lunes, 18 de julio de 2016

Hacerse pupa: cómo reaccionar (idealmente) si nuestros peques se hacen daño (moderado).


Un poquito de riesgo, la salsa de la vida.
El artículo de hoy es de un autor que también me gusta mucho: Teacher Tom. Él es maestro en una pequeña escuela libre cooperativa en Seattle que recibe a niños de 2 a 5 años. En sus artículos muestra el maravilloso y peculiar día a día de un centro infantil en el que los materiales de aprendizaje son barro, agua, listones de madera, neumáticos y las relaciones sociales entre otras. Este artículo en particular habla sobre las heridas y pupas que, inevitablemente, los niños se hacen, y de cómo reacciona él ante ellas. Os dejo la traducción y luego os comento mi opinión al respecto:



Las pupas 
Yo estaba de pie con Rob en el patio de recreo cuando su hijo Thomas se tropezó. Rob se rió, un poco, más como una carcajada rápida, pero se rió, igualmente. 
A mí me pasa lo mismo. Puede sonar como un rasgo horrible para un maestro de preescolar, pero mi respuesta automática al ver a una persona caerse es reírme. Lo mismo me pasa si alguien se da un golpe en la cabeza. No sé lo que es, pero a mi madre también le pasa. Y ahora tengo pruebas de que no es sólo un extraño rasgo de la familia porque Rob también lo hizo. Por supuesto, inmediatamente después fue a consolar a Thomas, pero su respuesta inicial fue reírse. 
Preescolar es un lugar donde los golpes y los moratones ocurren. Tomamos grandes medidas para asegurarnos de que la escuela es segura, pero aun así los niños se siguen haciendo raspones en las rodillas, chichones en la cabeza, pillándose los dedos, y clavándose astillas, a pesar de nuestros mejores esfuerzos. En 8 años, hemos tenido una sola lesión lo suficientemente grave como para enviar un niño al médico. Kenji se cayó sobre su barbilla mientras caminaba sobre un suelo de linóleo liso, seco y libre de escombros.Ví cómo pasó, me reí, lo cogí en brazos, vi la sangre, me di cuenta de que hacía falta algo más que una tirita, y lo envié con su madre para que le dieran puntos. No hay absolutamente nada que pudiéramos haber hecho para evitar esa lesión. Es sólo una parte de la vida, como la mayoría de las heridas. 
Afortunadamente, la inmensa mayoría de nuestras caídas en edad preescolar son del tipo "ya se te pasará." Los niños están diseñados para caerse. Son muy flexibles y de corta altura. Vamos, si la mayoría de ellos ni siquiera tienen rótulas plenamente desarrolladas, y por eso son capaces de pasar horas de rodillas sin que les duela. 
Durante estas dos primeras semanas de clases, Thomas ha querido dar la vuelta a nuestro balancín de exterior para revelar la escalera secreta en la parte inferior. Esta es un material pesado de madera y cuando pide permiso para darle la vuelta le dejo claro que por mí vale, pero que tendrá que hacerlo sin mi ayuda. Cada vez que ha empezado a darle la vuelta, su lucha atrae a los amigos que se unen en el esfuerzo. Pronto este pesado material de juego está apoyado precariamente en uno de sus extremos, un peligro evidente para todos. Por eso es por lo que discretamente pongo una mano sobre el mismo no sea que los niños pierdan el control y aplaste a alguien. Una vez que el giro está completado, revelando dos pequeños escalones que suben y otros dos pequeños escalones hacia abajo, el peligro evidente ha pasado. Tanto el  lunes como el miércoles Thomas procedió a caerse por las escaleras hasta dar en el suelo. 
Fue una caída brusca, y como siempre, me reí. En ambos casos, su respuesta inicial fue mirarme. Si un niño está herido de gravedad, rara vez busca el contacto visual con un adulto. Cuando un niño tiene verdadero dolor cierra los ojos y llora con la cara hacia el suelo. Es en esos casos cuando tienes que preocuparte. Cuando veo a un niño caer (o darse un golpe, o pillarse o hacerse daño de cualquier otra forma) espero primero a ver si me mira, que casi siempre lo hace, y parece como si estuviera preguntando, "¿Me he hecho daño?" Si tengo una expresión de preocupación en la cara, la respuesta será, "Sí, te has hecho daño". Pero si me estoy riendo (que en realidad es que no lo puedo evitar) la respuesta es, "No lo sé, dímelo tú".

El lunes, cuando Thomas hizo contacto visual conmigo esperé un segundo y luego dije: "Se supone que no deberías caerte por las escaleras." Sonrió, respondió: "Ya lo  sé", se levantó, y se sacudió la parte delantera de su mono de marca Carhart. El miércoles, le dije: "Te has vuelto a caer por las escaleras." Esta vez, se rió, "Sí, es verdad." 
En ambos casos nos paramos un momento para investigar las palmas de sus manos y sus rodillas para cualquier signo evidente de lesión, pero no había nada. (¡Llevaba Carharts después de todo!) 
Naturalmente, no siempre ocurre lo mismo después de que haya contacto visual. A menudo los niños deciden que realmente se han hecho daño y pasan directos al llanto, que es una respuesta perfectamente normal a una caída. Incluso si es sólo una pupa de las normalitas, todavía hay que lidiar con algo de dolor y no hay nada como desahogarse bien para hacer fluir las endorfinas. Y, por supuesto, caerse puede dar un poco de miedo. Eso por sí solo puede requerir una buena llantina. El objetivo no es acabar con el llanto, sino ayudarles a pasar página después de la herida y centrarse en el siguiente paso. No queremos quitarle importancia a lo que les ha pasado, pero tampoco queremos permitirles que se queden estancados en ello. 
No soy un gran fan de llevarme en volandas a un niño lesionado a un lugar más tranquilo, sino que preferiría dejarlo justo donde está para atender a las lágrimas y la herida. No sólo ayuda a poner las cosas en perspectiva de un modo que el sufrimiento en privado no puede, sino que también sirve para que los otros niños vean cómo se manejan estas cosas. Nuestra primera tarea es siempre verificar si hay signos de lesión, que en caso de haber normalmente se presentan en forma de pupa, como forma de llamar a cualquier cosa que pueda servir como prueba de una caída. A menudo, la búsqueda de la pupa ya es de por sí una distracción suficiente para calmar las lágrimas, pero si eso no funciona, la aplicación de los primeros auxilios por lo general sí lo hace. 
No quiero dar la impresión de que no me tomo en serio las lesiones, pero al mismo tiempo la infancia no sería lo mismo sin algunas costras y cicatrices. Simplemente no quiero que en nuestra preocupación paternal le demos a las heridas más importancia de la que merecen. Todo es cuestión de perspectiva. Simplemente, es parte de la vida. 
Al menos una vez a la semana, me encuentro sentado con un grupo de niños comparando antiguas pupas y contando cómo se las hicieron. Me encanta cómo comparten sus experiencias con la mayor naturalidad, en comparación con las emociones tan grandes que genera la experiencia real de hacerse una herida. 
Es en estos momentos que les digo a los niños: "Si tienes más de 3 pupas es que no estás siendo suficientemente cuidadoso. Si no tienes ninguna, estás siendo demasiado cuidadoso." Luego todos contamos nuestras pupas. En alguna rara ocasión hay algún niño que dirá: "No tengo ninguna pupa," y yo le responderé, "Entonces será mejor que corras a hacerte una." Casi siempre asiente con la cabeza.

Una vez pasado el shock inicial de "¡Pues vaya maestro, que se ríe cuando se caen los niños!", podemos ver que lo que dice no carece de sentido común. Mis puntos favoritos de este artículo son:

1) No reacciones a la caída antes que el propio niño. Espera a ver qué hace él. Más de una vez he visto caerse al peque y he hecho una gran aspiración (he conseguido sustituir los gritos por aspiraciones, mucho menos alarmantes y más discretas), para que luego el mozo se haya levantado, se haya sacudido y haya seguido jugando como si tal cosa. Si hubiera dado el grito de alarma que me pedía el cuerpo, tal vez habría llorado más del propio susto que le he dado que por otra cosa.

2) La mayoría de las caídas son parte de la vida. "Si te caes, te levantas" me parece un mensaje super importante que transmitir a nuestros hijos. En la vida nos vamos a caer mil veces, literal y figuradamente, lo importante no es la caída sino lo que haces después. Es imposible, y además es a la larga contraproducente, que consigamos evitar que se hagan daño. Sé prudente, pero deja que corran cierto riesgo calculado porque la lección que podrán aprender, tanto si tienen éxito como si no, no tiene precio.

3) No le des más importancia de la cuenta. Aprende a pasar página. Cuando nuestro hijo se hace una herida, no le ayuda en nada que mencionemos lo que ha pasado cada vez que veamos la pupa y nos acordemos. Seguro que ellos han pasado página mucho antes que nosotros.

4) Expresar las emociones libremente ayuda a gestionar las situaciones más rápido. Esto ya lo hemos visto en artículos anteriores. Hay que permitir que los niños lloren si es lo que necesitan en ese momento. Acompañarles y ofrecerles consuelo si es lo que desean, durante el tiempo que necesiten, sin meterles prisa. 

Y vosotros, ¿habéis sacado alguna otra lección importante del artículo de hoy de Teacher Tom? ¿Cómo reaccionáis vosotros con las heridas de los peques? ¿Os pasa como a Teacher Tom y os reís cuando veis caerse a alguien? ¿O sois más bien de los que corren a urgencias por si acaso?

Si tienes alguna pregunta o comentario que hacerme, o si tienes algún truco o sugerencia más que quieres aportar puedes hacerlo a través del blog, de 
la página de Facebook o de la cuenta de Instagram. Y si te ha gustado la entrada o crees que podría ayudarle a alguien que conoces COMPARTE.

¡Mil gracias por leerme!

¡Feliz Crianza!

4 comentarios:

  1. hola Rosa, muy buenas.
    Primero de todo, decirte que he conocido tu Blog por instagram hace unas horas y me encanta. Totalmente en la línea del tipo de crianza que elijo para mis hijos. Gracias.
    Sobre las impresiones, he sido más de los que se sonreían en los accidentes inofensivos especialmente siendo yo el que se cae. Sin embargo, con el tiempo reconozco que voy acercándome más al que piensa que las consecuencias pueden ser más grandes de lo que parecen.
    En general, en concreto con mis hijos, como en tantos otros temas, al final lo que hago es acompañarles física y emocinalmente en lo que sea que esté pasando, incluso diciendo en voz alta lo que sea que puedan estar sintiendo para ayudarles a validar sus emociones.

    Gracias por mostrarnos a Teacher Tom!
    Un saludo y gracias por el Blog!

    Libertad y Valentia

    Ángel

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  2. ¡Muchas gracias a ti por los ánimos y tan amables palabras!
    Yo creo que todos los padres tenemos una imaginación poderosísima y con un poco de mala leche que nos hace visualizar unas caídas horrorosas. Desde luego a mí me pasa, que veo caídas en las que de rebote puede terminar rompiéndose la cabeza por lo menos. Pero la realidad es que las posibilidades de que eso ocurra son muy, muy pequeñas. Y de hecho, un niño acostumbrado a moverse de forma autónoma tiene una mejor concepción del riesgo y de sus habilidades, con lo que las posibilidades de un accidente se reducen aun más.

    Aunque nuestro cerebro y nuestra alarmista imaginación nos diga lo contrario, lo normal es que las caídas se resuelvan con poco más que un rasponazo o un chichón. En muy raros casos será algo más. La cosa es que nuestra reacción calmada, incluso cuando la consecuencia sea un poco mayor, les va a ayudar a mantener la calma y a gestionar mejor la situación. ¡Así que no tiene más que ventajas! Espero que si sigues leyendo el blog te siga resultando interesante.

    ¡Un saludo!

    Rosa

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  3. Me encanta eso de promover el juego con agua, barro, listones de madera... ¿Quién no ha jugado con todo eso y mucho más que pillaba a su alrededor? Se fomenta la imaginación y la creatividad de una forma sorprendente. Y digo que esto me encanta porque se me viene a la cabeza aquello de "nada nuevo bajo el sol". En la búsqueda de alternativas para la educación, me gusta hallar fórmulas que permitan con jugarse con rasgos tradicionales. En cuanto a lo de las pupas... Soy de las que preveo el peligro (en mi imaginación también son horribles), de las que admite caídas y golpes, y de las que tienen que contener el grito pero que corren a ver qué se han hecho. Iremos puliéndonos. Gracias por tu blog.

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    Respuestas
    1. Exacto! Es una manera genial de aprender que en realidad ha estado siempre ahí y que por desgracia se ha ido perdiendo. Según se ha ido formalizando la educación, ha dejado de haber espacio para este tipo de aprendizaje. La regulación de la enseñanza desde los 3 años lo ha dificultado aún más. En los sitios donde no hay alternativas educativas a la "tradicional", sólo nos queda proporcionar nosotros esas oportunidades de aprendizaje real en la medida de nuestras posibilidades. Eso o fundar nuestro propio proyecto de educación alternativa! ;)
      Gracias a ti por leer y comentar. :)

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