viernes, 15 de julio de 2016

Cuando se hacen daño por no hacernos caso

A veces me resulta útil observar a otros padres para reflexionar, desde la calma y la perspectiva que te da no estar involucrado en la situación, sobre qué haría yo en ese momento. Es un ejercicio que no pretende en absoluto juzgar a otros padres, que entiendo que lo hacen lo mejor que pueden, sino utilizar sus experiencias para reflexionar en frío sobre qué podría yo hacer en su situación, con la esperanza de que si me toca alguna vez pasar por algo parecido, sea capaz de acordarme y actuar en consecuencia.

Ver las situaciones desde fuera me ayuda a pensar: ¿cómo podría mejorar esta situación? ¿cuál sería la mejor forma de enfrentarse a esto según lo que he leído?


Teniendo esto en cuenta, os voy a contar una situación que observé en la piscina este verano. Es una situación muy típica. De las que todos nos podemos encontrar más de una vez: nuestro hijo se cae y se hace daño por no hacer caso de nuestras advertencias. En este caso, una niña estaba llorando porque se había resbalado mientras corría alrededor de la piscina. Mientras la niña lloraba escuché al padre decir lo siguiente:

(Con tono enfadado) "¿Lo ves? ¿Ves lo que pasa por correr?"
(Intentando calmarla) "Ea, venga, ya está"
(Con tono enfadado, de nuevo) "¿Nos vamos? ¡¿NOS VAMOS?!"

Las tres frases las dijo prácticamente seguidas, y mientras la niña seguía llorando.

¿Donde creéis que puede estar el problema? ¿Por qué creéis que me llamó la atención? ¿Qué se podría haber hecho de forma distinta? ¿Qué deberíamos hacer partiendo desde la crianza respetuosa y la disciplina positiva? 

¿Dónde está el error desde el punto de vista de la crianza respetuosa?

Bien, primero veamos dónde creo yo que podría haberse cometido algún error y por qué. Recordemos como fue la situación exactamente: La niña se ha caído y acude llorando por su propio pie a su padre que estaba en la zona de césped. El padre la recibe diciendo:

(Con tono enfadado) "¿Lo ves? ¿Ves lo que pasa por correr?"

Entiendo que lo primero que te pide el cuerpo es pasar directamente a la moraleja del cuento, a la lección del golpe: ¡No se corre en la piscina! Pero no era el momento. No solo porque es un mal ejemplo de empatía ese "¡te lo dije!" en un momento en el que la niña llora porque aún le dura el susto o el dolor. Sino porque mientras está llorando, directamente no está en disposición de aprender nada. Su cerebro no está procesando esa información, y si procesa algo lo único que será es indignación: "papá, ¿no ves que estoy llorando? ¡Un poquito de compasión, por favor!" Aprender la lección es importante, pero también es importante elegir bien el momento.

(Intentando calmarla) "Ea, venga, ya está"

De esto ya hemos hablado anteriormente. Querer parar el llanto a toda costa no ayuda a aprender a gestionar emociones, ayuda a aprender a enmascararlas, a ocultarlas, a quedártelas dentro. Permitir la libre expresión de las emociones, además de ser emocionalmente más sano, les permite pasar página antes. Además, ¿alguna vez os ha pasado que estabais super tristes o super enfadados por algo y alguien os ha dicho que no era para tanto? ¿Qué tal os sentó? 

(Con tono enfadado, de nuevo) "¿Nos vamos? ¡¿NOS VAMOS?!"

Por el orden en el que lo dijo, pareció que estaba amenazándola con irse de la piscina por no parar de llorar (aunque entre la primera frase y esta última no habían pasado más de 20 segundos). Amenazarla con irse, con tono enfadado, a modo de castigo, por haberse caído o por no dejar de llorar: está intentando parar el llanto a toda costa, por las buenas (ver punto anterior) o por las malas, además estás amenazando con castigarla por llorar, con lo que le estás diciendo claramente que llorar (por haberse caído, además) es algo intolerable. Además es una amenaza que no tienes intención ninguna de cumplir. No creo que de verdad tuviera la intención de irse de la piscina, después de haber pagado la entrada, porque la niña estuviera llorando un rato porque se había caído. Por lo visto, es un tipo de respuesta bastante típica para intentar convencer a los niños de que dejen de llorar. Poco tiempo después, también en la piscina, escuché a una chavalita joven decirle a un niño pequeño, no sé si sería su hermana o quizá su cuidadora, que no se podía llorar en la piscina y que si no paraba se iban a tener que ir. Así que parece bastante común.

¿Qué deberíamos hacer en su lugar?

Primero, comprobar que no se ha hecho daño. ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?

Segundo, ofrecerle un abrazo y dejarle llorar el tiempo que necesite. ¿Necesitas un abrazo?

Tercero, una vez que ya se ha calmado y ha dejado de llorar, decirle "Te has caído y te has hecho daño. Estabas corriendo junto a la piscina y eso es peligroso. Ven, te ayudo a ponerte las chanclas para que no vuelvas a resbalarte más." Iba a poner otra opción para en el caso en el que no tuviera chanclas, pero ¿os acordáis de lo importante de tener expectativas realistas? Esperar que un niño pequeño controle el deseo irrefrenable de correr en la piscina es muy poco realista. En el adulto está la responsabilidad de ser previsor y comprarle unas chanclas que prevengan el resbalón cuando irremediablemente se ponga a correr. Y si no se las has comprado, por lo menos no le hagas sentir culpable por un accidente así. Ya ha sufrido la consecuencia natural, se ha caído y se ha hecho daño, no necesita absolutamente ninguna otra consecuencia añadida.

¿Qué os parece? ¿Iba por ahí vuestra idea de cómo gestionarlo? A mí me resulta útil ver cómo actuar en ejemplos concretos, pero no sé si os incomoda esto de que sea a costa de observar a otros padres. Repito que en ningún momento pretendo juzgar, simplemente intento aprender. Los niños no son los únicos que aprenden observando. ;)

Repito: el objetivo es aprender, no juzgar.



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¡Mil gracias por leerme!

¡Feliz Crianza!

5 comentarios:

  1. Me gusta este tipo de post. Son bastante prácticos y te hacen reflexionar sobre posibles situaciones. Pero... Hoy observando a mis sobrinos ha pasado algo parecido. Problema: yo he intentado encauzar la situación de una manera y el abuelo de las criaturas de otra. Básicamente, se recreaba en el llanto de uno de los niños, recordándole el motivo del disgusto y la consecuencia natural del acto. He intentado pararlo, decirle que ya está, que el niño tenía bastante... Pero el abuelo me dice que no le va a pasar nada, en plan "tranquila, que no se va a traumatizar". Lo he tenido que dejar para evitar un enfrentamiento entre adultos con los niños delante. Lo único que he hecho es sacar otro juguete del cesto para cambiar la atención. El niño ha cesado de llorar y el abuelo también se ha callado.
    En fin, esta experiencia la lanzo como desahogo personal principalmente. Ya cuesta elegir una determinada educación y, sobre todo, aplicarla, como para encima encontrarte más piedras en el camino.
    :(
    Supongo y espero que el niño aprenda a distinguir situaciones o ambientes dependiendo de con quién se encuentre.

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  2. ¡Ay! ¡Los abuelos, los abuelos! Otra época, otra manera de criar y por regla general, poca tolerancia a que les digan lo que tienen que hacer. En general, lo normal es encontrarnos mucha gente en nuestra vida que hace las cosas de otra manera. Si es nuestra pareja o alguien con muchísima influencia en la vida de nuestros hijos, lo ideal es intentar que vayamos a una: hablar mucho, compartir artículos, servir de ejmplo nos pueden ayudar a que estemos en la misma página. Pero al final va a depender de si están dispiestos a aprender otra forma de hacer las cosas o no. Para gente que no está dispuesta, poca cosa se puede hacer. Si son gente muy tóxica, se puede poner espacio de por medio. Pero si simplemente es un abuelo bien intencionado pero con una manera tradicional de hacer las cosas, pues poco más se puede hacer que intentar ver todo lo bueno que le aporta la relación, confirar en la resiliencia de nuestros niños y que efectivamente, no se va a traumatizar, y si lo ves oportuno, hablar con los niños sobre que las personas son todas diferentes y tienen diferentes formas de hacer las cosas. Al fin y al cabo todos tenemos que convivir con gente que hace las cosas de manera distinta a como las haríamos nosotros. :-)
    Mil gracias por comentar

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  3. Me parecen ideales los ejemplos y las alternativas que propones. Disponibilidad emocional, empatía y previsión para nuestr@s hij@s.

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  4. Genial post!a mi tb me gusta hacer ese tipo de análisis. Pero no hablo de ello, para q nadie se sienta juzgado. Hace algunas semanas en la piscina vi una situación que me llevo también a pensar como hacerlo de otro modo más respetuoso. La verdad es que al final viendo la situación y como acabó el chiquillo, acabé llorando yo también. Tendría unos 7-8 años y estaba con su padre en la piscina de 80cm. El padre quería que el peque sumergiera la cabeza en el agua y cogiera un objeto que el le había lanzado. El niño lloraba a moco tendido en lo que parecía un pánico terrible a tener q meter la cabeza bajo el agua. Al final de mucho insistir (y del niño casi intentarlo pero sin exito) el padre metió la cabeza, sacó el objeto y salió de la piscina dejando a su hijo llorando ir detrás de él. Lo que no entiendo es la insistencia! Si no has enseñado a tu hijo a nadar antes (o lo has llevado a ningún curso de natación) no puedes pretender q ahora hago algo en el medio acuático con total facilidad. Pero que encima lo trates como un perdedor...Su propio padre... como va a tratar ese niño a la gente con que se rodea?? Nos quejamos de la gente de hoy en día y los pocos valores que tienen... y los estamos creando nosotros mismos. Mi marido dice que soy un poco exagerada. Alguien me entiende?

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    Respuestas
    1. Yo te entiendo, Natalia, perfectamente. Hay gente que entiende que la autonomía se puede imponer. Queremos forzar a que los niños hagan cosas por sí mismos, cosas para las que a menudo no están preparados. Con eso lo único que conseguimos es dañar su autoestima, y robarle la sensación de éxito que habría sentido el día que lo hubiera conseguido por sí mismo y sin presión. Pasa algo parecido con las prisas que muchas veces se tienen en torno a los hitos de desarrollo de los bebés. No hay prisas ninguna. Como decía Magda Gerber, "Están preparados cuando lo hacen".

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