lunes, 17 de octubre de 2016

"Mis padres me pegan lo normal"

En 2001 el doctor Miguel Lorente Acosta publicó un libro sobre el drama de los malos tratos titulado "Mi marido me pega lo normal". La frase, según cuenta, se la había dicho una paciente con la cara amoratada cuando le preguntaron si su marido la maltrataba. La prensa alabó mucho el título de la obra porque ponía en relieve lo que entonces todavía existía: la normalización del maltrato a la mujer. En la época en la que se publicó el libro, la sensibilización sobre el tema del maltrato a la mujer estaba en aumento, pero durante la década anterior una gran parte de la sociedad española seguía viendo la violencia doméstica como algo normal, algo privado. 



Un ejemplo de esto es la famosa parodia de los humoristas Martes y Trece sobre una mujer maltratada que repetía "Mi marido me pega" para gozo de los televidentes en un especial de nochevieja de 1991, hace tan solo 25 años. Parodia de la cual se avergüenzan profundamente y por la cual se disculparon públicamente hace dos años, pero que sirve como ejemplo de cómo era la sociedad de entonces. Porque aquello no fue una ocurrencia aislada de una pareja de humoristas, aquello pasó muchos filtros.



En diciembre de 2004, durante el primer mandato de Zapatero, se aprobó la llamada Ley de Violencia de Género, que trajo consigo un gran número de campañas estatales de concienciación y que significó un gran paso hacia la verdadera concienciación del problema. La sociedad ya no lo veía como algo normal, los maltratadores eran repudiados y criminalizados. No había una violencia aceptable.

Recuerdo en 2008, mi primer año como profesora, una compañera del instituto me contó cómo había oído una conversación entre dos mujeres de etnia gitana que esperaban el autobús: "Ya sabemos que todos los hombres pegan a sus mujeres", le dijo, "pero es que lo tuyo ya es maltrato." Qué ignorancia, pensábamos los payos engreídos que escuchábamos la historia, cómo se puede pensar que que te pegue tu marido sea algo normal... Ya nos habíamos olvidado, que tan solo 10 o 20 años antes esa conversación podría haber sido entre otras dos mujeres cualquiera.

A principios de este año, 2016, en una clase de Primero de ESO una niña me preguntó: "Rosa, ¿tú pegas a tu hijo?". "Claro que no", le dije. "¡Qué morro!" me dijo ella. Estuve a punto de añadir, "si solo tiene dos años", como si eso fuera un dato importante, como si el pegarle tuviera una fecha de inicio, como si el respeto tuviera una fecha de caducidad. Me paré a tiempo, pensando, lo que es el subconsciente. Iba a abrir la boca para darles una charla sobre el tema, para explicarles que pegar no es necesario, que yo estaba estudiando y formándome para tener herramientas suficientes para no hacerlo nunca. Pero ya no estaban escuchándome.

Después del "¡Qué morro!" de la alumna que había iniciado la conversación, se unieron más de la mitad de la clase a compartir historietas sobre momentos en los que sus padres les habían pegado. Lo hacían divertidos, entre risas. "Yo les digo que no me duele, no veas como les enfada." "A mí me da igual, casi lo prefiero a los castigos." Yo escuchaba en silencio.

Unos pocos admitieron "Pues a mí nunca me han pegado." Y en cierta manera lo decían con sentimientos encontrados, con alivio, pero también con algo parecido a la pena por no tener una experiencia común con sus compañeros, por no poder participar en la conversación con historias propias. Algunos incluso comenzaron a hablar sobre primos a los que sus padres sí pegaban, por tener algo que contar. Otros, usaban un tono de chulería, "a mí que se atrevan a pegarme, que los denuncio."

Sinceramente, no supe que decir. Ahí lo tenía ante mis ojos: la normalización del maltrato.

Pero esos niños jamás lo habrían llamado así. Porque sus padres no los maltratan, sus padres los quieren con locura. Que además es cierto. Lo que hacen sus padres no es maltrato. Sus padres les pegan lo normal.

Incluso a mí me cuesta trabajo calificar aquello como maltrato. Porque a mí mis padres también me pegaron lo normal, como a la inmensa mayoría de mis amigos, como les pegaron a ellos. ¿Cómo va a ser maltrato entonces? ¿qué significaría llamarlo así? ¿qué diría eso de mí? ¿qué diría de mis padres? Claro que no, mis padres, a los que adoro y los que me adoran, no son maltratadores. Lo hicieron como mejor supieron con la información que tenían y con la realidad de su entorno.

Esto es lo que tiene de perverso la normalización del maltrato, que clasifica la violencia en tipos aceptables e inaceptables: Un cachete, un guantazo, una colleja, unos gritos, unos insultos... No importa lo que duela, no importa lo humillante que sea: "Se lo merecía", "es por su bien", "es que me pone de los nervios y claro", "Hombre, estamos hablando de un cachete no de un correazo, si supieras cómo me pegaba a mí mi padre con el cinturón. Eso sí que no lo haría yo nunca." "A mí me pegaron y yo no estoy traumatizado". No, sólo ha hecho que veas el que un padre pegue a su hijo como algo normal...

La madre de un alumno incluso se disculpó conmigo una vez por el comportamiento de su hijo, "es que no sé qué hacer con él, como ya no se les puede pegar..."


                 Tal vez te interese: "Sin castigos" no significa "sin consecuencias."


Cuando hablo con gente sobre este tema, casi nadie considera maltrato este tipo de agresiones, solo las "cuatro locas del apego ese". Sin embargo no dudarían en clasificarlo así si fuera entre un hombre y una mujer. "No compares," me dicen. "No es lo mismo." 


¿Por qué?



Porque los niños son ciudadanos de segunda. Como lo eran las mujeres hasta hace solo 20 años, como lo siguen siendo en tantos y tantos lugares del mundo. Porque tienen que aprender quién manda. Porque tienen que aprender a respetar. Porque es mi hijo y hago con él lo que quiero, como justificaban aquellos del "la maté porque era mía". Porque eso son cosas de cada familia, y ahí no hay que meterse, como no se metía la policía cuando la violencia de género aún eran "cosas de pareja". 

Estoy segura de que si cualquiera de aquellos niños de mi Primero de la ESO tuvieran un amigo al que sus padres maltrataran, pero, ya sabéis, "de verdad", podría perfectamente salir de su boca: "Ya sabemos que todos los padres pegan a sus hijos, pero lo tuyo ya es maltrato."


Sólo espero que el movimiento de Crianza Respetuosa que cada vez va cogiendo más y más fuerza vaya cambiando todo esto. Que el rechazo hacia la violencia infantil verbal y física se convierta en una realidad. Que pronto resulte igual de atroz la violencia hacia los niños como nos resulta hacia las mujeres. 

Que toda la sociedad se escandalice si un niño nos dice alguna vez: "Mis padres me pegan lo normal."




Si es tu caso, si pegas a tus hijos, si utilizas los gritos y los golpes como forma de disciplina. No te estanques en el sentirte atacado o atacada. No lo estoy haciendo. Sólo te estoy pidiendo que pienses, que reflexiones, que compares, que analices. ¿Qué es exactamente lo que hace que los golpes, los insultos, los gritos y los desprecios de un padre o madre a sus hijos sean distintos a los de un esposo a su esposa? No creo que quieras tratar mal a tus hijos, no creo que te haga sentirte bien. Y si lo hace, creo que necesitas ayuda porque eso sí sería un síntoma claro de trauma. 


Quiero que sepas que hay alternativas. Alternativas que te ayudarán a poner límites sintiendo que ayudas a construir a una persona de bien, sin necesidad de ir destruyéndola por el camino. Lee, infórmate, investiga, busca, pide ayuda.


Discúlpate con tus hijos y deja el pasado atrás.




Rompe YA con el círculo de violencia.



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¡Feliz Crianza!

3 comentarios:

  1. Me encanto este articulo, de verdad yo me quedo atónita cuando escucho decir se lo gano, el me provocó, cuando la gente se justifica diciendo es por su bien, gente que se espanta del maltrato hacia una mujer pero no de los niños, si vemos a un hombre pegarle una bofetada a una mujer o con un cinto es maltrato, si la bofetada o cintarazo se la damos a nuestros niños, es educar...vaya sociedad...vaya mundo.

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    Respuestas
    1. Estoy segura de que cambiará. Poco a poco pero está cambiando. Estamos cambiando el mundo criando hijos en la paz, y en el respeto. Como dice Sara Ribot "La crianza con apego es mi manera de cambiar el mundo." Muchas gracias por comentar! :)

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  2. Simplemente genial! Gracias Rosa. A mi tb me "pegaban lo normal", una vez se me ocurrió decirle a mi madre que eso había sido violento y se puso a la defensiva, "ni que hubiésemos sido padres golpeadores" me dijo jeje, y hasta hoy me lo reclama. Supongo q duele ver q hiciste mal queriendo hacer bien... Un abrazo

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