lunes, 12 de septiembre de 2016

Gestionar el llanto del inicio del cole. "El Secreto para salir por la puerta con un niño que se resiste" de Janet Lansbury

En tercero de carrera me fui de Erasmus. La primera noche allí me "jarté" de llorar. Tenía 20 años y mi novio (el que ahora es mi marido) estaba conmigo. Y no es que hubiera venido a acompañarme, no, también tenía beca y la íbamos a pasar juntos. Pero era la primera vez que salía de España, yo que no había salido apenas de mi comunidad, y la primera vez que estaba tan lejos de mis padres. Era un sitio nuevo, diferente, compartiendo piso con gente a quien no conocía y tenía todo un curso por delante allí. Así que por la noche, ya en la cama, me puse a llorar como una magdalena y a decir que me quería ir a casa. No era cierto, no quería irme, no iba a irme de ninguna manera. Pero en ese momento, ese sentimiento me embargaba. Si esto me pasó a mí, que ya era una adulta, y que además estaba muy bien acompañada, ¿qué no les pasará a los peques que comienzan ahora su primer curso en la guarde o en el cole de mayores?

Entiendo perfectamente lo que sienten. Hayan estado en casa, o en la guarde, empezar el cole de mayores es toda una experiencia, cargada de grandes emociones. La emoción, el miedo, las caras nuevas, el echar de menos a papá y mamá,... todo es un cóctel perfecto para el llanto. ¿Qué podemos hacer cuando nuestros peques lloran porque no quieren ir o no quieren quedarse en el cole?

El artículo de Janet Lansbury que os traigo hoy: The Secret to Getting out of the Door with a Resistant Child (El secreto para salir por la puerta con un niño que se resiste) nos explica un poco qué es lo mejor que podemos hacer de cara a esas grandes emociones de los primeros días de cole. Espero que os guste:



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Es hora de irnos, pero nuestro hijo dice que no. Hemos intentado explicarle, persuadirle, sobornarle, regañarle. Le hemos dado opciones, jugado con ellos, le hemos colmado con atención y tiempo de calidad. Incluso hemos intentado una validación de sus emociones un poco desganada: "Yo sé que no quiere ir, pero hay que ..." No ha funcionado nada.

Aumenta la frustración, la culpa y la duda asoman la cabeza ... ¿Y si realmente no le gusta su colegio (¡hemos elegido el lugar equivocado!) o si aún no está listo (¡es demasiado pequeño!) y la estamos obligando a ir? Si trabajamos por la mañana, puede ser que nos preocupemos por si deberíamos quedarnos en casa. Pero incluso aunque se tratan de cuestiones legítimas a considerar, este ciertamente no sería el momento.

Al final recurrimos a rogarle y suplicarle, o tal vez incluso consecuencias y castigos. Y aún así, nuestro hijo no se mueve. Es para volverse locos.

Pero hay una cosa que no hemos hecho: Simplemente, dejar que los sentimientos fluyan. No hemos dado a nuestro hijo el tiempo, el espacio y el silencio que necesita para poder compartirlos con nosotros, saber que ha sido escuchado, y sentir la seguridad de nuestra aceptación sosegada.

¿En serio? ¿Esto no abrirá las compuertas y nos destrozará por completo? Nos preocupa muchísimo cosas como estas:

- Dejar que los sentimientos fluyan nos llevará mucho tiempo.

Es todo lo contrario, de hecho. La aceptación sólo lleva un par de segundos y en realidad nos termina ahorrando tiempo que gastaríamos en luchas de poder con nuestros hijos.

- Dejar que los sentimientos fluyan significa que debemos sentarnos con nuestro hijo mientras llora cuando realmente necesitamos terminar de prepararnos y/o cuidar de otros niños.

Un poco de aceptación incondicional hace mucho. No hay nada de malo en decir, "Tengo que ir a hacer tal y cual cosa ahora, pero voy a volver en un par de minutos para ver cómo estás", después de haber hecho contacto visual con calma y validar con sinceridad, "No quieres ir hoy." La aceptación es una práctica pasiva que no nos obliga a hacer algo o a quedarnos allí esperando nuestro hijo se sienta mejor.

- Dejar que los sentimientos fluyan hará que mi hijo piense que estoy cediendo y que no va a tener que ir.

No es verdad. No cuando percibimos la expresión de sus sentimientos de manera positiva y la recibimos con confianza. No cuando entendemos estos momentos difíciles como oportunidades de oro para:
· aliviar a nuestros hijos de estrés y nerviosismo, 

· aliviar a nuestros hijos con el conocimiento de que sus sentimientos son sanos y seguros y pueden manejarlos, 

· aliviar a nuestros hijos con confianza en nosotros y en ellos mismos.


La historia de Heather nos sirve para ilustrar esto:

"¡Quería compartir una historia de éxito con vosotros! Mi marido y yo matriculamos nuestra hija de 4 años en una escuela infantil pública, 2.5 horas por día, 5 días a la semana. No era nuestra primera opción, y nos estamos dando unas pocas semanas para evaluar si será o no una buena opción para ella a largo plazo. Sólo la inscribí para que tuviera la oportunidad de socializar con niños de su edad, ya que ninguno de nuestros amigos tienen niños pequeños.

Esta era su primera semana, y fue muy difícil para ella. Siempre he estado en casa con ella, y estamos juntas la gran mayoría de las veces, así que ir a la escuela fue un cambio enorme.

Ayer fue el peor día de la semana. Ella hábilmente escondió todos sus zapatos para que no pudiera encontrarlos antes de la escuela, por lo que durante una hora estuve buscándolos desesperadamente. Cuando por fin los encontré y se los puse, se los quitaba gritando, "¡No quiero ir!" una y otra vez.

Cuando llegamos al coche, se quitó los zapatos de nuevo y estuvo escupiéndome desde el asiento trasero todo el camino a la escuela. Escupir es totalmente impropio de ella, así que sabía que debe haberse sentido muy incómoda.

Esa noche releí un montón de tus viejos blogs y me di cuenta de que aunque yo estaba validando sus miedos, lo estaba haciendo de forma muy superficial - simplemente decía las palabras, pero sin conectar primero con ella - así que básicamente carecían de sentido. También me di cuenta de que estaba tratando de "convencerla" de que iba a pasárselo muy bien. Le decía, "¡Pero si vas a hacer un montón de actividades divertidas! ¿Me vas a hacer un dibujo?" Ahora me doy cuenta de que, aunque bien intencionado, afirmaciones como esas pueden llegar a ser invalidantes.

Hoy tomé un enfoque completamente diferente. Cuando llegó el momento de irse a la escuela y ella empezó a gritar que no quería ir, me arrodillé frente a ella, mirándola a los ojos y le dije: "Realmente no quiere ir a la escuela hoy." Ella siguió gritando, y yo repetí lo mismo unas cuantas veces más. Ella dejó de gritar, me ayudó a empacar su mochila y la puso en el coche, y luego tuvimos tiempo para correr arriba y abajo del camino de entrada un par de veces antes de montarse directamente en el coche y en su sillita.

Cuando llegamos a la escuela, se puso en la fila con los otros niños de preescolar y esperó a su maestra en la puerta. Le di un beso, se despidió, y se alejó. Soy lo suficientemente realista como para saber que la resistencia a la escuela es probable que suceda una y otra vez, pero ahora sé cómo gestionarlo. ¡Gracias!"

Aquí tenéis otra historia, un mensaje que he recibido de Marion mientras estaba escribiendo este post (que he visto como una señal de que debe ser compartido). Su hija Marlowe se "graduó" recientemente de una de mis clases de Orientación RIE para Padres y bebés, y esta experiencia me hizo echarla de menos más que nunca:

Un rápido Gracias por todo lo que aprendí en la clase RIE. Marlowe tuvo su tercer día de preescolar hoy, y me senté con ella, siendo testigo de su llanto y cogiéndola de la mano antes de salir. No intenté que dejara de estar triste. Le ofrecí una toallita húmeda. Lloró durante 20 minutos.

Entonces ella se levantó y dijo: "Bueno, vámonos mamá. Cuando te vayas, voy a hacerte un dibujo".

Más información como esta en los libros de Janet Lansbury ¡ahora traducidos al castellano!:

                                   









 Hacia otro nivel de cuidado: Guía para la crianza con respeto  

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Cuando mi peque empezó en el cole no tuvo demasiados problemas. Estaba acostumbrado a ir a la guarde así que el cole no supuso demasiado cambio. Aun así, ha habido días de resistencia, de no querer ir, especialmente después de los fines de semana o de los periodos vacacionales. Yo sé que está feliz en el colegio, lo veo cuando sale, está contento y está aprendiendo muchísimo. Está la mar de motivado, pero los días que se resiste lo entiendo perfectamente. ¡Nos pasa a todos! Esos sentimientos ambivalentes de "allí estoy bien pero aquí estoy mejor". Esos "me apetece la fiesta, pero buff qué pereza vestirme", o "me encanta mi trabajo pero daría lo que fuera por poder quedarme en la cama hoy". Todos tenemos días así, son perfectamente comprensible.

Nosotros escogimos el colegio por las maestras que sabíamos que le iban a tocar en Infantil. Hay dos grupos, por lo tanto dos maestras, pero trabajan juntas y coordinadas en todo momento, así que aunque su tutora sea una, trabaja con ambas. La primera vez que me hablaron de ellas me emocioné. Llevaba mucho tiempo preocupada por el cole del peque, porque en mi ciudad no hay ninguna de las opciones de enseñanza alternativa que me gustaría para él. Estas maestras son una isla en mitad de un cole de enseñanza tradicional. Pero la etapa de 3 a 6 años es tan, tan importante, que fue suficiente para tomar la decisión de qué cole elegir. Ellas apenas trabajan con fichas, no riñen, no castigan, le dan muchísima importancia a la educación emocional, trabajan la autoestima, protegen la motivación intrínseca, dan a los niños herramientas para resolver conflictos... En una conversación que tuve con ellas cuando fuimos a ver el centro en abril pasado, una de ellas me dijo "Con estas edades no hay que llenarles la cabeza de contenidos, hay que amueblarles la cabeza" y casi me pongo a aplaudir. Estoy encantada con ellas. Sin embargo, cuando tuvimos la primera reunión con ellas para hablar del periodo de adaptación, mientras hablaban de cómo gestionaban ellas cuando los niños lloraban, una de ellas dijo algo que no le hacía justicia a su forma de trabajar.

Hablaban que de era normal que los niños llorasen, que era una situación nueva y que era lógico que les diera miedo. Que no había que darle demasiada importancia. Hablaba de que consolaban a los niños, que les aseguraban que sus padres vendrían a por ellos pronto y que dirigían su atención a las muchas cosas divertidas que podían hacer. Todo esto podría ser un poco invalidante desde el punto de vista emocional del niño, pero estoy segura de que para muchos funciona y es mucho mejor que otras maneras de gestionarlo consistentes en ignorar, o en reñir o en mandar a callar o a parar de llorar. Hasta ahí más o menos bien.

Lo que no me gustó fue que cuando hizo referencia a los niños que a pesar de todos los intentos no dejaban de llorar, sus palabras fueron: "Vale, si quieres seguir llorando hasta que vengan tus padres no pasa nada. Pero no nos molestes que los demás vamos a estar trabajando." Entiendo lo que quería decir, si alguien necesita seguir llorando puede hacerlo pero los demás tienen que continuar trabajando, no pueden pararlo todo por él/ella. Lo entiendo, pero las palabras que escogió fueron desafortunadas. No sé si es lo que le dice a los niños de verdad, o si simplemente fue lo que le salió en ese momento. Pero no me gusta pensar en que unas maestras tan buenas, tan en sintonía con lo que significa ser niño y las muchas emociones que eso implica, utilizarían la expresión "no molestes" con un niño que no puede parar de llorar. La frase que me habría gustado escuchar habría sido algo así: "Si necesitas seguir llorando, puedes hacerlo todo el tiempo que necesites. Estamos aquí para ayudarte. Ahora voy a trabajar con tus compañeros, cuando estés preparado puedes unirte a nosotros." Es lo mismo, pero totalmente distinto. ¿Verdad?

Además de la aceptación y validación totalmente incondicional de las emociones que acompañan a estos primeros días, podéis probar a hacer algunos rituales que faciliten un poco el momento de la separación. Los primeros días de mi peque llevé un rotulador rojo en el bolso previendo que si lloraba le pintaría un corazón en la parte interior de la muñeca y me pintaría yo otro igual y le diría que si me echaba de menos podía darle un beso al corazón y yo lo sentiría y se lo devolvería, que así estaríamos unidos toda la mañana. Al final no hizo falta porque no lloró, y con el tiempo cuando empezó a resistirse ya no llevaba el rotulador y tuve que inventarme otra cosa: los besos para la mochila. Básicamente le daba besos para luego, mientras iba nombrando partes de su rutina para el cole, "este beso para cuando estés sentado en la alfombra", "este beso para cuando estés dibujando", "este beso para cuando estés en el recreo", "este para cuando estés tomando la merendilla"... Así, además de cariño y contacto físico, le estoy recordando todas las cosas chulas que le esperan en su día en el cole. Estos truquillos pueden hacer el momento de la despedida más dulce, pero no significa que vayan a prevenir la expresión de sus sentimientos igualmente. Podemos ofrecer alguna de estos mini rituales como forma de ofrecer consuelo, pero esto no es incompatible con la aceptación y validación de sus emociones.

Y por supuesto, si la resistencia se alarga mucho en el tiempo, o si hay alguna señal que os pueda alarmar, escuchad a vuestros peques por si hay algo más que la comprensible resistencia a separarse de vosotros y tenéis que tomar alguna medida extra para aseguraros que está todo dentro de lo normal.

¿Qué tal fue el primer día de vuestros peques? ¿muchas emociones o fue todo rodado? Si tienes alguna pregunta o comentario que hacerme, o si tienes algún truco o sugerencia más que quieres aportar puedes hacerlo a través del blog, de la página de Facebook o de la cuenta de Instagram. Y si te ha gustado la entrada o crees que podría ayudarle a alguien que conoces COMPARTE.

¡Mil gracias por leerme!

¡Feliz Crianza!

2 comentarios:

  1. Gracias! Muy útil? Por curiosidad, cual es ese cole?

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    Respuestas
    1. Gracias a ti por comentar! 😊 Es un cole de Extremadura, entenderás que no de más detalles abiertamente, que con Internet nunca se sabe. ☺️

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