Esta consulta la he visto mil veces en los grupos de facebook en los que me muevo: mi hijo pega, y no sé qué hacer. Cuando sigues una crianza tradicional, la respuesta a es fácil, la conocemos todos. Iría en la línea de esto: "Yo le doy en la mano un golpecito, le miro muy seria y digo "No se pega" y luego la dejo un ratito en el rincón de pensar." Pero cuando sigues una línea de crianza respetuosa y quieres evitar castigos y cachetes, ¿qué haces? Los consejos suelen ir en el sentido de "Yo le cojo la mano y la pongo en mi cara, y le digo, mira, así, suave", que puede funcionar con niños muy pequeños que no distinguen una caricia de un guantazo. Pero ¿y si es un niño mayor que lo que de verdad quiere es pegarte? "Le explico que eso no se hace, que nos ponemos tristes". ¿Y si eso ya lo sabe? ¿y si lo que quiere es que te pongas triste? En fin, muchas veces nos encontramos con un niño que no es capaz de controlar el impulso natural y totalmente apropiado a su nivel de desarrollo de pegar y nos encontramos sin las herramientas adecuadas para entenderle y ayudarle. Espero que este artículo que traigo hoy os ayude tanto como nos ayudó a nosotros.
lunes, 29 de agosto de 2016
jueves, 25 de agosto de 2016
"Mi hijo pega y no sé qué hacer."
¿Tu hijo pequeño muestra cierta agresividad que no sabes cómo gestionar? ¿Te pega a ti o a otros? ¿Intentas explicarle con cariño que eso no se puede hacer pero no parece funcionar? ¿Terminas poniéndote nerviosa por la frustración? Tranquila, no estás sola.
Una mamá de uno de los grupos de facebook que frecuento colgó una consulta que me ha dado permiso para compartir con vosotros. El objetivo, como siempre, no es juzgar los posibles errores que haya cometido sino aprender todos juntos aplicando lo que vamos aprendiendo a casos concretos, de manera que sea más fácil y práctico de entender.
La consulta era la siguiente:
jueves, 18 de agosto de 2016
Cuando nuestros hijos prefieren a un padre (y rechazan al otro) de Janet Lansbury
En la entrada anterior os compartí un artículo precioso en el que una madre contaba cómo estaba reparando su relación con su hija a base de reafirmarle su amor incondicional. Siguiendo con esa línea, esta semana os traigo las indicaciones generales que nos hace Janet Lansbury cuando nuestro hijo muestra preferencia por uno de nosotros y rechazo por el otro. El artículo original es When Children Prefer One Parent y podéis leerlo directamente en ese enlace. Aquí os dejo mi traducción. Espero que os guste y os resulte útil:
lunes, 15 de agosto de 2016
"¡Vete, mamá!" de Janet Lansbury: El poder sanador del amor incondicional.
Daríamos la vida por ellos. Los miramos y son lo más grande que nos ha podido pasar. Los amamos con cada fibra de nuestro ser. Por eso duele tanto sentirse rechazado por ellos. Hay muchas causas por las que un niño puede rechazar a uno de sus padres, puede ser que haya empezado a trabajar después de un tiempo en casa y el niño esté molesto por el cambio, puede ser que pase por épocas en las que prefiere a un progenitor, y esta preferencia va cambiando periódicamente, puede ser que haya un nuevo bebé en camino y el miedo y los celos los esté canalizando en enfado hacia la madre. Pueden ser muchas causas, pero la verdad para todas es la misma: Duele mucho, y es muy difícil sobreponerse a ese dolor y ser capaz de no tomárselo de forma personal.
El artículo que os traigo hoy es también de Janet Lansbury. En él Janet comparte el testimonio de una de sus lectoras que experimentó el rechazo de su hija y consiguió reparar la relación poco a poco. Es una de estas historias que te dejan marcada, y con el corazón abierto de par en par. Espero que os guste tanto como me gustó a mi.
jueves, 11 de agosto de 2016
¿Gritas a tus hijos y te gustaría dejar de hacerlo? Sigue leyendo
Eres una madre consciente. Estás intentando criar a tus hijos con mucho amor, y respeto. Te encanta lo que lees de la crianza con apego. Duermes con ellos, no los dejas llorar, no les pegas, ni les castigas, usas portabebés... Pero a veces, no lo puedes controlar, la situación te supera y terminas gritándole. A tu pequeñín. A lo que más quieres en este mundo. Evidentemente, después te sientes la peor madre del mundo. ¿Te suena de algo?
lunes, 8 de agosto de 2016
"Creo que sé por qué les gritas" de Janet Lansbury
A veces no lo podemos evitar. Por más concienciados que estemos en que no queremos gritar a nuestros hijos, terminamos haciéndolo. Y luego evidentemente nos sentimos mal, porque no nos gusta nada en quién nos convertimos cuando les damos esas voces, no nos gusta sentir que hemos perdido el control, aunque haya sido unos segundos, y no nos gusta ver en sus caras un gesto de miedo porque, afortunadamente para todos, esta no es la mamá o el papá a los que están acostumbrados...
El artículo que os traigo hoy, "Creo que sé por qué gritas" de Janet Lansbury, trata sobre cuales pueden ser las causas de nuestras pérdidas de control y cómo corregirlas. Como siempre, es mi propia traducción, no profesional y no revisada por Janet:
viernes, 5 de agosto de 2016
Entender y tratar las rabietas desde el respeto
No sé si os habéis fijado en que no siempre utilizo la palabra "rabieta" en mis posts (excepto en los títulos, la verdad, porque busco claridad). Está cargada de connotaciones negativas, y como nuestra manera de enfocar las situaciones es tan determinante a la hora de actuar, procuro sustituirla por expresiones más neutras y con menos carga emocional para los adultos. Una de mis expresiones favoritas, y que seguro que os suena si me seguís, es la de "desborde emocional". Me parece que representa muy visualmente lo que es la pérdida de control cuando a los pequeños les desbordan las emociones. A mí me hace visualizar en esas imágenes del tsunami de Japón o el de Tailandia, cómo esas olas lo arrasan todo de una forma absolutamente incontrolable. A nosotros, acostumbrados a las suaves olas de un mar en calma, o a unas olas más o menos grandes de un mar un poco picado, nos resulta casi imposible pensar el nivel de destrucción que puede llegar a causar. Lo mismo nos pasa a los adultos, acostumbrados como estamos a tener cierto control con nuestras emociones, el imaginar hasta qué punto los niños pierden el control de sus actos nos puede resultar difícil. Y muchas veces, de esa incomprensión parte nuestra forma de actuar hacia ellas.
Continuando con la serie de entradas sobre las rabietas, os traigo el artículo que más me ayudó a entenderlas, y del que saqué la expresión "desborde emocional":
miércoles, 3 de agosto de 2016
Mi experiencia: Sobrellevar una rabieta en público

"Cuando tu hijo tiene una rabieta en público todos las miradas van a ti, porque en realidad lo que tú hagas, cómo tú respondas a esa rabieta, es lo que de verdad importa y lo más decisivo sobre cómo se va a desarrollar la misma. No te están juzgando, sólo te están observando. Cuando pierdes los nervios y empeoras la situación, ahí es cuando empiezan a juzgarte."
No es que sea un mensaje especialmente
positivo, al fin y al cabo habla de juzgarte como padre/madre. Pero
sí me hizo ver que cuando la gente te miraba durante una rabieta no
era porque esperaba necesariamente mano dura. Desde luego, cuando he
sido yo la que observaba, lo que esperaba era todo lo contrario.
Esto lo cuento porque me ayudó durante
una enorme rabieta que se produjo durante el viaje que os conté en mi última entrada, en una situación totalmente pública, en la que
yo me encontraba totalmente sola, y que creo que resolví de una
manera de la que podía sentirme orgullosa en mi camino como madre.
lunes, 1 de agosto de 2016
Cómo sobrevivir a las rabietas cuando estamos de vacaciones

En los viajes, como en la vida, no puedes controlar todas las situaciones ni sus circunstancias, pero sí que puedes controlar tu actitud y cómo te enfrentas a ellas. Así que nos hemos encontrado con un
niño con muchas más rabietas que de costumbre, de una intensidad
más alta, y en una situación en la que era fácil que unos padres, con algo de falta de práctica y en el contexto estresante de un
viaje, perdieran los nervios. ¿Cómo nos la hemos apañado? ¿Qué
hemos hecho? ¿Qué ha funcionado y qué no?
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