lunes, 4 de julio de 2016

Como criar niños "buenos" sin azotes ni castigos

Lo reconozco, antes de ser madre yo también dije alguna vez aquello de "a ese niño lo que le hacen falta es un buen par de tortas". Está tan extendido como mal visto. Los padres de hoy en día nos encontramos en una posición contradictoria. Por una parte no queremos pegar (entre otras cosas porque es ilegal en España), por otra parte tampoco queremos que "se nos suban a las barbas". Las imágenes de los programas de Supernany y Hermano Mayor nos persiguen en nuestras pesadillas. ¿Qué hacemos? Muchos terminan cayendo en lo que tienen interiorizado y pre-aprendido, en el único modelo que tienen, y a pesar de la legislación usan los castigos físicos "con moderación": cachetes en el culo, golpes en la manita, alguna colleja (vease Mariano Rajoy a su hijo de 10 años)... Y castigos, muchos castigos. Cuando no quieres pegar, castigas. ¿Pero es realmente efectivo? y lo que es más importante, ¿es beneficioso a la larga? 

Cómo aplicar "disciplina" de forma respetuosa es probablemente uno de los temas sobre los que más he leído. Todos queremos niños que "se porten bien", y cuando te metes en una corriente de crianza con apego y respetuosa, pegar y castigar están totalmente descartados, así que mi pregunta era ¿y entonces, qué hago?


Pues he aquí el primer artículo sobre disciplina que compartí con mi querido esposo. Cómo criar niños buenos sin azotes ni tiempos fuera (en inglés). Está traducido por mí, así que disculpad si la traducción está un poco regular. Si podéis, recomiendo siempre mejor leer el artículo original.

Cómo criar niños buenos sin azotes ni rincón de pensar

Publicado el 30 de julio, 2012 por Emily Plank, Abundant Life Children

Mucho antes de ser madre, antes de entrar en el mundo de la educación en la primera infancia, tuve largas conversaciones con amigos sobre la crianza de los niños, en concreto, cómo se crían niños buenos. Conversaciones como éstas normalmente empezaban por algún horrendo espectáculo en un restaurante o centro comercial, o mientras caminaba por la acera, y siempre llegaba a la conclusión de que daba igual lo que tuviera que hacer, mis futuros hijos nunca harían o serían peores de lo que yo quisiera que fueran. Y punto. Lo contrario sería un fracaso de crianza.

Oh, ingenua e ignorante joven yo. En algún lugar a lo largo del camino desde mi yo anterior a donde estoy ahora, me encontré con una maravillosa colección de libros, recursos y mentores sorprendentes en el campo de la educación de la primera infancia que compartieron un secreto conmigo. Para tener éxito como padre, criando niños que al crecer sean almas compasivas, capaces e integradas, necesitaba métodos completamente diferentes: nada de castigos físicos, y nada de coacción disfrazado de gestión emocional. Necesitaría enseñar a mis hijos cómo satisfacer sus necesidades. A medida que crecieran con una idea más clara acerca de cómo satisfacer sus necesidades de manera pro-sociales, todos estaríamos mejor.

He aquí una breve descripción de cómo llegué a reconsiderar las nalgadas y los tiempos fuera o rincón de pensar (time-outs). Las nalgadas enseñan a un niño a manejar los sentimientos fuertes a través de la fuerza física. Incluso si le pegas de forma "controlada" - dejando pasar algo de tiempo después de la infracción para que el padre proporcione el castigo con calma y en frío-, todavía estás enseñando al niño que los errores de tipo social merecen ser castigados por la fuerza física. Y luego está la versión civilizada de los azotes: el humilde tiempo fuera. Quienes están a favor van a defender los fuertes beneficios que tiene un período de calma como herramienta de gestión emocional. ¡Y tienen razón! Tomar una pausa para tranquilizarse es una herramienta poderosa. Pero ser forzado a tranquilizarse no hace que te tranquilices - hace que estés más enfadado, más rencoroso, y que aprendas a disimular mejor. El "tiempo fuera" no es una herramienta de gestión emocional, no importa cómo se disfrace: es un castigo utilizado como consecuencia de la mala conducta. Si deseas que se tranquilice, proporciona un espacio para "centrar" sus emociones de forma pacífica, donde los niños puedan ir voluntariamente a recuperar su control emocional. (¡Incluso yo me tomo tiempo en la "Zona de Centrado" de vez en cuando!) Pero enviar a un niño al tiempo fuera se traduce en amor condicional: tienes que comportarte así, de lo contrario yo (como ser todopoderoso) te quitaré de mi presencia. Y luego nos preguntamos por qué los niños usan condiciones cuando están con sus amigos: "Tienes que darme ese juguete, de lo contrario no voy a jugar contigo." Hay muchas más razones por las cuales el tiempo fuera es una herramienta de enseñanza ineficaz... pero el argumento más convincente para mí era algo así: no enseñas a un niño comportamiento pro-social de formas antisociales. Fin de la historia.

Por lo tanto, yo había pasado de ingenua-pero-con-confianza a consciente-pero-desorientada. Yo estaba dispuesta a renunciar al uso de castigos para lograr un resultado final deseado, pero todavía quería criar a niños que fueran compañeros agradables en la cena, hicieran amigos en la escuela, se ofrecieran voluntarios a ayudar, contribuyeran a la sociedad, y abogaran por las necesidades de otros. Así que leí todos los libros que cayeron en mis manos. Hablé con todos los profesionales de la primera infancia que estuvieran formados en los métodos de orientación infantil (como contraposición a la disciplina tradicional). Asistí a todas las clases que pude para aprender cómo enseñar a los niños maneras pro-sociales de satisfacer sus necesidades. La clave no es la permisividad. Rechazar los azotes y los tiempos fuera no significa dejar que los niños se vuelvan salvajes. Si así fuera, les estaríamos fallando a ellos tanto como si usáramos métodos coercitivos para forzar el comportamiento. Empecé a salir de consciente-pero-ni idea para pasar a presente-e-intencional, manteniendo una estrecha vigilancia sobre el estado emocional de los niños con los que estoy para proporcionar orientación útil y sensible - enseñando a los niños a convivir en una comunidad donde las necesidades de todos se cubran.

¿Qué hacer entonces? 


La orientación infantil gira en torno a prevenir, dar instrucciones y permanecer tranquilo y presente, insistiendo en que los comportamientos antisociales de los niños son necesidades encubiertas. Si podemos llegar al fondo de la necesidad, y enseñar un nuevo método para que consigan cubrir sus necesidades,  habremos hecho nuestro trabajo.


1. Centrarse. (Para leer sobre centrarse con más detalle, lea este artículo.) Cuando los seres humanos tienen sentimientos poderosos (enfado, tristeza, frustración) perdemos el  contacto con el área de nuestro cerebro necesario para resolver problemas. Todas esas magníficas charletas que damos a los niños después de un incidente no servirán para nada. Es poco ético y nada eficaz tratar de enseñar a un niño cómo resolver sus problemas si todavía están descentrado. Los niños necesitan aprender a reconocer las señales de que están "descentrados" y a utilizar herramientas para ayudarles a reconectar con el área del cerebro necesaria para la resolución de problemas. Yo les enseño habilidades de centrado en las partes del día en las que nos juntamos todos - en nuestro caso, en las comidas y a la hora del cuento antes de la siesta.

Los niños necesitan aprender: 

a. señales de que sus cuerpos están descentrados: sensación de calor, dientes apretados, las manos haciendo un puño, sentirse "fuerte"

b. qué hacer cuando están descentrados: lavarse las manos (el agua ayuda a relajarse), sentarse solo en una "zona de centrado", sentarse con un amigo, gritar en una almohada, lanzar una pelota blanda, romper papeles, jugar con plastilina.  

c. cómo reconocer que un amigo está "descentrado". 

He aquí un ejemplo de cómo podría ser una conversación típica: "Tekoa, te vi quitarle el camión a tu  amigo. No puedo dejar que quites juguetes. Cuando estés centrada de nuevo podemos averiguar cómo conseguir lo que necesitas, pero primero, ¿que te ayudaría a centrarte?"

Parece tan contraproducente "dar" a un niño algo cuando han actuado de manera inapropiada. (Acabas de empujar a Cadence ... vamos a romper papel.) En realidad, esta es la única manera de ser útil. Una vez que un niño vuelva a tener acceso a su centro de resolución de problemas, podrá aprender cómo conseguir lo que necesita, reparar el daño causado cuando estaba descentrado, y trabajar para formar una estrategia para que no vuelva a suceder. Centrarse es al desarrollo emocional de un niño lo que conducir con los neumáticos correctamente inflados es para el consumo de gasolina. 

2. El establecimiento de límites claros. Debemos ser muy claros con los niños cuando se trata de límites. No hay nada punitivo sobre la aplicación de límites, pero mantener las líneas de sí y no consistentemente en el mismo lugar ayuda a los niños a aprender las reglas. Los niños se sienten seguros cuando los límites son explícitos y coherentes. He aquí unos ejemplos: 

a. "Nos sentamos a comer. Cuando te pones de pie, significa que la hora de la comida ha terminado." Después de recordarlo una vez, la comida ha terminado. "Veo que has terminado." Si el niño protesta, simplemente dices: "Parece que no habías terminado. La próxima vez, puedes quedarte en tu asiento hasta que tu estómago esté lleno. Vamos a comer un aperitivo dentro 2 horas ".  

b. "Tienes que ponerte los zapatos para salir a la calle." Si el niño protesta, podemos decir: "Veo que te gustaría salir sin zapatos. Lo entiendo. Nos ponemos zapatos para proteger nuestros pies. Me sentaré aquí contigo mientras te los pones". 

c. "Parece que estás muy enfadado porque tu amigo te quitó un juguete. Yo también me enfadaría por eso. No voy a dejar que le des patadas. Puedes darle patadas a este cojín para ayudarte a centrarte. Cuando estés centrado, podemos encontrar la manera de resolverlo. Mientras tanto, yo mantendré tu camión a salvo". 

3. Resolución de problemas. Cuando los niños están en mitad de una discusión (por un juguete, o porque no se ponen de acuerdo sobre a qué jugar), les guiamos paso a paso a través de un proceso de resolución de problemas ya definido. Con los más mayores que ya tienen mucha experiencia, simplemente intervengo en la discusión para recordarles qué hacer. "Parece que no os ponéis de acuerdo sobre qué hacer. Voy a sujetar yo este juguete aquí mientras lo resolvéis. Avisadme cuando se os ocurra un plan." Para los niños más pequeños, sigo los pasos que he escrito en este artículo

4. Cubrir las necesidades físicas. Las necesidades apremiantes limitan la capacidad de un niño para hacer frente a una situación de manera adecuada. Piensa en el papel que tienen sobre las emociones cosas como el hambre, la fatiga, la temperatura, o las experiencias emocionales externas (como una muerte en la familia, un nuevo bebé, o una mudanza). Cuando los niños están al límite, lo mejor que podemos hacer es tratar primero de satisfacer esa necesidad y resolver el problema más adelante. Más de una vez he tenido una casa llena de mal humor, y simplemente sentándonos a comer ha cambiado totalmente el ambiente...

5. Cuida también tus propias necesidades. Soy incapaz de ayudar a los niños de manera efectiva si no me encuentro bien. Es tan fácil volcar nuestro propio estrés en los niños, que tenemos que estar especialmente alerta de nuestro estado emocional.

Algunas situaciones posibles:
Un niño A le quita un juguete a un niño B. B muerde A. Pongo la mano sobre el juguete para neutralizarlo mientras tiendo la otra mano a A. A está llorando. Ambos niños tienen tres años de edad. 
Yo: "Los dientes hacen daño. B, vamos a preguntar cómo podemos ayudarle. ¿A? ¿Cómo podemos ayudarte? "
A: "Mi manta y una tirita."
Yo: "B, vamos a buscar la manta y tirita." (Cuando volvamos) "B, ¿te gustaría ofrecerte a ponerle la tirita?"
B: "¿Quieres la tirita?"
A: "Sí".
Los niños se calman, y empiezo a procesar la experiencia.
Yo: "A, realmente querías ese juguete".
A: "Sí".
Yo: "Y lo cogiste."
A: "Sí. Yo no tenía ninguno".
Yo: "Ya veo. Estabas triste porque no tenías ninguno".
A: "Sí"
Yo: "B, parece que a A le gustaría tener un juguete también."
B: "A, puedo conseguirte un juguete."
A: "Es que yo quiero ese."
Yo: "Tal vez podrías ofrecerle un turno cuando hayas terminado"
B: "¿Te gustaría usarlo después?"

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Niño C está enfadado porque niña D no quiere jugar con los bloques. Niño C lanza un bloque al otro lado de la habitación.

Yo: "Veo que estás muy enfadado. No voy a dejar que tires los bloques, ya que podrían hacer daño a alguien. Puedes lanzar esta pelota blanda, o se puedes hacer otra cosa para volver a centrarte, y después podré ayudarte a conseguir lo que necesitas."
C: "Estoy enfadado."
Yo: "Ya lo veo. ¿Quieres jugar con D? "
C: "Sí, pero ella no quiere construir torres conmigo."
Yo: "Oh. Tú quieres construir con bloques ".
C: "Sí".
Yo: "Usted puede invitar a D a construir, o puede pedirle jugar a lo que está jugando D."
C: ¿D? ¿Quieres construir conmigo? "
D: "No. Ahora estoy coloreando".
C: "Ugh! Nadie quiere jugar conmigo! "
Yo: "Te gustaría que D jugara a construir contigo."
C: "¡Sí!"
Yo: "Puedes decírselo a D. Tal vez podrías preguntarle si le gustaría jugar cuando termine de colorear?"
C: "¿Quieres jugar conmigo cuando hayas terminado de colorear?"
D: "Sí".
Yo: "¿Qué quieres hacer mientras esperas? ¿Quieres preguntarle a D si puedes colorear con ella mientras esperas?"


Para mí lo primordial de este artículo es lo siguiente:

1. Pegar y castigar a los niños no les da herramientas sobre cómo solucionar sus problemas de manera positiva. Es imprescindible proporcionar al niño herramientas adecuadas para gestionar sus emociones de forma sana y resolver los conflictos de manera apropiada.

2. Cuando los niños pierden el control de sus emociones es inútil intentar razonar con ellos. Hay que ayudarles a recuperar el control y después ayudarles a resolver el problema. Durante el desborde emocional el aprendizaje es imposible.

3. Las pérdidas de control a menudo tienen una causa física que hay que resolver antes de nada. Atajar el problema de comportamiento sin atender a la causa es como tratar un síntoma sin tratar la enfermedad que lo causa. 

4. Los adultos también podemos perder el control de nuestras emociones. Una buena educación emocional comienza necesariamente por nosotros. Tenemos que atender también nuestras necesidades para que seamos capaces de atender las suyas.

"Cuando los pequeños están sobrepasados por sus emociones,
nuestro trabajo es compartir nuestra calma, no unirnos a su caos."
El concepto de un "Área de centrado" que menciona el artículo es muy similar al concepto de Mesa de Paz que ya apareció en el post sobre cómo fomentar la autonomía inspirado en el método Montessori. Si queréis saber más sobre qué es una mesa de la paz y cómo usarla en el hogar podéis leer este artículo de Tigriteando que lo explica estupendamente.

Ah, y por si quedaba alguna duda, el psicólogo español Alberto Soler nos explica en una de sus estupendas Píldoras de Psicología, cuándo es aceptable aplicar el castigo físico a nuestros hijos.



¿Qué os parece? ¿Creéis que es una manera realista de resolver los conflictos? ¿Pensáis que seríais capaces de hacerlo así? Dejadme un comentario contándome vuestra opinión y vuestra experiencia con este tipo de disciplina si la tenéis.



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¡Mil gracias por leerme!

¡Feliz Crianza!

2 comentarios:

  1. Genial entrada. Bien argumentado y preciso. A veces me siento pequeña cuando intento argumentar que el castigo físico, por moderado que sea, no debe aplicarse a nadie, mucho menos a los niños. Pero la respuesta que obtengo es "de puertas para adentro"... Ains, así vamos bien. Gracias por tu aportación, es muy necesaria.

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    1. Yo creo que cada vez hay más gente que se va concienciando de que no se debe pegar a los niños, pero todavía hay mucho bagaje cultural y emocional. Es difícil condenar con contundencia la violencia contra los más pequeños cuando nuestros padres a los que adoramos lo hicieron, cuando conocemos a gente que adora a sus hijos y que también lo hace. Es difícil reconocer que los mayores por lo general pegamos por los mismos motivos que lo hacen los niños: porque perdemos los nervios y porque nos quedamos sin herramientas. Perdemos el control del "cerebro superior" y dejamos que el "cerebro primitivo" coja las riendas. Por eso me gusta tanto la parte "consciente" de este tipo de crianza. Porque pone el foco en el comportamiento del adulto, en lugar de el del niño y te obliga a estar continuamente evaluando tu estado emocional y tus reacciones. Es difícil y a veces agotador, porque casi nunca puedes "echarle la culpa" al peque. La responsabilidad de lo que sucede es al 90% nuestra. Y esto no es precisamente fácil de aceptar, que los adultos también somos humanos. ¡Pero en esa estamos! Mil gracias por comentar :-)

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