jueves, 11 de agosto de 2016

¿Gritas a tus hijos y te gustaría dejar de hacerlo? Sigue leyendo


Eres una madre consciente. Estás intentando criar a tus hijos con mucho amor, y respeto. Te encanta lo que lees de la crianza con apego. Duermes con ellos, no los dejas llorar, no les pegas, ni les castigas, usas portabebés... Pero a veces, no lo puedes controlar, la situación te supera y terminas gritándole. A tu pequeñín. A lo que más quieres en este mundo. Evidentemente, después te sientes la peor madre del mundo. ¿Te suena de algo?


Vaya por delante, que este artículo va destinado a esas personas que han elegido para sus vidas el camino de una crianza respetuosa y que a pesar de sus esfuerzos terminan cayendo en los gritos. No está dirigido a padres que utilizan, o desean seguir utilizando, castigos y gritos como método de crianza. Pero vamos, doy por hecho que ese tipo de padres no andarían por aquí.

Si leísteis el artículo que os traduje en mi última entrada, ya sabréis por donde van a ir los tiros. Aunque si venís de una tendencia de crianza con apego habrá cosas que os hayan chirriado muchísimo, y que probablemente os habrá causado cierto rechazo. Me gustaría explicar cómo lo veo yo que también vengo de esa corriente.

Para empezar quiero explicar que RIE no es Crianza con Apego. Ambas son corrientes respetuosas pero difieren en varias cosas. Por ejemplo, la crianza con apego defiende que los hijos estén pegados, literalmente, a sus madres el mayor tiempo posible, y eso hace que muchas madres practiquen porteo con sus bebés durante gran parte del día, estoy hablando de hasta 10 horas diarias en ocasiones. RIE sin embargo aboga por la importancia del movimiento libre del niño desde el principio, y defiende que si el niño está tranquilo se le deje en un espacio seguro para que explore a su antojo, ya sean sus manos, un rayo de sol o una cortina cercana.

Otra de las cosas en las que difiere es en el llanto. Muchas personas que practican una crianza con apego ven el llanto como una señal de que algo no va bien, y normalmente se soluciona con más contacto. RIE ve el llanto como una forma de comunicación con muchos matices, y aconseja esperar y observar un poco antes de atender el llanto, para poder descubrir qué necesidad está expresando y cómo atenderla mejor. A RIE por ejemplo, no le parece respetuoso que al mínimo llanto se ponga al niño al pecho, sin estar segura de si estaba llorando porque quería teta o por otra cosa. Ellos aconsejan siempre ESPERAR. OBSERVAR. ACTUAR.

Y de la misma manera, como ven el llanto como una forma de comunicación, el consejo es atenderlo, escucharlo y dejar que se exprese. Nada de pararlo a toda costa. Y esto, si lo lees por encima, se parece demasiado a "Déjale llorar, que no pasa nada." que tanta rabia nos da. En RIE no es ignorar el llanto, es permitirlo. Pero es verdad que no pasa nada. Si sabes que está atendido, que está seguro y que tiene sus necesidades cubiertas, llorar cinco minutos porque su madre está dándose una ducha rápida después de dos días sin atreverse a hacerlo no les va a traumatizar. Lo importante es volver a conectar correctamente después.

Y después de esta aclaración sobre cómo ve RIE el llanto. Veamos cuáles eran las causas de nuestros gritos según Janet:

1. No te estás cuidando a ti mismo.

Un padre o madre estresado es mucho más propenso a gritar. Si renuncias a todo lo que te hacía sentirte feliz o realizado como persona para volcarte en cuerpo y alma con tus hijos, en los días en los que nada parece ir bien será mucho más fácil sentir rencor, y sentir que tus hijos son unos desagradecidos. Y terminarás gritándoles.

Para estar bien con nuestros hijos es imprescindible que estemos bien con nosotros mismos. No conozco a nadie capaz de regalar amor y paciencia si se siente una piltrafa humana. Si necesitas ir al gimnasio para sentirte bien contigo misma, o para soltar las frustraciones del día de una manera sana para todos, si necesitas tomarte 10 minutos para un café, o una llamada de teléfono con una oreja amiga... Busca la manera de conseguir cubrir esas necesidades, porque son importantes para ti y es en beneficio de toda la familia. Evidentemente lo ideal es cubrir tus necesidades de manera que no perjudique a los demás: si puedes esperar a que venga tu pareja para darte una ducha y que el peque no se quede solo esos 5 minutos, hazlo. Pero si por cualquier circunstancia no es posible y lo tienes que dejar, en un lugar seguro, durante ese ratito, hazlo. Hazlo con confianza y seguridad. Dile "Voy a ducharme y ahora vuelvo. Quédate aquí con dudú. Volveré en seguida. Te quiero". Y te vas. Te duchas e intentas desconectar del llanto que seguramente estés escuchando. Te repites a ti misma. "No quería que me fuera, pero está bien, está a salvo, sabe que le quiero." Y en cuanto termines, que seguro que es prontísimo porque lo quieras o no te habrás dado muchísima prisa, te acercas al bebé de nuevo y le dices "Ya estoy de vuelta. No te ha gustado nada que me fuera, pero ya estoy aquí. ¿Necesitas un abrazo?" Y dedicas un momento para volver a conectar. Idealmente, con el tiempo y la costumbre, ellos irán aprendiendo que mamá y papá siempre vuelven, y cada vez el llanto será menor (excepto en las etapas de ansiedad de separación, que el llanto aumentará, pero aun así, el consejo es el mismo).

Es importante transmitir muchísima seguridad cuando los vamos a dejar solos o al cuidado de otra persona. Los niños dependen 100% de nosotros y por superviviencia aprenden a interpretar las situaciones a través de nosotros, y evidentemente no usan el lenguaje oral para eso, usan el lenguaje corporal. Ya puedes estar diciéndole que no pasa nada, que va a estar genial, que como tu tono de voz o tu lenguaje corporal transmita tensión o duda, o temor, ellos van a interpretar que tienen motivos para sentir tensión, duda y miedo. Así que ten la total certeza de que el niño está bien, en un lugar seguro, y ve a hacer lo que tengas que hacer para sentirte bien contigo mismo. Y no te sientas culpable por ello.


2. Has pasado el primer año de su bebé distrayendo, calmando o manipulándole de alguna manera en lugar de hablarle de los límites con sinceridad . 

Durante el primer año es muy fácil distraer a los peques con cualquier cosa. Imagínate la situación: se fijan en un enchufe e intentan cogerlo. Les dices que no, y se pone a llorar. Para que pare le sacas un juguete y se lo enseñas, o lo coges en brazos y te pones a bailar por toda la casa. El  niño se le olvida lo que ha pasado y se pone a reír. En sí parece que no hay problema ninguno. Pero la cosa es que el niño no está teniendo la oportunidad de aprender a gestionar sus emociones ante un límite que no le gusta. Y los padres no están teniendo la oportunidad de practicar el mantener el límite de una manera firme y respetuosa a pesar del disgusto del pequeño. Cuando empieza a ser mayorcito y se distrae mucho menos fácilmente, los padres intentamos utilizar la misma estrategia que ha estado funcionando hasta ahora y nos frustramos mucho porque ya no funciona. Y nos terminamos enfadando, y terminamos gritando.

Ese primer año es importantísimo para practicar estas habilidades tan importantes, de manera que cuando llegue la siguiente etapa, todos estemos mejor preparados para manejar los sentimientos que se generen de un lado y de otro. Evidentemente esto es una técnica que se puede poner en práctica en cualquier momento. No quiere decir que si usaste las distracciones durante el primer año ya no vayas a poder pasar sin ellas cuando el niño sea más grande. Lo único es que requerirá más esfuerzo y una mayor convicción por nuestra parte, porque el niño estará muy acostumbrado a una forma de hacer las cosas y cualquier cambio producirá una gran resistencia por su parte. De ahí la importancia de establecer límites coherentes, con los que estemos totalmente de acuerdo, y que seamos capaz de mantener a pesar de las expresiones de disgusto de nuestros pequeños.

3. Te sientes responsable de las emociones de tus hijos.

Cuando a los pequeños les sobrepasan esas grandes emociones,
nuestro trabajo es compartir nuestra calma, no unirnos a su caos.
A nadie le gusta ver llorar a su hijo. A nadie le gusta sentir que su hijo está enfadado con él. Es muy fácil sentir que está en nuestras manos arreglarlo y pensar que estamos obligados al menos a intentarlo. Pero la realidad es que nosotros no podemos hacernos responsables de las emociones de nuestros hijos. Suponiendo que partimos de una relación padres-hijos sana, en la que los padres actúan con el bienestar de sus hijos en mente, los padres debemos tomar decisiones independientemente de cual pueda ser la reacción de nuestros hijos. Y si su reacción es negativa, nuestra obligación será permitir la expresión de ese rechazo, enseñarle con el tiempo a hacerlo de una manera apropiada y sin dañar a nadie (principalmente esto se hace actuando nosotros de modelos y no haciendo daño a nadie, especialmente a nuestros hijos, cuando nos enfadamos), estar disponible para ofrecer consuelo si lo necesitan. Sin duda debemos escucharles lo que tengan que decir al respecto de una decisión que les afecta, pero una vez tomada y reflexionada, lo mejor que podemos hacer por ellos es mantener el límite. Si nos convencemos de esto, será más fácil para nosotros mantenernos tranquilos a la hora de establecer una norma. No dejaremos que nos arrastren las emociones de nuestros hijos, si no que nos veremos como una roca a la que agarrarse cuando ellos pierdan el control. En otras palabras: Les aportaremos nuestra calma en lugar de unirnos a su caos.


4. Tus expectativas son muy poco razonables.

Si sales a comer con tu familia, y esperas que tus hijos pequeños aguanten correctamente sentados a la mesa durante más de una hora. Es muy probable que te enfades cuando inevitablemente empiecen a levantarse y a corretear alrededor de la mesa. Si tienes una casa llena de figuritas de adorno y esperas que el niño entienda la norma de "Eso no se toca" por encima de su impulso interior y completamente natural de "Investiga todo lo que hay a tu alrededor". Te vas a llevar un disgusto cuando inevitablemente coja una y la rompa. En esto de ser padres es imprescindible conocer a tu hijo, y anticiparse.

Un ejemplo super chulo de Espacio del Sí (Yes Space)
¿Puedo quedarme yo a jugar ahí un rato?
En este sentido RIE hace mucho hincapié en lo del espacio seguro para explorar libremente y sin necesidad de vigilancia. En España lo más parecido que tenemos son los tradicionales Parques (los de dentro de casa, me refiero) pero cada vez más se ven como una cárcel de bebés y están cayendo en desuso, al menos dentro de la crianza con apego. En el caso de RIE lo que recomienda son espacios que vayan creciendo con el niño. Y cuando estos empiezan a tener movilidad, lo que se suele recomendar es acondicionar una habitación y ponerle una puertita de estas de seguridad, como las de las escaleras. De manera que el adulto pueda hacer lo que necesite y estar tranquilo de que el niño está totalmente seguro mientras explora libremente y juega de manera independiente. Personalmente ya comenté que yo preferí acondicionar dentro de lo posible toda la casa, con especial atención a su cuarto, de manera que pueda estar allí sin supervisión si lo desea, pero pueda moverse libremente y venir a donde estemos nosotros también.

5. Estás confuso sobre cómo establecer límites con respeto. 

En este apartado no aclara gran cosa, salvo que es una duda muy común. En mi experiencia, establecer límites con respeto (hasta los 2 años y medio que tiene mi peque) consiste en:


1. Enunciar la norma. Con firmeza y tranquilidad, intentando evitar la coletilla de ¿vale? al final. "Después de esta canción, nos vamos a la cama." 

2. Procurar no repetir mucho. Puedes usar la estrategia de ir avisando poco a poco del tiempo que queda para que la actividad (ver videos en la tablet en este caso) termine. Pero una vez que dices que es hora, es hora. 

3. Aceptar las emociones que esto pueda generar. Decirle que lo entiendes de verdad. "Vaya, te lo estabas pasando muy bien y no quieres irte a la cama todavía. ¡Qué difícil es dejar de hacer algo que nos gusta! Tu cuerpo está cansado y tiene que descansar. Mañana podrás ver más dibus." 

4. Mantener el límite. Ofrecer alguna opción si quieres, para que sienta que tiene algo de control. "¿Quieres ir andando a la cama o prefieres que te lleve haciendo el helicóptero?" Si no puede decidir porque está en pleno desborde emocional, le dices "Parece que ahora no puedes decidir, así que te ayudaré yo a decidir." Lo coges en brazos y te lo llevas. Y ya en la cama, si sigue llorando, intentas ofrecer consuelo con tu presencia física: un abrazo, una canción. En este ejemplo en particular hay que tener en cuenta que a veces acumulan mucha energía durante el día que necesitan descargar antes de ir a dormir, así que es posible que si el llanto se alarga sea por eso. Cuando nos ha pasado, nosotros nos hemos quedado a su lado mientras lloraba y hacía lo que fuera que necesitaba para descargar, y cuando ha terminado nos ha buscado para acurrucarse y quedarse dormido. Mi opinión con respecto al llanto antes de dormir es que no es lo mismo llorar solo que llorar acompañado, ni es lo mismo dejar que llore para que aprenda algo que simplemente permitir el llanto y ofrecer consuelo.

En general, sobre todo con niños pequeños, el límite que pongamos debe ser un límite puesto con cabeza, pensando en el bien del niño y en el de toda la familia. Mientras son pequeños, los adultos somos prácticamente todopoderosos, así que tenemos la habilidad física de que un límite se cumpla. Y en caso de que no, tenemos la habilidad de establecer una consecuencia lógica, o dejar que se produzca una consecuencia natural. Teniendo esto en cuenta, hasta ahora para mí ha sido más o menos fácil mantener la calma a la hora de establecer límites. 

Por referirme al tema en cuestión de hoy, para prevenir una pérdida de nervios que nos lleve a gritar, lo más efectivo es no dar más oportunidades de las que estamos dispuestos a admitir. Si tenemos que repetir una norma varias veces, y notamos que nos estamos poniendo cada vez más alterados, significa que estamos tardando mucho en hacer cumplir el límite de verdad.

6. Entras en luchas de poder innecesariamente. 

Creo que esto lo he explicado más o menos en el párrafo anterior. Robin Einzig llama a esto "Drop the rope" (Soltar la cuerda). Porque un tira y afloja no se puede llevar a cabo si una de las partes no participa. "Soltar la cuerda" significa establecer la norma pero no dejar que los sentimientos de tu hijo te arrastren con él. Significa no participar en discusiones sobre si la norma es apropiada o no. Y también puede significar recapacitar sobre un límite, pensar si tiene razón de ser o si lo has puesto un poco por poner, y en tal caso, cambiarlo.



Así que ya sabéis. Cuidad de vosotros mismos, sed realistas con lo que podéis esperar de vuestros hijos, aceptad las emociones negativas de vuestros hijos, no cambiéis de opinión por el mero hecho de que no les guste lo que habéis decidido, y permaneced firmes y tranquilos, no dejéis que os arrastren sus emociones. Habrá a quien esta forma de hacer las cosas le parezca un poco fría. Pero acaso no es ese parte del problema cuando terminamos gritando? ¿Que nos calentamos demasiado?


¿Qué os ha parecido? ¿Os ha resultado útil mi aclaración, o con el artículo de Janet Lansbury era suficiente? ¿Os parecen unos consejos compatibles con la Crianza con Apego?

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¡Mil gracias por leerme!

¡Feliz Crianza!





Más información como esta en los libros de Janet Lansbury ¡ahora traducidos al castellano!:

                                         

6 comentarios:

  1. Hola muy util y realista!! Suelo tener tendencia al stres y gritar!! Luego me consideroun mountruo lo manejo mucho mejor en este tiempo pero hay dias que el agotamiento se hace inmenso! Mas cuando crias sola! Es bueno saber que a muchos no pasa y que hay muchas alternativas para moldearnos y ser respetuosos!

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  2. Uno de los articulos mas coherentes y realistas q he leido hasta ahora, muchas gracias!

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  3. Muy buen artículo, sólo me surge una duda que significa RIE

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