viernes, 4 de noviembre de 2016

Cómo la crianza respetuosa y RIE nos ayudó en nuestra primera visita a Urgencias

Hoy ha sido un día de estos que agradezco tener a RIE en mi vida.

Mi hijo (2.10 años) se ha caído del sofá con tan mala suerte que se ha dado con el radiador y se ha hecho una herida en la cabeza. Ha sangrado mucho pero no ha mostrado ningún síntoma de contusión. La duda era si la herida necesitaba algún punto o no. Ha llorado, obviamente, pero he conseguido estar tranquila todo el rato. Cuando lo he visto muy alterado he parado de intentar limpiar para poder ver la herida, le he dicho que necesitaba mirar la herida pero que podíamos esperar a que se calmara un poco. Hemos contado hasta 10 y me ha dejado mirarlo, o mejor dicho, ha peleado con menos intensidad y he podido verla lo suficiente como para decidir llevarlo a urgencias.

Ha llorado mucho cuando le he dicho que íbamos a ir al hospital, que mamá y papá pueden curar heridas pequeñas, pero que esta era grande y la tenía que curar un doctor. Cada vez que se ponía a llorar he validado sus emociones: "Estas asustado. Los médicos a veces dan un poco de miedo pero siempre nos quieren ayudar". Ha hecho el trayecto en coche bastante tranquilo, quejándose un poco de vez en cuando y poco más, ha entrado contento, le ha contestado a las enfermeras que le han preguntado qué había pasado. Le he explicado de nuevo que le iban a mirar la herida y que necesitaba que se quedara quieto para ayudarles, incluso le he dicho el nombre de una de las enfermeras que le ha atendido y que era más joven y parecía más amable. Cuando nos han pasado a la camilla le he ido diciendo "ahora mamá se va a sentar contigo en la camilla y te va a abrazar mientras te miran la pupa". En cierto modo se lo estaba diciendo también a las enfermeras, para dejarles claro que al niño lo sujetaba yo. Se ha dejado mirar al principio, pero cuando han empezado a manipular la herida obviamente se ha asustado y ha empezado a pelear. Ahí he tenido que canalizar toda la calma del universo en mi abrazo, recordando aquello de "comparte tu calma" y eso de que es imposible que ellos se sientan seguros en una situación si nosotros no transmitimos seguridad primero. Además, todo mi afán era facilitar el trabajo todo lo posible para que pudieran hacerlo bien a la primera y para que no decidieran que era mejor que lo sujetara uno de ellos. Así que lo he abrazado muy fuerte, parando un poco tras cada paso para calmarlo y decirle lo que estaba pasando: "te están limpiando la herida", "te están contando el pelo, como Matías", "ahora te van a cerrar la herida y vas a notar como un pellizco". Cuando ha terminado todo se ha quedado llorando en mis brazos y después de hablar con la doctora le he preguntado "¿Te sientes mejor?" y estaba lo suficientemente bien como para decirme un ¡NO! de lo más poderoso. Hemos salido del box despidiéndonos de todo el personal sanitario que estaba allí y para cuando se ha reunido con su padre que nos esperaba fuera ya se había calmado por completo.

Dentro de lo desagradable de la situación, ha sido estupendo sentirme en control de mis emociones y sentir a su vez que estaba validando y acompañando las emociones de mi hijo, que son totalmente independientes de las mías, sin sentir el impulso de minimizarlas o de tratar de distraerle de ellas. Ha sido una experiencia muy valiosa para mí. Y todo gracias a RIE.

Si te encuentras en una situación similar:

- Valida sus emociones,
está asustado y es más que comprensible que lo esté.


- Intenta mantener la calma para poder transmitírsela. Ya podrás desahogarte después, en ese momento tu hijo te necesita y te necesita tranquilo.


- Explícale con anterioridad a donde vais y qué es lo que le van a hacer de forma que sea apropiada a su edad. Que sepa lo que esperar. Hazlo con un tono neutro, informativo y tranquilo.

- Ve narrando cada paso antes de que se produzca,
intenta explicarle lo que está pasando y lo que va a pasar de forma que lo entienda.


- Intenta que vayan tan despacio como la situación lo permita. Los niños procesan las cosas a menor velocidad que nosotros y si vamos rápido se asustan más.


- Si lo tienes que sujetar a la fuerza, mejor que lo hagas tú, pero tienes que hacerlo con confianza y decisión o estarás entorpeciendo la labor de los sanitarios. Sujetarlo en esta situación es desagradable pero totalmente respetuoso. (Leer: Cómo conseguir que los niños colaboren, y qué hacer cuando no hay manera.)


- Permítele que llore.
No intentes que pare apelando a su "valentía" o a lo mayor que es. Abrázalo, consuélalo, que se sienta acompañado y comprendido de verdad.


- Si está extremadamente asustado o estresado, y la situación lo permite, pide a los sanitarios que paren un momento para darle la oportunidad de calmarse un poco antes de seguir.


- No lo dejes solo a menos que la situación lo exija,
mantén la calma para asegurarte de que no te piden que salgas porque estás empeorando la situación.


- Si no tienes más remedio que dejarlo solo, dile el nombre de un par de sanitarios, los que más agradables te parezcan, y dile a tu hijo que le van a ayudar y que tú estarás en la puerta esperando. Y sal con tanta calma como puedas.

Esta es de esas situaciones que ojalá no tuviéramos que atravesar. Pero estas pautas nos pueden servir también para cosas rutinarias como las revisiones, las visitas al pediatra, o las vacunas. Espero que os sean tan útiles como me fueron a mí.


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¡Mil gracias por leerme!

¡Feliz Crianza!

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