cosa o que se les ocurra que pueden jugar juntos.

Personalmente no he tenido muchas ocasiones para poner esto en práctica porque no hay muchas interacciones de mi hijo en las que yo esté presente y me sienta con la libertad de usar esta técnica en contra de la más común, aquello de "hay que compartir." Sólo he podido aplicarlo cuando el peque está con sus primas y he visto cómo funcionaba varias veces. En lugar de quitarse las cosas o de pedir a un adulto que tomara partido e impartiera "justicia salomónica", les animaba a pedirse las cosas entre ellos y a decidir por ellos mismos si habían terminado de jugar con lo que fuera o el otro debía esperar. Les dio por adoptar la frase "Ahora no, dentro de un ratito" con lo que normalmente hacían esperar al otro, pero a los pocos segundos anunciaban que ya habían terminado y ofrecían el juguete. Esto no quiere decir que haya funcionado siempre, y tampoco quiere decir que esto solucionara todos los conflictos, pero sí me ha permitido ver que esta forma de hacer las cosas funciona. Sólo habría que ser consistente para permitir que los peques lo interiorizaran.

En fin, la teoría de todo esto es que es necesario que proporcionemos un entorno seguro en el que nuestros hijos puedan practicar cómo resolver conflictos por sí mismos. De este modo irán aprendiendo ciertas herramientas imprescindibles para el futuro. También es importante confiar en ellos y transmitirles esa confianza, para que reciban el mensaje alto y claro de que pueden hacerlo, de que son capaces, con los consiguientes beneficios que eso aporta para su autoestima. Mantenernos imparciales les ayudará a ver que no es cuestión de buenos y malos, que pueden trabajar juntos, y evitará el daño que se hace cuando se etiqueta a un niño de "malo" y a otro de "víctima", ya que el sentirse etiquetados les moverá a repetir los mismos patrones con lo que se sienten identificados. Del mismo modo, validar ambos puntos de vista les enseñará a ver las situaciones desde la perspectiva de la otra persona y les ayudará a desarrollar la empatía. Y todo esto mientras se mantiene intacta la conexión con el adulto, de modo que el adulto permanece como un punto de referencia y un refugio seguro, alguien en quien confiar. Y con un poco de suerte, ese vínculo seguirá presente si algún día se encuentran en una situación que no pueden resolver por sí mismos y sabrán que pueden acudir a nosotros y que estaremos ahí para ayudarles en lo que podamos.

¿Qué os ha parecido? Sólo quiero aclarar que esta forma de actuar es en caso de conflictos entre niños pequeños en más o menos igualdad de condiciones. La filosofía de Janet Lansbury está enfocada directamente para niños de 0 a 3 años.

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¡Mil gracias por leerme!

¡Feliz Crianza!

1 comentarios:

  1. Hola! mi nombre es Carmen.Muchas gracias por compartir este artículo, me ha encantado y es justo un tema que ahora me tiene muy inquieta. Tengo un hijo de 3 años, intento ayudarle a resolver conflictos,pero me está costando mucho aplicar los pasos de los que hablas; sobre todo cuando se pone a llorar de frustración de forma explosiva (ahí cuesta mantenerse neutra) o cuando hace daño a alguien (qué difícil no juzgarle o acusarle!!)
    Supongo que,como dices, se trata de tener muy claros estos pasos de los que hablas y practicar, practicar y practicar!
    Gracias, seguiré atenta a tus aportaciones!
    un abrazo

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